LOGINPOV Lisandro
Ver a Evania caer al suelo me hizo sentir un terror que jamás había experimentado.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Un instante estaba de pie frente a mí y, al siguiente, su cuerpo se desplomó.
—¡Evania!
Corrí hacia ella y me arrodillé a su lado.
Cinthia había pronunciado aquellas palabras segundos antes.
Está embarazada.
Y desde entonces una sola idea había comenzado a repetirse dentro de mi cabeza.
Es mi hijo. Mi hijo.
Todavía no podía asimilarlo.
Yo iba a ser padre.
Durante semanas había sentido que mi vida se había terminado.
Había creído que después de perder a Constanza no quedaba nada para mí.
La culpa me perseguía día y noche. Había destruido con mis propias manos la relación que más había deseado en mi vida.
Pero ahora... Ahora había algo más.
Una pequeña vida estaba creciendo dentro de aquella mujer.
Una vida que no tenía ninguna culpa de mis errores.
Me incliné y tomé a Evania entre mis brazos.
—Vamos, despierta...
Su cuerpo estaba demasiado débil.
Al levantarla, pude verla con claridad.
Tenía una mejilla magullada, como si alguien la hubiera golpeado.
Su rostro estaba pálido y se veía mucho más delgada que antes.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué te hicieron?
Apreté la mandíbula.
Aquella mujer estaba esperando a mi hijo.
Y, de repente, significaba muchísimo para mí.
No sabía qué sentía por Evania. Pero sí sabía lo que sentía por aquel bebé.
Era mío, lo amaba. Y tenía que protegerlo.
Me puse de pie y comencé a caminar hacia mi automóvil.
—Tenemos que ir al hospital.
No sabía si Evania podía escucharme.
—Resiste.
Entonces alguien se interpuso en mi camino.
Me detuve.
Y sentí que el mundo volvía a detenerse.
Constanza. Después de tantos intentos inútiles por verla, después de haberle pedido una y otra vez que me diera la oportunidad de hablar, finalmente estaba frente a mí.
Pero no había alegría en sus ojos.
Solo lágrimas. Dolor. Tristeza. Y una decepción que sabía que yo mismo había provocado.
—¡No lo hagas! —exclamó—. No puedes hacerlo, Lisandro.
La miré sin saber qué responder.
Ella era la mujer que había amado.
La mujer con la que había imaginado una vida. La mujer con la que quería casarme.
Y yo la había traicionado.
—Constanza...
Ni siquiera pude decir más. La culpa me golpeó con fuerza.
Yo te hice esto.
No había excusas. Había sido infiel. Había cometido un error que no podía borrar.
—Deja que mi tía se encargue de ella —dijo Constanza.
Miré a Evania entre mis brazos.
—Está embarazada.
Constanza cerró los ojos durante un segundo.
Cuando volvió a mirarme, su expresión era fría.
—Mi tía no va a dejar que tenga ese bebé.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
—¿Qué?
—Va a hacer que aborte, es… lo mejor.
Aquellas palabras fueron como dos dagas clavándose directamente en mi pecho.
Retrocedí un paso.
—¡No!
Constanza me miró sorprendida.
Yo también estaba sorprendido de mi propia reacción.
No podía permitirlo. No podía imaginar que alguien destruyera aquella vida.
Mi hijo. El bebé que apenas acababa de descubrir que existía.
Constanza respiró profundamente.
—Lisandro...
Me miró directamente a los ojos.
—Si algún día quieres volver a recuperarme...
Tragué saliva.
—Si realmente te arrepientes de haberme causado todo este dolor...
Hizo una pausa.
—Entonces ella no debe tener a ese bebé.
Sentí un vacío en el estómago.
—De lo contrario, nunca te perdonaré.
Sus palabras dolieron como el infierno.
Miré el rostro pálido de Evania. Sus ojos permanecían cerrados.
Una mano descansaba sobre su vientre.
Mi hijo estaba allí. No podía verlo. No podía tocarlo. Pero sabía que existía.
Y por primera vez en mi vida comprendí que ya tenía una responsabilidad.
Siempre había soñado con ser padre. Muchas veces había imaginado cómo sería.
Había pensado en una casa, risas de niños, juguetes tirados por todas partes y una familia que pudiera proteger.
Pero en todos esos sueños había aparecido Constanza.
Siempre ella. La mujer que amaba.
La madre de mis hijos.
Nunca imaginé que el destino pudiera ser tan cruel.
Ahora el vientre de Evania llevaba mi semilla.
Y Constanza me estaba pidiendo que eligiera.
La mujer que amaba... O mi propio hijo.
Cerré los ojos durante unos segundos.
¿Cómo podía matar a mi hijo?
¿Cómo podía permitir que lo arrancaran de este mundo antes siquiera de tener la oportunidad de conocerlo?
No. No podía.
La sola idea me revolvía el estómago.
Sería como matarme a mí mismo.
Abrí los ojos y miré a Constanza.
—Tal vez nunca me perdones.
Mi voz salió baja.
—Tal vez pasé el resto de mi vida arrepintiéndome de lo que hice.
Ella no respondió.
—Créeme o no, fue un error.
Respiré profundamente.
—Nunca quise hacerte daño.
Miré a Evania.
—Ni ella tampoco.
Constanza apretó los labios.
—Pero no voy a matar a mi hijo.
El silencio cayó entre nosotros.
—No puedo hacerlo, Constanza.
Di un paso hacia mi automóvil.
—Voy a hacer lo correcto.
—¡Si lo haces, Lisandro, te olvidas de mí para siempre!
Me detuve. Aquellas palabras me atravesaron.
Por un instante quise regresar.
Quise rogarle. Quise decirle que la amaba. Que no quería perderla.
Pero entonces miré nuevamente a Evania.
Pensé en el pequeño ser que estaba creciendo dentro de ella.
Y comprendí que ya no podía vivir pensando solamente en lo que yo quería.
Ahora había alguien más.
Alguien completamente inocente.
—Está bien.
Constanza quedó inmóvil.
—Si así es como debe terminar...
Mi voz se quebró.
—Lo acepto.
Ella comenzó a llorar.
Yo también sentí que mis ojos ardían.
—Siempre te pediré perdón, Constanza.
La miré por última vez.
Caminé hacia mi automóvil.
Cada paso me alejaba de la mujer que amaba.
Cada paso me acercaba a una vida que jamás había planeado.
Antes de abrir la puerta, me detuve.
—Me casaré con ella.
Constanza levantó la mirada.
—¿Qué?
Respiré profundamente.
—Me casaré con Evania.
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POV CinthiaUna semana después, por fin pude respirar sin sentir que el mundo entero se derrumbaba sobre mis hombros.Mi cuerpo se encontraba mucho mejor.Los dolores habían disminuido, ya no pasaba las horas enteras en la cama y había recuperado parte de las fuerzas.Esa mañana, la ginecóloga me examinó con detenimiento, comprobó que todo evolucionaba favorablemente y, después de darme algunas recomendaciones, me permitió salir de casa.—Necesitas descansar, Cinthia. Nada de esfuerzos excesivos, evita las situaciones que te provoquen demasiado estrés y, sobre todo, no olvides que debes cuidar de ti misma y de tu bebé —me advirtió antes de despedirse.Asentí, agradeciéndole sus palabras, aunque sabía que cumplir con la última recomendación sería más difícil de lo que imaginaba.¿Cómo podía mantenerme tranquila cuando mi vida se había convertido en un desastre?Héctor seguía siendo una sombra que me perseguía incluso cuando no estaba cerca.Sus palabras, su mirada llena de desprecio y l
—Lo sé. Y no he olvidado mi promesa. Pero ¿acaso no querías mi felicidad, padre? ¿No era eso lo que siempre me decías?Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.—¿O es que, al igual que todos los demás, también quieres controlar mi vida? ¿Quieres decidir con quién debo casarme, a quién debo amar y qué debo hacer para que tú estés tranquilo? ¡No puedo seguir viviendo así!Mi padre bajó la mirada.Por primera vez desde que había llegado al hospital, su expresión severa se desmoronó.Sus ojos se llenaron de lágrimas y vi cómo apretaba los labios, luchando contra sus propias emociones.—Hija… —murmuró—. Solo quiero que estés protegida. Quiero que estés rodeada de personas que te amen de verdad. No soporto la idea de verte sufrir otra vez.Aquella confesión me atravesó el corazón.Porque conocía a mi padre.Sabía que detrás de sus decisiones equivocadas había un miedo profundo a perderme, a verme destruida por alguien que no supiera valorar mi amor. Pero también sabía que su manera
POV EvaniaSentí que la sangre se me helaba.Dos policías que acompañaban a mi padre avanzaron inmediatamente hacia nosotros.Uno se colocó frente a Lisandro, mientras el otro se acercaba por un costado, dispuesto a sujetarlo si intentaba escapar.Pero Lisandro no intentó huir.Se puso de pie lentamente y mantuvo las manos a la vista, con una serenidad que contrastaba con el caos que se había desatado en la sala de espera.—¡No! —exclamé, levantándome de golpe—. ¡Esperen! ¡No pueden hacer esto!Uno de los policías me miró, pero no se detuvo.—Señor, tendrá que acompañarnos a la comisaría para aclarar la denuncia.—¡Pero él no ha hecho nada! —insistí, sintiendo que la desesperación me cerraba la garganta—. ¡No pueden llevárselo solo porque mi padre lo diga!Lisandro volvió el rostro hacia mí. Nuestros ojos se encontraron y, durante un instante, todo lo demás pareció desaparecer.En su mirada no vi rabia, ni siquiera indignación por la acusación que acababa de recibir. Vi preocupación.E
POV CinthiaAl día siguiente.Cuando desperté, lo primero que vi fue a mi madre sentada junto a la cama del hospital.Tenía los ojos cansados y las manos entrelazadas sobre su regazo.Parecía llevar mucho tiempo allí, esperando a que yo abriera los ojos.Al darme cuenta de su presencia, sentí que algo se encogía dentro de mi pecho.Bajé la mirada de inmediato.No necesitaba preguntarle nada para saberlo.Mamá lo sabía todo.La vergüenza me invadió.No quería que me mirara.No quería tener que explicarle por qué había permitido que las cosas llegaran hasta ese punto, por qué estaba tan asustada y por qué había decidido cargar sola con un problema que, en realidad, era demasiado grande para mí.—Cinthia…Su voz suave me hizo apretar los labios.—Mamá, por favor, no me preguntes nada.Ella no respondió inmediatamente.En cambio, se acercó y tomó mi mano entre las suyas. Sus dedos acariciaron mis nudillos con aquella ternura que yo recordaba desde niña, cuando una pesadilla me despertaba e
POV CinthiaLo miré y, aunque por dentro sentía que el corazón se me estaba desgarrando, solté una risa amarga.Una risa que no tenía nada de alegría, pero que necesitaba para sostener aquella mentira que acababa de decidir contarle.Héctor estaba frente a mí, con los ojos clavados en mi rostro, esperando una explicación.Para él yo era su peor error, entonces, ¿Cómo trataría a mi bebé?Mucho menos podía soportar que Héctor se quedara a mi lado por obligación, por lástima o porque creyera que debía hacerse responsable de una mujer a la que odiaba.Por eso, apreté los dedos contra mis palmas, levanté la barbilla y pronuncié las palabras que sabía que lo destruirían.—No es tu hijo.El silencio cayó entre nosotros.Vi cómo su expresión cambiaba lentamente.Primero fue desconcierto; después, incredulidad. Héctor frunció el ceño y me miró como si acabara de perder la razón.—¿Qué dices, Cinthia?Tragué saliva. Sentía un nudo doloroso en la garganta, pero me obligué a mantener la sonrisa. S
POV Héctor—¿Aún está embarazada?La pregunta salió de mis labios antes de que pudiera contenerla.Había escuchado las palabras del médico, pero necesitaba que las repitiera.El médico asintió mientras revisaba algunos documentos.—Sí. Tuvo suerte de que la trajeran rápidamente al hospital. Ha perdido sangre y está debilitada, por lo que necesita reposo y vigilancia. Sin embargo, por el momento, el bebé continúa bien. Lo más importante es que se mantenga tranquila y evite situaciones que puedan alterarla.Cerré los ojos y solté el aire que había estado conteniendo.El bebé seguía vivo.Una parte de mí, aquella que había intentado silenciar desde que Cinthia me confesó su embarazo, sintió un alivio tan intenso que casi me hizo tambalearme.Todavía podía tener un hijo.Todavía existía la posibilidad de que aquel pequeño fuera mío.Me pasé una mano por el rostro, tratando de ordenar mis pensamientos.La imagen de Cinthia desplomándose, con las manos sobre el vientre y las lágrimas corrién







