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last update publish date: 2026-09-23 18:43:36

Capítulo 4:

El gran salón de baile de la mansión Voss resplandecía como una jaula de cristal y opulencia. Las arañas de cristal proyectaban destellos de luz sobre vestidos de seda y esmóquines a medida. Lila estaba al lado de Damien con un vestido verde esmeralda sin espalda que se ceñía a cada curva que él había acariciado la noche anterior. Su mano descansaba posesivamente sobre su espalda baja, con el pulgar rozando la piel desnuda justo encima de la curva de sus glúteos.

Podía sentir las miradas.

Los susurros se deslizaban entre la multitud como humo.

La familia Voss se había reunido al completo: tíos, tías, primos y, lo peor de todo, su propia sangre. Serena permanecía cerca de su madre, elegante y amenazante vestida de rojo, con una sonrisa triunfal ya dibujada en sus labios.

Damien se inclinó y sus labios rozaron la oreja de Lila. «Respira, esposa. Pueden gruñir todo lo que quieran. A ti te follé sin piedad esta mañana».

Sus muslos se apretaron al recordar aquello: él inclinándola sobre el mostrador del baño antes incluso de salir del ático, murmurando elogios obscenos mientras la volvía a penetrar. El deseo seguía ahí, delicioso y constante.

Pero la calidez se desvaneció en el momento en que su madre se acercó, con el rostro contraído por el asco.

«Lila Hart, ¿te has vuelto loca?», siseó su madre con voz baja pero cortante. La agarró del brazo como si fuera un escudo. «¿Robarle el marido a tu hermana? ¿Después de todo lo que sacrificamos por ti? ¡Maldita zorra!».

La palabra cayó como una bofetada. Lila se estremeció.

Serena dio un paso al frente, con los ojos brillantes. «Abrió las piernas por el dinero del soborno, madre. Dos millones de dólares para fingir ser una novia y luego desaparecer. En cambio, atrapó a Damien como la zorra desesperada que siempre ha sido».

La tía Margaret, de rostro afilado y cubierta de perlas, se burló desde un lado: «Siempre supe que eras problemática. Las calladas son las peores. Colándote en la vida de tu hermana, abriendo las piernas por una fortuna. Patética».

El primo Elías, ebrio de champán y resentimiento, soltó una carcajada. «Apuesto a que ni siquiera usa anticonceptivos. Espera atarle a un bastardo. Una típica cazafortunas».

El grupo se acercó, sus voces se superponían en un coro feroz.

"Traidor."

“Destructor de familias.”

“Sustituto barato.”

“Serena era la que estaba destinada a esta vida. No una dibujante de segunda categoría que no podría mantener ni un trabajo de camarera.”

El pecho de Lila se oprimió. Quería huir, desaparecer como debía. Pero el brazo de Damien la rodeó con fuerza por la cintura, atrayéndola contra su cuerpo.

—Basta. —Su voz cortó el ruido como una cuchilla. La familia guardó silencio, con una mezcla de respeto y miedo reflejada en sus rostros—. Lila es mi esposa. Legalmente. Públicamente. Y completamente. —Su mano bajó, apretándole el trasero a la vista de todos. Unos cuantos jadeos recorrieron a los presentes—. Si alguno de ustedes vuelve a hablarle así, los desheredaré a todos. Se acabaron las ayudas. Se acabaron las inversiones. Se acabó el nombre tras el que esconderse.

Su madre palideció. —Damien, por favor. Ella no está...

—Es mía —la interrumpió, girando a Lila entre sus brazos y besándola allí mismo—, un beso profundo y apasionado, con la lengua entrelazada con la de ella mientras su mano se enredaba en su cabello. Cuando se separó, sus labios estaban hinchados y todos en la habitación los miraban fijamente.

Serena parecía a punto de gritar.

Damien no se detuvo. «Y puesto que todos parecen tan preocupados por su lugar en esta familia…» Guió a Lila hacia el ascensor privado al fondo del salón de baile, el que lleva a las suites superiores. «Les mostraremos exactamente cuál es su lugar.»

El trayecto transcurrió en silencio, salvo por su respiración. En cuanto se cerraron las puertas, Damien la empujó contra la pared de espejos, subiéndole el vestido verde esmeralda hasta las caderas. Sin bragas; se las había prohibido antes.

—Ya estás mojada —gruñó, mientras sus dedos se deslizaban entre sus pliegues—. Sus palabras te hicieron mojarte para mí.

—Damien… —gimió ella mientras él introducía dos dedos en su interior, bombeando rápidamente.

“Pueden llamarte como quieran abajo. Puta. Ladrona. Zorra.” Él curvó los dedos, tocando ese punto que la hacía flaquear. “Aquí arriba, eres mi niña buena. Mi esposa perfecta que recibe mi polla tan maravillosamente.”

Se liberó y la levantó, penetrándola con un movimiento fluido. Lila gritó, enroscando sus piernas alrededor de su cintura mientras él la follaba contra el espejo. El reflejo lo mostraba todo: su vestido arrugado, su poderoso cuerpo arrastrándose dentro de ella, su rostro sonrojado por el placer y el dolor persistente.

—Ven por mí —exigió, mientras su pulgar rodeaba su clítoris—. Que te oigan si están escuchando.

Se desplomó con fuerza, ahogando su grito contra su hombro mientras sus paredes vaginales se contraían a su alrededor. Damien la siguió con un profundo gemido, derramándose dentro de ella de nuevo, marcándola como suya mientras el ascensor se abría con un pitido en el piso privado.

La llevó a la lujosa suite sin apartarse, la sentó en el borde de la cama y se arrodilló. Su lengua reemplazó su pene, lamiendo con largas y posesivas caricias el orgasmo que ambos habían acumulado en su palpitante vagina.

Lila enredó sus dedos en su cabello, moviendo las caderas contra su rostro, perdida en el placer abrumador. Las crueles palabras de la familia aún resonaban, pero se desvanecieron bajo la implacable boca de Damien.

Hasta que la puerta de la suite se abrió de golpe.

Serena estaba allí de pie, flanqueada por dos de sus tíos. —Esto se acaba ahora —espetó—. La junta se reúne abajo. Quieren que se disuelva el matrimonio. Y mamá está dispuesta a renegar de esta traidora para siempre.

Damien se levantó lentamente, con los labios brillantes por la excitación de Lila, y se limpió la boca con el dorso de la mano. Se apartó y bajó suavemente el vestido de Lila, pero su mirada era gélida al ver a los intrusos.

—¿Quieres la guerra? —preguntó en voz baja—. De acuerdo. Pero ten esto en cuenta: Lila no se irá a ninguna parte. Y si tu familia intenta quitármela… —Sonrió con frialdad y terror—. Quemaré todos los puentes que hayas construido. Empezando por las acciones de la empresa que ahora controlo.

El rostro de Serena palideció.

El corazón de Lila latía con fuerza. La lucha estaba lejos de terminar. Su propia sangre se había vuelto completamente contra ella, tachándola de prostituta y ladrona delante de todos los que le importaban.

Pero cuando Damien la atrajo de nuevo hacia sí, con la mano posesivamente entre sus muslos, ella se dio cuenta de algo más oscuro y emocionante:

Ella ya no quería correr.

Ella quería quedarse y verlo destruirlos a todos por ella.

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