LOGINCapítulo 16: Cuatro minutos La aguja tocó mi piel. Di un tirón tan fuerte que las bridas se me clavaron aún más en las muñecas, pero los dos hombres me sujetaron firmemente contra la pared. Los ojos de Serena estaban tranquilos, casi tiernos, mientras presionaba la jeringa con la fuerza justa para que la punta rompiera la superficie. —Esta no es para dejarte inconsciente —dijo en voz baja—. Es para asegurarnos de que, si Damien te encuentra de alguna manera, no serás la misma mujer que él recuerda. Un pequeño seguro químico. Seguirás respirando. Solo que estarás… más callada. La luz de la cámara en directo parpadeaba en verde en la esquina. Puede que Damien ya esté mirando desde algún lugar. Giré la cara hacia la cámara, con la voz ronca. «No te atrevas a dejar de buscarme». Serena suspiró y empujó el émbolo un poco. Un fuerte escozor se extendió bajo mi piel. Entonces todo el edificio tembló. Una explosión, lejana pero potente, sacudió la bombilla desnuda y levantó polvo del
Capítulo 15: La distancia que nos separa La segunda fotografía llegó a las 3:17 de la madrugada. Damien se encontraba en la sala de control del ático, rodeado de pantallas brillantes y el murmullo de su equipo de seguridad, cuando su teléfono personal vibró contra la mesa de cristal. Ya sabía lo que sería. Aun así, lo abrió. Lila. Aún atada. Aún en el suelo de cemento. Pero esta vez tenía los ojos abiertos. Miraba fijamente a la cámara, con la mandíbula apretada, dejando ver un pequeño corte en su labio inferior, como si se lo hubiera mordido con la fuerza suficiente para sacarle sangre en lugar de darle a Serena la satisfacción de las lágrimas. Debajo de la imagen aparecía un texto escrito con la tipografía limpia y cruel de Serena: Ella todavía cree que vas a venir. Damien apretó la mano con tanta fuerza que la funda del teléfono se rompió. No había dormido. No se había sentado. Todos los favores, todos los contactos secretos, todas las cámaras satelitales y de vigilancia a
Capítulo 14: Cuando las luces volvieronLo primero que sentí fue el frío.No el frío suave del aire acondicionado ni del aire nocturno. Era metal contra mi mejilla. Duro. Implacable. Mis párpados pesaban, la lengua se me sentía gruesa y cada músculo de mi cuerpo dolía como si me hubieran dejado caer desde una altura.Obligué a mis ojos a abrirse.Estaba tendida en un suelo de concreto en una habitación pequeña, sin ventanas, iluminada por una sola bombilla desnuda. Mis muñecas estaban atadas frente a mí con gruesas bridas negras. Los tobillos también. El vestido que había usado para ir a la casa del lago seguía puesto, pero mi chaqueta y los zapatos habían desaparecido. El diminuto dispositivo de rastreo que Damien había cosido en el dobladillo ya no estaba. Tampoco el auricular.El pánico subió rápido y agudo.—¿Damien? —Mi voz salió rota e inútil.No hubo respuesta.Me empujé hasta sentarme, el corazón golpeándome contra las costillas. La habitación no contenía nada excepto una sill
Capítulo 13: La NotaLa bahía médica todavía olía a miedo y antiséptico.Mi madre yacía dormida de nuevo, sedada por los médicos privados que Damien había obligado a entrar en la habitación. Dos de sus hombres montaban guardia en la puerta. La segunda jeringa estaba en una bolsa de evidencia transparente sobre una bandeja lateral, la aguja aún tapada, el líquido en su interior de un amarillo pálido y ominoso.Marcus sostuvo la nota con manos enguantadas.Estaba escrita en gruesa papelería color crema con la elegante y ondulada letra de Serena.Lila,Siempre fuiste la sentimental. Sabía que correrías en cuanto pensaras que Mamá estaba en peligro. Por eso esto nunca se trató de la jeringa.El verdadero regalo te espera en la vieja casa del lago. El lugar donde te vendiste por primera vez por mí. Ve sola. A medianoche. No lleves nada ni a nadie, especialmente a Damien.Si desobedeces, el próximo video que se filtre no será sobre drogas. Será sobre la noche que pasaste en ese motel con Vi
Capítulo 12: Reclamado en la oscuridad La alarma seguía sonando cuando Damien me empujó a una estrecha habitación lateral, apartada del pasillo principal, y cerró de golpe la puerta reforzada. La cerradura se activó con un fuerte clic electrónico. Luces rojas de emergencia parpadeaban a través del pequeño panel de cristal, iluminando las paredes de hormigón con destellos intermitentes de color sangre. Afuera, se oían disparos: ráfagas cortas y controladas. La voz de Marcus daba órdenes a través del auricular de Damien. Unas botas retumbaron al pasar junto a nuestra puerta. Apoyé la espalda contra la pared fría, con el pecho agitado. —Mi madre… —El equipo médico ya está dentro de la bahía —dijo Damien con voz baja y tensa—. Dos de mis hombres están con ella. Los hostiles no la alcanzarán. Escuchó un segundo más, luego se quitó el auricular y lo arrojó sobre una repisa metálica—. Permaneceremos aquí hasta que se despeje el subnivel. Cinco minutos. Quizás diez. La habitación era ape
Capítulo 11: El peso de la sangre El ascensor descendió en silencio. Sin música. Sin el suave sonido de un timbre que anunciara los pisos. Solo el leve zumbido mecánico y el firme agarre de la mano de Damien alrededor de la mía. La pantalla digital sobre las puertas no mostraba más que una barra roja parpadeante: SUBNIVEL 3 – CONTENCIÓN MÉDICA. Me quedé mirando la identificación del hospital que aún sostenía en la otra mano. El rostro de la enfermera me resultaba desconocido, pero el nombre impreso debajo no. Era el de mi madre. —La están usando para controlarme —susurré. Las palabras me sabían a culpa—. Cada vez que me defiendo, ella paga las consecuencias. Quizás Serena tenía razón. Quizás debí haber desaparecido después de la boda. Nada de esto estaría pasando si me hubiera llevado el dinero y me hubiera marchado. Damien giró la cabeza bruscamente. —No. —Es cierto —dijo mi voz quebrada—. Firmé ese contrato. Caminé hacia el altar en su lugar. Dejé que me tocaras. Me quedé. Y a







