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Capítulo 17: La verdad en el cuarto de lavandería

Autor: Chelencho
last update Fecha de publicación: 2025-07-08 14:41:06
El cuarto de lavandería del Grand Esmeralda era un rincón olvidado del lujo. Olía a detergente de lavanda, a tela recién planchada y a un leve toque de humedad que se filtraba desde las tuberías antiguas. Pilas de sábanas blancas se elevaban como montañas suaves bajo la luz amarillenta de una sola bombilla. Era un lugar humilde, casi invisible para los huéspedes… pero para Enrique se había convertido en el único espacio del hotel donde podía quitarse la máscara.

Leonela estaba de pie en el centr
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  • Un juego de engaños   Capítulo 24: Epílogo

    Seis meses después.La luz de la tarde entraba a raudales por los ventanales del despacho principal del Consorcio Eras. Leonela, sentada en el gran sillón de cuero que alguna vez perteneció a su padre, firmó con trazo firme y decidido el último documento. El sonido de la pluma sobre el papel fue casi ceremonial.Presidenta Ejecutiva.Las palabras brillaban en negro sobre el membrete dorado. A su lado, de pie y con una mano apoyada en su hombro, Enrique observaba con orgullo silencioso. Había renunciado a gran parte de sus responsabilidades directas en la cadena de hoteles para estar a su lado en este nuevo capítulo. “Mi imperio puede esperar”, le había dicho semanas atrás. “El tuyo apenas comienza”.Leonela dejó la pluma sobre la mesa y exhaló lentamente. Luego levantó la mirada hacia él, con los ojos brillantes.—Lo logramos —susurró.Enrique se inclinó y besó su sien con ternura.—Tú lo lograste —corrigió suavemente—. Yo solo tuve el privilegio de acompañarte.Esa misma tarde, escapa

  • Un juego de engaños   Capítulo 23: El legado y la elección

    La terraza del Grand Esmeralda estaba envuelta en una atmósfera de ensueño. Luces doradas colgaban como estrellas bajas, el aroma de las gardenias flotaba en el aire nocturno y el murmullo de la fiesta de compromiso falsa se filtraba desde el salón principal. Era todo apariencia: risas calculadas, vestidos caros y copas de champán que escondían puñales.Leonela estaba apoyada en la barandilla de piedra, contemplando los jardines iluminados, cuando una voz que odiaba con cada fibra de su ser rompió la calma.—Sigues estando preciosa —dijo Paul, acercándose con esa sonrisa lenta y arrogante que alguna vez la había hecho sentir especial.Llevaba un traje negro impecable, el cabello perfectamente peinado y esa expresión de quien cree que el mundo le debe algo. Leonela sintió un escalofrío de asco subirle por la espalda.—Vete, Paul —respondió con frialdad, sin siquiera girarse del todo.Pero él no se detuvo. Se acercó más, invadiendo su espacio hasta acorralarla suavemente contra la barand

  • Un juego de engaños   Capítulo 22: La verdad que libera

    La terraza del Grand Esmeralda estaba envuelta en una atmósfera de ensueño. Luces doradas colgaban como estrellas bajas, el aroma de las gardenias flotaba en el aire nocturno y el murmullo de la fiesta de compromiso falsa se filtraba desde el salón principal. Era todo apariencia: risas calculadas, vestidos caros y copas de champán que escondían puñales.Leonela estaba apoyada en la barandilla de piedra, contemplando los jardines iluminados, cuando una voz que odiaba con cada fibra de su ser rompió la calma.—Sigues estando preciosa —dijo Paul, acercándose con esa sonrisa lenta y arrogante que alguna vez la había hecho sentir especial.Llevaba un traje negro impecable, el cabello perfectamente peinado y esa expresión de quien cree que el mundo le debe algo. Leonela sintió un escalofrío de asco subirle por la espalda.—Vete, Paul —respondió con frialdad, sin siquiera girarse del todo.Pero él no se detuvo. Se acercó más, invadiendo su espacio hasta acorralarla suavemente contra la barand

  • Un juego de engaños   Capítulo 21: La verdad que duele

    En el interior del hotel, los pasillos brillaban bajo la luz cálida de los candelabros, y el murmullo del restaurante se desvanecía a la distancia. Enrique, con un traje impecable y una tensión apenas disimulada en los hombros, se acercó a Ignacio, un empleado del hotel cuya discreción era tan confiable como el tictac de un reloj suizo.—Lleva velas y champán a la habitación del penthouse —ordenó Enrique, su voz firme pero baja, como si temiera que las paredes escucharan—. Lo más rápido posible.Ignacio asintió, sus ojos esquivando los de Enrique con una mezcla de respeto y cautela.—Sí, señor —murmuró, y se alejó con pasos rápidos, perdiéndose en el laberinto de pasillos.Enrique exhaló, pasándose una mano por el cabello, pero su alivio duró poco. Una figura emergió de las sombras, su perfume dulzón precediéndola como una advertencia. Samara, con un vestido rojo que parecía arder contra su piel, sostenía dos copas de vino espumoso, las burbujas danzando como promesas rotas.—¿Enrique?

  • Un juego de engaños   Capítulo 20: La traición en el penthouse

    En el interior del hotel, los pasillos brillaban bajo la luz cálida de los candelabros, y el murmullo del restaurante se desvanecía a la distancia. Enrique, con un traje impecable y una tensión apenas disimulada en los hombros, se acercó a Ignacio, un empleado del hotel cuya discreción era tan confiable como el tictac de un reloj suizo.—Lleva velas y champán a la habitación del penthouse —ordenó Enrique, su voz firme pero baja, como si temiera que las paredes escucharan—. Lo más rápido posible.Ignacio asintió, sus ojos esquivando los de Enrique con una mezcla de respeto y cautela.—Sí, señor —murmuró, y se alejó con pasos rápidos, perdiéndose en el laberinto de pasillos.Enrique exhaló, pasándose una mano por el cabello, pero su alivio duró poco. Una figura emergió de las sombras, su perfume dulzón precediéndola como una advertencia. Samara, con un vestido rojo que parecía arder contra su piel, sostenía dos copas de vino espumoso, las burbujas danzando como promesas rotas.—¿Enrique?

  • Un juego de engaños   Capítulo 19: La grieta se profundiza

    Se alejó unos pasos, y Leonela, con el corazón latiendo con fuerza, agudizó el oído. La voz al otro lado del teléfono era clara, aunque distante.—Necesito que tengas una entrevista con Gloria esta noche.Enrique respondió, su tono profesional pero tenso.—Hoy no puedo, se me complica. Sé que quieres una posición en específico, pero estoy seguro de que Arnulfo puede encargarse.Leonela sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. ¿Posición específica? ¿Arnulfo? Su mente, alimentada por las palabras de Samara, dibujó una conclusión devastadora: Están manejando un negocio sucio. Un trío sexual, un intercambio de parejas… algo ilícito.Enrique colgó, girándose hacia ella, pero Leonela ya estaba retrocediendo, fingiendo leer un folleto del hotel para no ser descubierta. Él se acercó, su expresión cargada de urgencia.—Sé que tenemos que hablar, pero me llamaron por un asunto de última hora. ¿Hablamos luego?Leonela lo miró, sus ojos encendidos de dolor y desconfianza. ¿Por eso no quiso

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