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Entre los pasillos blancos

Author: Emma Brown
last update publish date: 2026-01-22 09:00:30

El traslado comenzó apenas una hora después de que Mia estampara su firma en aquel contrato que sabía a ceniza. La eficiencia de los hombres de Liam Black era aterradora; en un abrir y cerrar de ojos, la clínica pública, con sus paredes desconchadas y su olor a desinfectante barato, quedó atrás. Leo fue subido a una ambulancia de alta tecnología, rodeado de monitores que emitían pitidos rítmicos y enfermeros que se movían con la precisión de un reloj suizo.

Mia observaba todo desde el asiento del copiloto de un auto negro que Liam había enviado para ella. No la acompañaba él; Liam ya se había marchado a una reunión, dejando claro que su deber terminaba en el pago y el papeleo.

Al llegar al St. Jude Private Hospital, el contraste fue violento. Aquí no había salas de espera abarrotadas ni gritos de urgencia. Todo era mármol, silencio y tecnología de punta. A Leo lo llevaron directamente al ala de cirugía cardiovascular.

-¡Mia! -el grito rompió el silencio del vestíbulo.

Mia se giró y sintió que el nudo en su pecho se aflojaba apenas un milímetro. Corriendo hacia ella estaban Ella Cooper y Samantha Collin. Ella, su compañera de la universidad que no la había abandonado cuando sus padres desaparecieron, y Sammy, su amiga desde que ambas usaban lazos en el cabello y compartían secretos en el jardín de infancia.

Sammy fue la primera en llegar y envolverla en un abrazo tan fuerte que a Mia le costó respirar.

-Nos enteramos por el hospital público que lo habían trasladado aquí -dijo Sammy, separándose un poco para mirar el rostro pálido de su amiga-. ¿Cómo es posible, Mia? Este lugar cuesta una fortuna. ¿De dónde sacaste el dinero?

Mia bajó la mirada, incapaz de sostener la de sus amigas. Sentía que la marca del contrato quemaba en su bolso.

-Hice un trato -susurró, con la voz rota-. Con Liam Black.

Ella Cooper palideció, dejando escapar un jadeo. Como prima de Marcos Cooper, el abogado de Liam, sabía perfectamente quién era ese hombre y la oscuridad que lo rodeaba.

-¿Con Black? Mia, ese hombre odia a tu familia con una ferocidad que no es normal. Marcos dice que ha pasado años obsesionado con destruir cada rastro de los Carte. ¿Qué te pidió a cambio?

-Matrimonio -respondió Mia, y la palabra sonó como una sentencia de muerte en el lujoso pasillo-. Un año. Soy su esposa a cambio de la vida de Leo.

Sammy abrió la boca para protestar, con el fuego defensivo que siempre la caracterizaba, pero en ese momento las puertas batientes del área de cirugía se abrieron y un enfermero les indicó que el cirujano quería hablar con ellos antes de empezar. Las tres jóvenes se acercaron al mostrador de informes.

-La operación durará aproximadamente seis horas -explicó el médico jefe-. Es un reemplazo valvular complejo, pero el niño tiene un espíritu fuerte. Pueden esperar en la sala privada asignada a la familia Black.

El término "familia Black" golpeó a Mia como un balazo. Ella no era familia. Era una transacción.

Las horas siguientes fueron un descenso lento a la locura. Encerradas en aquella sala de espera de lujo, con sofás de cuero y café premium que a Mia le sabía a hiel, el tiempo parecía haberse detenido. Sammy no dejaba de caminar de un lado a otro, lanzando maldiciones por lo bajo contra los padres de Mia por haberla dejado en esa situación, mientras que Ella intentaba consolarla con estadísticas médicas.

-Él estará bien, Mia. Estudiamos esto en segundo año, ¿recuerdas? El doctor es el mejor del país -decía Ella, apretándole la mano.

-Lo sé -respondía Mia automáticamente-. Solo quiero que despierte. Quiero ver sus ojos y saber que su corazón ya no está cansado.

De repente, la puerta de la sala se abrió. Mia esperó ver al médico, pero quien entró fue Marcos Cooper. El abogado de Liam vestía un traje gris impecable y traía consigo una carpeta de cuero. Miró a las tres chicas y su vista se detuvo un segundo más de lo necesario en Sammy, antes de dirigirse a Mia con una expresión profesional pero no exenta de una pizca de lástima.

-Señora Black -comenzó Marcos, y Mia hizo una mueca ante el título-, el señor Black me ha pedido que le entregue esto. Son los documentos de ingreso a su nueva residencia. En cuanto la cirugía termine y el niño sea pasado a recuperación, un chofer la recogerá para llevarla a casa.

-¿A casa? -preguntó Sammy, interponiéndose entre Marcos y Mia-. Su "casa" es donde está su hermano. ¿No puede quedarse aquí?

-La seguridad privada del hospital se encargará de Leo las veinticuatro horas -respondió Marcos con calma-. El contrato estipula que la señora Black debe establecer su residencia con su esposo de inmediato. Hay preparativos para la ceremonia oficial que deben atenderse. El mundo debe creer que esto es un romance apasionado que terminó en boda exprés, no una subasta.

Mia se puso de pie, sintiendo una furia gélida recorrer sus venas.

-Dile a tu jefe que no me moveré de este hospital hasta que el cirujano salga y me diga que Leo está fuera de peligro. Si quiere una esposa obediente para sus fotos, tendrá que esperar a que el corazón de mi hermano vuelva a latir por sí solo.

Marcos asintió levemente, como si esperara esa respuesta.

-Se lo comunicaré. Pero no lo haga esperar demasiado. Liam no es un hombre paciente.

Cuando Marcos se retiró, Sammy estalló.

-¡Ese tipo es un témpano de hielo! Mia, esto es una locura. Podemos buscar otra forma, quizás...

-No hay otra forma, Sammy -la interrumpió Mia, con los ojos llenos de lágrimas pero la voz firme-. Mi hermano cumple seis años hoy y el mejor regalo que puedo darle es la vida. Si para eso tengo que vivir en el infierno un año, lo haré. Me arrodillé ante él una vez, puedo hacerlo mil veces más si eso mantiene a Leo respirando.

Finalmente, al caer la noche, el cirujano apareció. Estaba cansado, pero su sonrisa era genuina.

-La cirugía fue un éxito absoluto. La válvula ha sido reemplazada y el corazón de Leo está respondiendo mejor de lo esperado. Está en cuidados intensivos, bajo sedación. Pueden verlo a través del cristal, pero necesita descanso total.

Mia sintió que sus rodillas fallaban, pero esta vez fue por alivio. Se apoyó en sus amigas y caminaron hacia el gran ventanal de la UCI. Allí, entre un mar de cables y máquinas, estaba su pequeño guerrero. Su pecho subía y bajaba rítmicamente. Ya no había ese tinte azulado en sus labios; ahora había una promesa de futuro.

-Vive, Leo -susurró Mia, pegando su frente al cristal-. Vive por los dos. Yo me encargaré del resto.

Se despidió de sus amigas con la promesa de mantenerse en contacto a través de Sammy. A regañadientes, bajó al vestíbulo donde el auto negro la esperaba. El camino hacia la mansión de Liam fue un borrón de luces de la ciudad. Mia sabía que estaba dejando atrás su libertad, su carrera de medicina y su identidad.

Al detenerse frente a la imponente verja de la propiedad que alguna vez perteneció a sus padres y que ahora era el trofeo de Liam, Mia se enderezó el vestido y se limpió la última lágrima. La guerra apenas comenzaba, y aunque ella no conocía el origen del odio de Liam, estaba dispuesta a descubrirlo para sobrevivir.

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