LOGIN43. Amigas«¿Serás mi cuñada?»Jennifer se puso roja de nuevo; no lo había visto de esa manera. Sin embargo, no le preocupó tanto en el momento de aceptar la propuesta de Douglas. Y si era honesta ahora, tampoco le preocupaba ser la suegra y cuñada de Justin Jackson. Había niveles.—Para ti seguiré siendo tu madre sin importar con quién me case —dijo, viendo a Livi—. Incluso si Douglas fuera el padre de Justin, nada tienen que ver las peras con las manzanas.Livi abrió la boca, pero ni un sonido salió de ella.Gemma y Hazel se miraron, sintiendo que ya no debía presenciar la conversación entre madre e hija.—Me has sorprendido —dijo al fin Livi, recuperando el habla—. Nunca di indicios de estar en una relación con Douglas, ¿cómo esperas que lo tome? Suerte es que no me haya dado un infarto aquí mismo —se quejó.—Yo creo que mejor nos llevamos a los niños y las dejamos solas. Ustedes tienen que conversar —dijo Hazel, tomando a Zion.—No es necesario que se retiren, lo que voy a decirl
42. ¿Serás mi cuñada?Luego de una noche de espías, Gemma se despidió de Kevin por la mañana, antes de que su madre y Jennifer bajaran al comedor. Era muy temprano, pero Kevin debía reunirse a primera hora con Nathan y Layla. El trabajo era el trabajo y ella también debía ponerse manos a la obra.Tenía que terminar sus diseños para su primera y nueva colección en solitario. Apostaría todo el dinero que había ahorrado para su lanzamiento, por lo que ya no podía dejar de lado sus planes. Las vacaciones habían terminado de manera oficial.Gemma se dirigió a su habitación, tomó los viejos bocetos, sus lápices y bajó a la biblioteca para poder trabajar.Entre papel, borradores y lápices se pasaron las horas; como siempre, perdió la noción del tiempo hasta que el llanto de los mellizos llegó de manera limpia a través de la radio que siempre tenía a la mano.Gemma suspiró, miró el dibujo del collar y sonrió. Estaba completamente satisfecha con el resultado. Las horas de trabajo no habían sid
41. Regáñame después—No puedo creer que me hayas convencido de seguir a tu madre —dijo Kevin, estacionando a una distancia prudente del vehículo familiar. El chofer abrió la puerta para Hazel, la ayudó a descender el coche.Ella se veía ligeramente nerviosa, pero podía ser la distancia lo que le hacía ver cosas.—Solo quiero asegurarme de que papá no esté jugando con ella.La mano de Kevin se posó sobre el dorso de Gemma. Sus dedos le acariciaron hasta enredarse con los dedos de su esposa.Ella le dio un ligero apretón.—Tengo que admitir que esto fue inesperado; me preocupa que mi padre le haga más daño. No sé si mamá puede recuperarse dos veces.El dedo de Kevin levantó el mentón de Gemma, le hizo mirarlo a los ojos.—Tienes que confiar más en tu madre, cariño. Hazel ya no es la misma mujer que Jeremiah conoció. ¿No dijiste que le había pedido el divorcio?Ella asintió débilmente.—Entonces, quedemos y veamos lo que sucede.Gemma sonrió.—Gracias.—Haré lo que sea por ti —respondió
40. Vamos a vigilarlos Hazel se llevó una mano al pecho, tratando de controlar los golpeteos desenfrenados de su corazón.—¿De verdad son de tu padre? —preguntó, casi ahogándose con las palabras.—Totalmente, papá se aseguró de que su nombre fuera lo primero que vieras y, si no me crees, míralo tú misma —respondió, invitándola a tomar el ramo que aún estaba en sus manos.Hazel tembló cuando estiró las manos para recibirlo. El olor de las rosas era exquisito, y la caligrafía de Jeremiah perfecta. No cabía duda de que no solo le había enviado rosas, sino que había escrito con su puño y letra en la tarjeta.—¿Qué dice la nota? —preguntó Gemma al ver cómo su madre acariciaba el trozo de papel.Ella también estaba sorprendida por las acciones de su padre; jamás le había visto comportarse de manera romántica con su madre. Fueron años de matrimonio y las únicas cenas a las que asistían eran eventos sociales o por trabajo. ¿De verdad su padre estaba considerando arreglar su vida o solo era u
39. Tenían razón—¿¡Qué hiciste qué!? —preguntó Gemma, mirando a su madre como si le hubieran salido tres cabezas.—Fui a ver a tu padre y lo enfrenté —confirmó, levantándose de la silla que ocupaba en su propia habitación.Hazel atravesó la estancia y se detuvo frente al ventanal, desde donde podía ver el jardín y una parte de la ciudad. Luego de unos segundos de silencio que parecieron eternos, se giró.—Le he pedido el divorcio.La noticia sorprendió a Gemma; claro que no se esperaba un arranque de valentía de su madre, aunque… podía no ser solo un arranque. Si se fijaba bien, no había duda en su mirada, ni temblaba como una hoja.Seguridad.Esa era la imagen que su madre proyectaba.—¿De verdad hiciste eso? —preguntó.Hazel sonrió y asintió.—Dijo que me amaba, Gemma —dijo; la emoción se dibujó en su mirada y en su rostro—; pero no caeré en su juego tan fácil como antes.—¿No?—No.—Entonces, ¿qué le respondiste?—Le pedí que me lo demostrara —respondió, sonriendo—. Ya no soy la m
38. No volveré contigo«Quiero el divorcio.»Las tres palabras quedaron flotando en el aire. El silencio de la mesa se volvió denso, sepulcral. La mirada de Jeremiah se mantuvo clavada en el rostro de Hazel, como si esperara que en cualquier momento ella dejara que solo era una broma.Él podría pasarlo por alto; sin embargo, en los ojos de su esposa no había ningún rastro de arrepentimiento por sus palabras, ninguna duda.Al darse cuenta de que Hazel hablaba muy en serio, apretó los dientes con fuerza. Sus dedos se apretaron alrededor del cristal, como si quisiera partirlo en dos. Sus ojos reflejaron un cúmulo de emociones. Desde la sorpresa, incredulidad hasta el enojo.—En mi familia nadie se ha divorciado —soltó con los dientes apretados. La mandíbula estaba tan tensa que parecía a punto de partirse los dientes.—En mi familia tampoco, así que… podemos ser los primeros —respondió ella.Hazle no se sentía tan tranquila como aparentaba y, de repente, la conversación que recién había







