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02. Soy madera disponible

last update Data de publicação: 2026-05-06 13:19:07

02. Soy madera disponible

La tenue luz de la luna que se filtraba por las ventanas en la habitación les dio la bienvenida. Layla no se atrevió a mirar a Nathan como no lo hizo mientras la arrastraba por el pasillo. Al principio, la sorpresa no le dejó reaccionar, pero ahora era distinto. Estaba sola en la habitación de un hotel con el padre de su prometido.

Pronto ex prometido.

¿Qué era lo que quería? ¿Acaso iba a limpiar el desastre de Parker como Hanna lo había insinuado? ¿O sería capaz de arruinar su reputación para salvar la de su hijo?

No sabía qué esperar, no podía confiarse. Aunque ella era una reconocida actriz, el verdadero poder estaba en manos de la familia Coleman. Una palabra suya podía arruinar su vida y su carrera para siempre.

No era un secreto para nadie que el poderoso magnate del cine había vetado a más de una artista en Hollywood. Después de eso, ninguno volvió a las pantallas, ni siquiera en televisión cerrada.

Ella tragó saliva, levantó la mirada, pero apenas pudo divisar la sombra que se movía como un fantasma por la habitación. Layla tembló; no era de frío, era una mezcla de miedo y de furia.

Nathan tenía el poder, pero ella la verdad. Era Parker quien deseaba arruinarla y de la peor manera, ¿por qué debía callarse?

—Bebe. —La voz profunda de Nathan le hizo experimentar un escalofrío en la columna; los vellos de la nuca se le erizaron.

Layla miró con desconfianza el vaso delante de ella; los dedos de Nathan se cerraban sobre el cristal como si quisiera romperlo. ¿Estaba enojado con ella?

—Lo necesitas, Layla —agregó y la manera en que pronunció su nombre le hizo sentir un vacío en el estómago.

—¿Escuchaste? —preguntó ella, aceptando el vaso de whisky, pero sin beberlo. Layla movió el vaso con elegancia, miró los hielos agitándose dentro del líquido ambarino—. ¿Le has puesto algo a la bebida?

—Tendrás que arriesgarte a beber para descubrirlo —respondió Nathan, empujando la mano temblorosa de Layla hacia los labios.

Ella tragó saliva y obedeció. Tomó un sorbo que no le quemó la garganta como esperaba, dejó el vaso sobre la mesa y levantó la mirada. Las luces se encendieron; Nathan se había alejado lo suficiente. Su expresión era ilegible, sus ojos verdes eran dos pozos inescrutables, su cabello castaño platinado y su barba le hacían lucir peligroso y hermoso a la vez.

Layla no era ciega; Nathan Coleman, a sus cincuenta años, aún levantaba pasiones. Era viudo y uno de los hombres más poderosos de la industria.

Layla lo conocía desde hacía mucho tiempo, había trabajado para él durante los últimos cinco años, pero su relación no pasó de jefe a empleada hasta que conoció a Parker y se hizo novia de él.

Y, aun así, su relación era casi inexistente. Nathan la evitaba tanto que nunca se habían quedado solos en una habitación. Layla creía que la razón era porque no venía de una familia poderosa, ni era heredera de ningún emporio económico. Su fortuna había sido amasada con sudor, sangre y lágrimas.

Quizá consideraba que no era lo suficientemente buena para Parker. No como Hanna.

—¿Qué piensas hacer?

La pregunta fue repentina, cortando el hilo de los pensamientos de Layla. Tragó el nudo en su garganta y apartó la mirada por un segundo.

—¿Qué se supone que debo hacer? —contraatacó ella, poniéndose de pie para no estar en desventajas—. Lo más sensato era enfrentarlos en ese momento, ¿por qué no me permitiste hacerlo?

Nathan bebió del vaso en su mano, sintió el líquido quemarle la garganta, pero no solo era el whisky, había algo más profundo, más oscuro. Un sentimiento que no debía existir.

Un resentimiento que no debía sentir.

—Enfrentarlos, ¿para qué? —cuestionó con los ojos encendidos con algo que Layla no identificó.

—¿Para qué? ¿Eres tonto o te haces? ¡Era mi oportunidad para dejar al descubierto su sucia traición! ¡Pero tú me lo impediste! —gritó, perdiendo la compostura.

Nathan dejó el vaso y la miró como si la viese por primera vez. Aunque de alguna manera era así. Antes solo la observó en silencio.

—No podía permitir que ese par te humillara…

Layla sonrió sin alegría.

—Parker es tu hijo, ¿tratas de convencerme de que te preocupas por mí y no por él?

Layla no se fue por las ramas, no iba a permitir que Nathan la envolviera con sus palabras. Como todo padre, iba a defender a su hijo, así fuera un idiota como Parker.

—Aunque no lo creas —dijo Nathan, sin apartar la mirada—. No estoy orgulloso de lo que escuché. Ese no es el hijo que yo críe.

Layla se movió hacia el ventanal, corrió la cortina solo un poco para ver las luces que iluminan la ciudad. Tan magnífica y tan ajena a lo que le sucedía.

—¿Esperas que lo crea? —preguntó, cruzándose de brazos, girándose para enfrentarlo de nuevo.

—No, pero si quieres vengarte de Parker… Yo puedo ayudarte, Layla. Solo tienes que aceptar.

Los ojos de Layla se abrieron de par en par, ¿no estaba escuchando bien? ¡Era imposible que Nathan hablara en serio! ¡Tenía que ser una burda broma o una maldita trampa para dejarla como la única loca!

¡Por Dios, no podía ni debía caer en su juego!

—¿Ayudarme…?

—Sí. Soy madera disponible si decides llegar a la iglesia en el día y en la fecha acordada.

—¿Quieres que te use para vengarte de tu propio hijo? —Layla se rio—. No voy a caer en tu juego, Nathan. No me importa convertirme en el tema predilecto de la sociedad durante unos días, pero lo haré con la cara limpia. Jamás permitiré que Parker me humille frente a millones de personas. No va a arruinarme.

—No estoy jugando, Layla —dijo, acercándose a ella lenta y peligrosamente. Como un león que asecha a su presa—. Parker necesita una lección.

—Solo tratas de ganar tiempo para arreglar las cosas a tu manera —refutó Layla, dando un paso atrás. La cercanía de Nathan no era buena, su aroma varonil se filtró a sus pulmones, olía delicioso, olía a hombre; pero…

Layla tropezó con el sillón; se habría caído de no ser por las fuertes manos de Nathan sosteniéndola de los brazos.

—Ten cuidado —musitó él y Layla no sabía si era una amenaza.

—Piénsalo, Layla.

—No tengo nada que pensar, bajaré al salón y daré por terminada esta relación.

Nathan negó.

—Si Parker no te quiere como esposa, ¿por qué no te conviertes en su madrastra?

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Comentários (6)
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Micaela Galeano
si yo fuera vos ni lo pensaba mucho Layla!!! acepta la propuesta chica!!!
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Micaela Galeano
me encanta Nathan no se anda con pequeñeces!!
goodnovel comment avatar
Blanca Méndez
acepta Layla esa propuesta
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