LOGINTodo ocurrió tan rápido como el estruendo de las armas disparándose al mismo tiempo. El caos parecía devorar la bodega, y aun así, por un instante, el tiempo se detuvo.El corazón de Lia también se detuvo cuando vio sangre salir del cuerpo de Evan. Sintió que el alma se le escapaba, hasta que una risa histérica de Max la hizo reaccionar. El hombre reía como si fuera el ganador, como si al fin se hubiera salido con la suya… pero su victoria duró apenas segundos. Su risa se quebró de golpe cuando un hilo rojo se expandió en su pecho, manchando su camisa y apagando el brillo enfermizo de sus ojos.No había sido Evan.El disparo que derribó a Max provenía del detective Smith, quien había seguido a Evan en secreto porque no confiaba del todo en él y lo había seguido con sus hombres llegando a esas bodegas. Aún así había resultado herido en su hombro derecho.—Me parece haberle dicho que dejara todo en nuestras manos, Anderson —gruñó Smith, guardando su arma—. Gracias a Dios llegué a tiempo
Lia no pudo evitar sentir un alivio indescriptible al escuchar la voz de Evan rugir su nombre entre el caos.—¡Aquí estoy, amor! ¡Evan, aquí estoy! —gritó desesperada, forcejeando contra las cadenas que la sujetaban aunque sabía que era inútil.En su vientre, el pequeño que aún no conocía pareció moverse con fuerza, como si también respondiera a la presencia de su padre. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, no de miedo, sino de esperanza.—Todo saldrá bien, mi pequeño… papi está aquí para salvarnos.Max, que había salido segundos antes con una sonrisa enferma, se detuvo en seco al escuchar los gritos. La sangre le subió de golpe a la cabeza. El maldito Evan Anderson volvía a arrebatarle lo que él creía suyo.Sus pensamientos eran un torbellino. Se había convencido de que, si recuperaba a Lia, recuperaría también el prestigio y la vida que había perdido. Olvidaba convenientemente que fue él quien la abandonó tiempo atrás por otra mujer más delgada, de “mejor apariencia” según s
La llamada de aquel hombre había sido el último empujón que Evan necesitaba para salir a buscar a Lia. Sabía que no podía hacerlo solo. Quería matar a Max, arrancarle la vida con sus propias manos, pero para lograrlo debía mostrarse ante la justicia como un esposo preocupado y colaborador.Jamás debió dejarlo escapar. Ese error lo perseguía día y noche, y estaba decidido a corregirlo. Si lo hubiera hecho en su momento, Lia estaría a salvo ahora, con él y con su hijo. Pero en vez de eso, había tenido que aparentar calma frente al detective, actuar como el marido paciente y prudente. Apenas estuvo fuera de esa oficina y lejos de su mirada, Evan no dudó en llamar a Elian, dándole órdenes sin margen de error.—No me importa lo que tengas que hacer —rugió al teléfono—. A quién tengas que sobornar, torturar o incluso matar. Quiero que encuentres a Max. Ese desgraciado va a pagar por haberse llevado a Lia. Solo imaginar que ella sufre… que nuestro hijo está en peligro… me enferma de rabia. U
Max, con una pistola en la mano, miró fríamente a Lía y le indicó que respondiera. Lía, temblando y con lágrimas en los ojos, tomó el teléfono — Evan —dijo Lía incapaz de no llorar al escucharlo. —Lía, ¿estás bien? ¿Dónde estás?— preguntó Evan rápidamente, nervioso al escucharla en ese estado, si hubiera tenido a los secuestradores delante él mismo los habría matado con sus propias manos.Lía no podía decirle la verdad, no con Max apuntándola con una pistola. Las palabras se le atascaron en la garganta, y apenas pudo hablar con un hilo de voz.—Michael, te echo tanto de menos. Te pienso mucho...Max se acercó al teléfono, activando un dispositivo para distorsionar su voz. —Anderson, no pierdas tu tiempo yendo a la policía —dijo con frialdad—. No te servirá de nada. Si realmente quieres recuperar a tu esposa, paga.Evan, del otro lado de la línea, apretó los puños, era incapaz de escuchar a su esposa llorar y no poder estar con ella, se sentía impotente.—¿Qué quieres? Solo dime can
Evan estaba frente a un detective, sentados en lados opuestos de una mesa metálica en una sala de interrogatorios austera. El detective era un hombre de mediana edad con una mirada penetrante que desviaba de unos papeles a Evan.—Señor Anderson, necesito preguntarle algo que podría ser muy importante para nuestra investigación —comenzó a hablar el detective — He estado buscando información de su esposa, pero parece que sus archivos están protegidos por el gobierno de los estados unidos, ¿Hay alguna razón para que no pueda acceder a ellos?—Entiendo por qué tiene que preguntar eso. — Dijo Evan suspirando —La verdad es que Lía y yo hemos vivido tranquilos los últimos años. Pero no siempre fue así.El detective inclinó ligeramente la cabeza, indicando a Evan que continuara.—Hace tiempo, antes de que Lía y yo nos casáramos, ella estaba en una situación peligrosa. Lía fue testigo del asesinato de sus padres a muy temprana edad... algo que la puso en peligro, ya que dicho asesino era el lí
Evan corrió hacia la sala de emergencias, donde Ian y Alessandra estaban siendo atendidos. Al ver a su hijo, su alivio se transformó en una ola de emociones.—¡Ian! —exclamó Evan, precipitándose hacia él. Ian estaba sentado en una camilla, con vendajes pero consciente.—Ian, ¿estás bien? —preguntó Evan, inspeccionando a su hijo por cualquier signo de lesión grave.—Estoy bien, papá. Sólo unos rasguños y moretones —respondió Ian, intentando ofrecer una sonrisa calmada.Evan se volvió hacia Alessandra, que estaba sentada al lado de Ian. —Y tú, Alessandra, ¿cómo estás?—Un poco asustada, pero ya estamos a salvo.Evan les abrazó a ambos, sintiendo un inmenso agradecimiento por tenerlos a salvo. El miedo y la preocupación que había sentido en el camino al hospital comenzaban a disiparse, siendo reemplazados por un profundo agradecimiento.—No saben cuánto me alegra verlos a salvo —dijo Evan, su voz cargada de emoción.—Papá, ¿dónde está mamá? ¿Vino contigo? —preguntó Ian, mirando a su alr







