LOGINCapítulo 8El coche permaneció en silencio todo el camino de regreso.Damien conducía con una mano en el volante y la otra agarrada a la mía. Su agarre era firme. Demasiado firme. Podía sentir la energía que emanaba de él en oleadas, el mismo fuego inquieto que había visto en sus ojos en la casa del lago. No había dormido. Ahora estaba segura. El brillo de su mirada, la forma en que no dejaba de mirarme como si necesitara asegurarse de que yo seguía siendo real, todo apuntaba a lo mismo.No retiré la mano.Cuando se abrieron las puertas del ascensor del ático, Kai estaba esperando. Nos miró una vez y se apartó sin decir palabra. La policía se había ido. No pregunté cómo. La gente de Damien lo había resuelto como resolvía todo.En el segundo en que la puerta se cerró detrás de nosotros, Damien se volvió hacia mí.—No vuelves a irte así —dijo. La voz se mantuvo baja, pero cargaba peso—. No sin mí. Nunca.Dejé caer el clutch sobre la mesa.—Dijo sola o el vídeo se hace público. Estaba in
Capítulo 7El vídeo terminó y mis manos no dejaban de temblar.Medianoche. La vieja casa del lago. Sola.Me quedé mirando la pantalla hasta que las palabras me quemaron. La voz de Damien seguía cortando el pasillo, fría y afilada mientras le decía a seguridad que la policía no subiría. Él no tenía ni idea de lo que Serena acababa de enviarme.Metí el teléfono en el clutch. El corazón me golpeaba tan fuerte que lo sentía en la garganta. Cada parte de mí quería correr hacia él y mostrarle todo. Pero la amenaza era clara. Ven sola o el vídeo se hace público. Lo que tuviera era lo bastante grave como para ponerme las esposas.Me levanté. El vestido esmeralda todavía olía a él. Me eché un abrigo negro por encima y abrí la puerta del dormitorio solo lo justo para escuchar.—No pisan este piso —dijo Damien—. Me da igual el papel que agiten. Mi esposa no está disponible esta noche.Kai le respondió en voz baja.—Entendido, señor. Pero la orden es real. Pueden forzar la entrada si nos oponemos
Capítulo 6: Mentiras fracturadasMe quedé mirando el mensaje hasta que las palabras se borraron.El dinero ha desaparecido.La cuenta del hospital de mi madre —cada centavo de esos dos millones manchados de sangre— había sido vaciada por completo. Serena no se había limitado a amenazarme. Había golpeado.Las manos no dejaban de temblarme mientras le mostraba el mensaje a Damien. Lo leyó una sola vez, la mandíbula tensándose, y luego llamó a su jefe de seguridad con una voz tan fría que podría congelar el fuego.—Averigua exactamente qué hizo. Ahora.Paseaba de un lado a otro por el salón del ático, descalza sobre el mármol, todavía con el vestido esmeralda de la gala. Ahora me parecía contaminado. Todo lo parecía.—Está castigando a mamá para castigarme a mí. Mamá ni siquiera sabe toda la verdad: sigue creyendo que yo soy la villana que le robó la vida a Serena.Damien me atrapó a mitad de paso y me atrajo contra su pecho. Su corazón latía con firmeza, un ancla sólida mientras el mío
Capítulo 5:Todo dolía.No era mi cuerpo, aunque el agradable cosquilleo entre mis piernas y los leves moretones en mis caderas me recordaban a quién pertenecía ahora. No, este dolor era más profundo. Se alojaba en mi pecho, agudo y sofocante, cada vez que miraba a quienes se suponía que debían amarme.Me senté en el sillón de cuero de respaldo alto junto a Damien en la sala de juntas privada; el vestido color esmeralda se sentía ahora como una armadura a punto de deshilacharse. Mi madre ni siquiera me miró a los ojos. Serena estaba sentada justo enfrente de nosotras, con las piernas elegantemente cruzadas, su expresión una máscara perfecta de furia justificada. El tío Richard y otros dos ancianos de la familia Voss la flanqueaban como perros guardianes.El aire olía a colonia cara, whisky añejo y traición.—Has avergonzado a esta familia —dijo finalmente mi madre, con la voz temblorosa por la rabia que apenas podía contener—. Primero usurpas el lugar de tu hermana como una impostora
Capítulo 4:El gran salón de baile de la mansión Voss resplandecía como una jaula de cristal y opulencia. Las arañas de cristal proyectaban destellos de luz sobre vestidos de seda y esmóquines a medida. Lila estaba al lado de Damien con un vestido verde esmeralda sin espalda que se ceñía a cada curva que él había acariciado la noche anterior. Su mano descansaba posesivamente sobre su espalda baja, con el pulgar rozando la piel desnuda justo encima de la curva de sus glúteos.Podía sentir las miradas.Los susurros se deslizaban entre la multitud como humo.La familia Voss se había reunido al completo: tíos, tías, primos y, lo peor de todo, su propia sangre. Serena permanecía cerca de su madre, elegante y amenazante vestida de rojo, con una sonrisa triunfal ya dibujada en sus labios.Damien se inclinó y sus labios rozaron la oreja de Lila. «Respira, esposa. Pueden gruñir todo lo que quieran. A ti te follé sin piedad esta mañana».Sus muslos se apretaron al recordar aquello: él inclinánd
Capítulo 3:La puerta del ático se abrió con un clic antes de que Lila pudiera siquiera ponerse la bata.Serena irrumpió como si fuera la dueña del lugar: el cabello perfectamente despeinado, un vestido de diseñador que se ajustaba a cada curva y los labios rojos apretados en una línea furiosa. Sus ojos se posaron primero en Lila, aún envuelta en la sábana de seda al borde de la cama, con el cabello revuelto por las manos de Damien.—De verdad lo hiciste —espetó Serena, con la voz cargada de veneno—. ¡Miserable zorra! ¿Ni siquiera pudiste mantener las piernas cerradas una noche?Las mejillas de Lila ardían, pero levantó la barbilla. "Fuiste tú quien me vendió a él, Serena. ¿Lo recuerdas?"Antes de que Serena pudiera replicar, Damien salió del vestidor abotonándose una camisa negra impecable. La tensión en la habitación se hizo palpable al instante. Se movía con una gracia depredadora y pausada, recorriendo con la mirada a las dos hermanas como si decidiera a cuál de ellas humillar pri







