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CAPÍTULO 3. RECUERDOS DOLOROSOS

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2021-02-09 14:29:01

Martina bailaba al ritmo de la música entre decenas de parejas que disfrutaban la fiesta de fin de año, amenizada por un excelente grupo musical italiano, las bebidas y bandejas de comidas corrían por el amplio salón, deleitando a los presentes por la exquisitez y calidad de lo ofrecido, entre muchos, ataditos de foiegras e higos, pisto de verduras con queso de cabra, crema de foie con manzana y jamón de pato, corazones de flan gruyére, brochetas de pollo, aguacates rellenos con huevos poché y un sinfín de platos que complacían el paladar de los presentes y la respectiva “Cenone di San Silvestro”, con el cotechino, carne de cerdo molida y sazonada, la cual se cocina con lentejas y que de acuerdo a la tradición italiana trae abundancia y suerte, y por supuesto el impelable pannetone.

Faltando cinco minutos para las doce, todos los presentes se encontraban reunidos con su spumante para brindar, copas contentivas con champagne francés rodaban entre todos los invitados, realizaron el brindis a las doce horas, mientras fantásticos fuegos artificiales iluminaban el hermoso cielo romano y recibían de esta manera un feliz año, con sus corazones esperanzados de que en el año nuevo les aguardaría momentos de paz, abundancia y felicidad, los gritos, sonrisas y abrazos, no se hicieron esperar, comiendo uvas mientras pedían deseos y en fin una diversidad de costumbres, por ser los presentes una mezcla de distintas culturas.

****************************************************

Angello sentado en su despacho tomaba una copa mientras escuchaba el ruido producido por los fuegos artificiales, la soledad y la amargura enquistados en su corazón no le permitían ser feliz, sin embargo, en ese momento recordó las palabras de Martina y no pudo evitar levantarse e ir a la habitación de su hija, tocó la puerta, pero al no recibir respuesta entró, la joven se encontraba dormida, la observó unos segundos en silencio y se dio cuenta de los rastros de lágrimas que aún seguían en sus ojos, un atisbo de remordimiento surgió en su interior, con un dedo limpió los vestigios de las lágrimas de su hija.

Nunca nadie le había reclamado como lo hizo la doctora, porque todos le tenían miedo y no se atrevían a incordiarlo, no era justo que pusiera sobre los hombros de su hija esa carga que era solo para él, quería abrazarla, pero no podía hacerlo, sin pensarlo más, salió de la habitación de Paula, llegó a su despacho, tomó una botella con una copa, la llevó a su escritorio y se sirvió un trago, se lo tomó de una sola vez y así se sirvió tres seguidos, necesitaba que su mente se adormeciera, los recuerdos lo atormentaban y le producían un profundo dolor, jamás podría sanar esas heridas, eran sangrantes y profundas, antes de eso había sido tan feliz, pensando que el amor era el sentimiento más sincero y profundo que los seres humanos podían sentir, pero todo había sido una mentira, había sido engañado como si fuese la más ingenua de las criaturas, por eso jamás volvería a confiar, las mujeres eran personas rastreras y quien confiaba en ellas terminaba destruido. Por su parte, tenía que seguir con esa máscara que se había puesto desde el día de la muerte de Camelia, solo así sería capaz de sobrevivir a esa absoluta traición.

—No cedas Angello, nunca nadie volverá a burlarse de ti y esa mujer no es nadie para hacerte sentir remordimiento por tus actos, tú estás tranquilo con tú conciencia, porque estás haciendo mucho más que cualquiera en tus circunstancias haría.

En ese momento escuchó el ruido de Franco al llegar, venía cantando y segundo después entró a su despacho —Padre, ¿Aún no te has dormido? —le dijo acercándose alegre mientras lo abrazaba.

—¡Déjame ya!—le dijo empujándolo para que cesara de abrazarlo— ¡Estás como una cuba! ¿Cómo permites estar en ese estado? ¿Quién te trajo?

—No estoy como una cuba. Ella me trajo, la mujer de la cual estoy enamorado, apenas la vi logró cautivar mi corazón, nunca había sentido esas sensaciones tan revoltosas al estar cerca de una mujer, es linda, su sonrisa me enloquece, su mirada me atrapa. Solo que no me permitió besarla, pero ya llegará el momento que pueda besar esos labios gruesos y rosados que aceleran mi corazón.

—¿No crees que vas muy rápido?

—En lo absoluto, ella es una mujer fuera de serie, madura, pero divertida, por eso debo hacerle saber en todo momento mi interés para que no venga otro queriéndola cautivar. Esa mujer será mía y eso no admite discusión.

—De verdad que ella te dio duro, porque nunca antes te había visto así. Solo debo decirte que las mujeres no son de confianza, son manipuladoras, conspiradoras e interesadas.

—Pues no todas son así, mi madre no lo era, lo que pasa es que la amaste tanto a ella, que piensas que ninguna está a su nivel. Y me imagino que el hecho de que estés tomando, significa que la estás recordándola

—Si, efectivamente, estoy recordando a tu madre—expresó Angello en voz neutra.

—¿Tanto la amaste? —interrogó Franco.

—Con toda mi alma, tu madre era la mujer perfecta para mí, me desvivía por ella, procuraba darle todo lo que quisiera para hacerla feliz y que nunca se fuera de mi lado—respondió con sinceridad porque así había sido.

—Ella también, estoy seguro de que te amaba, por eso a pesar de ser una mujer sofisticada, hermosa, que le encantaba verse bien, y aunque no era muy maternal, no le importó darte dos hijos para llenarte de felicidad. Mi mamá simplemente era tu complemento, la mujer perfecta, por eso me imagino que no habrá nadie como ella, y mucho menos quien la reemplace en tu corazón.

Angello se quedó pensativo y luego manifestó —Si era la mujer perfecta, no creo que vuelva a cruzarme con otra mujer como ella en mi vida—afirmó con un extraño tono de voz.

—Claro que no, ninguna jamás estará a la altura de mi mamá—eso espero que ninguna sea como ella.

En ese momento el teléfono de la casa sonó, los dos se miraron extrañados, sin embargo, al tercer repique Angello, tomó el teléfono.

—Aló, Angello. Necesito hablar contigo—él conocía perfectamente esa voz, tenía muchos años que no la escuchaba.

—¿Qué quieres de mí? —interrogó Angello molesto.

—He estado un poco afectado de salud, he tenido un fuerte resfriado—dijo fingiendo una tos y tratando de simular la rabia que le inspiraba el hombre que se creía su hijo.

—¿Y eso que tiene que ver conmigo? No soy médico, soy empresario.

—Te necesito. Además si no fuese por Zoe, no estuviera mejorando y haciéndote esta llamada. Quiero que vengas para presentártela, será mi futura esposa, es una mujer espectacular, que ha estado y permanecido a mi lado a pesar de estar enfermo, te encantará, es hermosa, debes venir, necesito hablar contigo temas que quedaron inconcluso, hijo—expresó mientras por dentro se le revolvían las visceras de llamarlo así.

—¡Por Dios! No me llames hijo, no sabes cuánto me irrita que lo hagas, pues nunca me has tratado como tal, Además tú jamás cambiarás, andas por la vida creyéndote merecedor de todo y que los demás debemos girar nuestra vida en torno a ti, como si fueras el centro del universo. No me interesa verte, ni tu salud, ni nada que tenga que ver contigo, ¿Tanto te cuesta entender que dejaste de interesarme?, incluso como ser humano. Así que no me fastidies, me importa un rábano lo que sea de ti—y con toda la rabia acumulada cortó el teléfono con violencia, mientras sentía como si en vez de sangre, lava corría por sus venas.

Su hijo se quedó viéndolo con curiosidad, y luego de un par de segundos le preguntó —¿Por qué desprecias tanto a mi abuelo? No entiendo ¿Por qué rechazas que ahora quiera acercarse a ti?

—Eso no es problema tuyo, eso es asunto mío, no te metas en lo que no te importa—espetó apretando los dientes.

—¿Por qué estás lleno de amargura papá? ¿Por qué odias a todo el mundo? Ninguno de nosotros tenemos la culpa de lo que le pasó a mamá, mi hermana menos que nada y no dejas de despreciarla y tratarla mal ¿Por qué te convertiste en esa persona tan desagradable?

Angello se levantó de la silla enfurecido, apretó sus puños a los lados de su cuerpo, se detuvo cerca de Franco, este lo observó y le dijo —Oír la verdad provoca incomodidad en las personas. ¿Deseas golpearme por eso? ¡Hazlo! Si eso te va a ser sentir mejor—enfatizó su hijo sorprendido.

—¡Fuera de mi vista! ¡Largo! —Sin pérdida de tiempo Franco salió del despacho.

Enseguida Angello cerró la puerta con violencia y le colocó el seguro, tomó la botella que reposaba en su escritorio y empezó a tomarla directamente, se sentó en el suelo detrás de la puerta mientras continuaba tomando sin control, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero no eran de tristeza que brotaban, eran de impotencia, de rabia, de dolor porque lo habían convertido en ese hombre que todos detestaban, incluso él.

Enseguida los recuerdos del pasado se aglomeraron en su mente, había conocido a Camelia en una discoteca cuando tenía veinte años de edad, era una hermosa mujer rubia, de ojos azules grisáceos, un cuerpo bien proporcionado de veintidós años de edad, quedó impactado con ella apenas la observó bailando en el escenario, todas las miradas de los presentes se centraban en la espectacular chica que bailaba de manera erótica y sensual, produciendo diversas sensaciones en el sexo masculino. Y por supuesto él no era la excepción, sintió que la flecha de Cupido atravesaba su corazón de manera irremisible, pero a él eso no le importó, estaba feliz de haber sentido esas inmensurables emociones por esa mujer y su alegría fue mayor, al ver que ella se quedó mirándolo fijamente y de manera coqueta, le lanzó un beso que él atrapó con entusiasmo.

Y así habían sellado su destino, solo le quedaba dejarle claro que eso que había surgido entre ellos era el verdadero amor y por eso no cesó en demostrárselo, hasta que fue correspondido, le demostró con cada acción lo importante que era ella para su vida y ella también enloqueció por el trigueño hermoso de ojos café, en quien descubrió un valor agregado, al enterarse de que era hijo de uno de los hombres más prominentes y adinerados de toda Europa. Angello estaba dispuesto a todo por tenerla por siempre a su lado, que equivocado estaba, la vida nunca se da como la planificamos, y resulta bastante doloroso darse cuenta de cuan equivocado estabas.

 

“La vida está llena de sorpresas. Cuando menos lo esperas pasan las cosas que menos imaginas…” Anónimo.

 

💓💓💓💓💓💓💓💓💓💓💓💓💓💓💓

Hola corazoncitos,

Acá les entrego el capítulo 3 de Una Mujer Excepcional, vemos como Angello es un hombre amargado, hasta da miedo, parece que no siente amor por nadie, las personas así son dignas de lástima. ¿Qué opinan ustedes? No se les olvide comentar, estaré atenta a los mismos.

Estamos en contacto, besos y abrazos. 

❤❤❤❤

JEDA CLAVO

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Comments (1)
goodnovel comment avatar
Elizabeth Villagra
oh que sera
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