Se connecterEstaba loca al aceptar aquel trato, pero ¿quién no sería capaz de hacer lo que fuera necesario con tal de mantener con vida al ser que más ama?Cuando Bastian me hizo la propuesta, llegué a pensar que estaba completamente loco. Sin embargo, al explicarme sus motivos y ante la necesidad que tenía de conseguir dinero para salvar la vida de mi madre, la idea no me pareció tan descabellada.Él firmó un cheque en blanco sin pensarlo dos veces. Era la garantía de que cubriría los gastos médicos de mi madre y, con ello, estaba cumpliendo con su parte del acuerdo.¿Estaba aterrada? Por supuesto que lo estaba. No sabía qué iba a pasar una vez que firmáramos el acta de matrimonio. Después de eso, no habría vuelta atrás.No voy a negar que sentía miedo ante la idea de vivir bajo el mismo techo que él, pero eso no sería tan difícil después de haber compartido con aquel hombre la misma cama, el mismo espacio y el calor de nuestros cuerpos. Todo era una completa locura y, en parte, no me arrepentía
La noche apenas comenzaba cuando abandoné la casa de mi abuelo.Sin embargo, para mí, aquella conversación había hecho que el día pareciera interminable.Conduje hasta mi departamento sin llamar a nadie. Necesitaba pensar. Necesitaba ordenar las ideas antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirme.Aunque, por primera vez en mucho tiempo, había algo que tenía perfectamente claro.«Chantal.» Ella no era una desconocida cualquiera.No podía negar que algo había cambiado desde el momento en que la conocí. Al principio había sido curiosidad. Después admiración, pasión y deseo. Hasta el punto de hacerla mía en aquella cabaña. Y ahora…Ahora no sabía exactamente qué era.Solo sabía que cuando la vi llorar en aquel hospital sentí una necesidad casi irracional de protegerla.Y eso era peligroso. Porque yo no protegía a nadie. No permitía que los problemas de los demás se convirtieran en los míos, pero con ella había sido diferente.Llegué a mi departamento cerca de la medianoche. Dejé las
Conduje hacia la casa de mi abuelo con las manos firmes sobre el volante, aunque por dentro todo era un caos.Las luces de la ciudad pasaban frente a mis ojos sin que realmente las viera.Mi cabeza seguía en el hospital.En ella.En la forma en que había llorado entre mis brazos.En lo pequeña que se había visto cuando confesó que tenía miedo de perder a su madre.Y, sobre todo, en la promesa que había hecho.«—No pasarás por esto sola. Yo estaré aquí para ti.»No sabía todavía hasta dónde llegaría esa promesa, pero algo dentro de mí me decía que estaba a punto de descubrirlo.Apreté la mandíbula. Mi abuelo no me había llamado a esa hora para hablar del clima.Conocía demasiado bien a aquel hombre.Si había utilizado esa voz durante la llamada, significaba que la situación era seria. Y también sabía perfectamente cuál sería el tema de conversación.“El matrimonio”Negué con la cabeza.—No pienso casarme —murmuré para mí.Lo había dejado claro cientos de veces. No necesitaba una esposa
Salí de la habitación dejando a mis padres juntos.La puerta se cerró detrás de mí con un sonido suave, pero en mi interior sentí que acababa de cerrarse también la poca calma que había logrado reunir.Me quedé unos segundos inmóvil en el pasillo, intentando respirar.Mi padre seguía dentro de la habitación.La idea de dejarlo allí, frente a mi madre, me partía el alma, pero sabía que aquel momento les pertenecía. Mi madre necesitaba a su esposo y mi padre necesitaba despedazar el miedo junto a ella sin tener que fingir fortaleza delante de mí.Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano, aunque seguían cayendo.—¿Estás bien?La voz de Bastian hizo que levantara la mirada.Estaba frente a mí.No había rastro del hombre seguro y decidido que conocía. Su expresión reflejaba preocupación y sus ojos permanecían fijos en los míos, como si estuviera intentando descubrir cuánto dolor estaba escondiendo.Negué con la cabeza. No podía mentir y decir que estaba bien, cuando por dentro estaba
El miedo se había convertido en una presencia tangible.Podía sentirlo sentado a mi lado, respirando sobre mi nuca, apretando mi pecho con cada segundo que pasaba sin noticias.Mi padre seguía sujetando mi mano con fuerza, como si aquel simple contacto fuera lo único que lo mantuviera en pie y anclado a este momento. Su mirada permanecía fija en el pasillo de urgencias, esperando que en cualquier momento apareciera alguien con respuestas. La angustia estaba acabando con nuestra cordura.El silencio comenzaba a ser insoportable, tanto que si caía un alfiler se escucharía en cada rincón del hospital. De pronto, las puertas se abrieron.Todos levantamos la cabeza al mismo tiempo cómo si estuviéramos sincronizados.Un médico salió al pasillo revisando una carpeta. Sus gestos eran inescrutables, no reflejaba en sus fracciones si era portador de buenas o malas noticias .Mi corazón se detuvo presintiendo lo peor.—Familiares de la señora Luz Franco.Mi padre y yo nos pusimos de pie tan rápi
El mundo pareció detenerse en el instante en que aquellas palabras salieron de los labios de mi jefe.El sonido de los platos, las voces, el bullicio habitual del restaurante… todo se desvaneció como si alguien hubiese apagado la realidad de golpe. Sentí que el piso bajo mis pies dejaba de ser firme, que mi cuerpo reaccionaba más lento que mi mente, incapaz de procesar del todo lo que acababa de escuchar.—¿Qué…? —mi voz salió apenas como un susurro.Pero no había nada más que explicar. Lo vi en su rostro. En la urgencia de su mirada. En la forma en que ya se estaba acercando para tenderme su mano.Sabía que no había tiempo.Sin darme cuenta, ya me estaba quitando el delantal, mis manos torpes trataban de deshacerse de la prenda, mi respiración acelerada. Todo era una maldita frustración al no poder hacerlo con la rapidez que requería la situación. —Vámonos —dijo él con firmeza.No respondí. No podía. Solo asentí mientras mi corazón comenzaba a latir con una violencia que dolía.El t







