LOGIN¡Feliz navidad a todos! Espero que estén disfrutando de esta bonita historia. Gracias por el apoyo.
Tras una noche llena de alegría, fantasías del futuro y besos apasionados, la mañana de navidad llega. Así que ambos se levantan temprano, para colocar los regalos debajo del árbol.Cuando todos despiertan, bajan, oliendo el aroma del café. Los niños se toman de la mano y corren hasta el árbol, gritando al ver muchos regalos con sus nombres.Todos se reúnen en la sala para compartir el momento mientras Beatrice y Raúl, cómplices, dan café, pan, galletas, y se dan miradas cómplices.Romina ayuda a sus primos abrir sus regalos, luego ella abre una caja pequeña. Al ver su contenido, ríe.—Papá… —Lo mira, con mejillas ardiendo, y luego ve a su tío.Raúl no entiende lo que sucede, todos los demás desvían la vista.—Le compré un teléfono hace más de un año —dice Raphael.El pelinegro abre la boca, sorprendido. La familia entera se alza de hombros, incluso Beatrice, así que él se siente engañado.—Pero es solo una niña, quedamos en que no lo tendría hasta los doce.—Pero tengo once y me regal
El día veintidós de diciembre, Beatrice y su pequeña familia se encuentran envueltos en la magia de preparar las hallacas. Valentina decora con pasas y aceitunas, Romina aprende a hacer el envoltorio especial con pabilo, mientras que sus padres hacen lo demás.Justo cuando se termina de sancochar la primera tanda de diez, el timbre suena. Beatrice besa la mejilla de su esposo cuando este se apresura a querer abrir, diciéndole que irá ella.Suspira por el exquisito aroma de la cocina, y abre la puerta. Sus ojos se abren en grande al ver a su mejor amiga junto a su presidente de junta, tomados de la mano.—¿Podemos pasar, señora de Meléndez? —cuestiona Theodore, sonriente.Beatrice los hace pasar, feliz. Le grita a Raúl que tienen invitados, y de repente este aparece en la sala, limpiándose las manos con el delantal. Ambos hombres se sorprenden al verse; uno resplandeciendo amor al lado de la chica, y el otro como un hombre de casa.A Theodore no le cabe duda de que Raúl está haciendo a
Esa noche, Raúl la llevó a su nuevo hogar, ya completamente equipado, y con la habitación principal preparada con rosas y corazones para su encuentro. Él la tomó, prometiéndose a sí mismo n volverla a defraudar, cuidarla, respetarla. Y ella se entregó, depositando su plena confianza y su corazón, sabiendo que, incluso si la vida les daba problemas, podrían superarlo, juntos.Tuvieron una pequeña luna de miel de dos días en Key West, y regresaron a sus respectivos antiguos hogares porque estaban ansiosos por la mudanza.El primer día viviendo oficialmente allí, durmieron todos en la misma cama, suspirando por la nueva vida que comenzaba.Al día siguiente, el resto de los Meléndez invadió su mansión, llevando comida para celebrar la mudanza. Y aunque en sí, estaban tristes porque ya no tendrían como antes, les llenaba el corazón de alegría ver lo felices que estaban.Ahora, es de nuevo fin de semana, y a primera hora de la mañana, el timbre suena.Beatrice se remueve en la cama, balbuce
Ambos decidieron que mudarse antes de casarse no era la mejor opción, pues ambos quieren darle un hogar establecido a sus hijas. Así que desde ese día, comenzaron los preparativos para la boda, pues desean poder decorar juntos su propia casa en la navidad que se acerca.Pero con tantas cosas que hacer en la empresa, Beatrice deja todo en manos de Raúl. Para la primera semana de diciembre, las cosas están casi listas. La boda está planeada para el sábado 12, sin embargo, ocurre un inconveniente.Raúl, tenso, sale del ascensor de Family Linkash. Saluda a Karina, y sin pedir permiso, como se ha acostumbrado ya, abre la puerta.Beatrice del lado dentro, concentrada en su laptop, alza la mirada.Su hombre. Su prometido. El amor de su vida.Raúl realmente quiere estar molesto pero cuando la ve, se siente como un niño, y hace una mueca, casi un puchero.—¿Cariño, qué ocurre? —cuestiona ella.—Cancelaron nuestra reservación. Nuestra boda y la de muchos otros, por problemas "técnicos".—¿En e
El mes de septiembre llega y con ello, los preparativos para el cumpleaños número siete de Valentina. Raúl quiere elaborar una gran fiesta, pero cuando cuestiona a su hija lo que ella quiere, se sorprende.—Quiero un hermanito.Beatrice escupe el jugo que estaba tomando, Romina ríe, cómplice. Raúl mira a ambas niñas, a su futura esposa, y traga hondo.—Eso… Eso es un regalo algo complicado, mi princesa —le explica, viendo que Beatrice vuelve a tomar color—. Además, es una decisión más de mamá que mía.Beatrice abre los ojos en grande, acusándolo por eso. Desde entonces, las niñas le insisten a su mami que les dé un hermanito.—Todavía hay tanto que hacer —murmura ella una noche contra su pecho, mirando el hermoso anillo de diamantes rosados en su dedo—. No sabemos cuándo vamos a casarnos, todavía no… no tenemos estabilidad.Raúl exhala. Lo comprende. En todas estas semanas han estado corriendo del departamento para tener más privacidad, a la mansión Meléndez. Pero no es como si ya hub
Una vez que se encuentran dentro de la suite, Raúl deja escapar un silbido. Todo está oscuro, pero ella toma su mano, guiándolo. Él solo se deja guiar. Porque jamás dudaría un segundo de ella.Los segundos pasan, con respiraciones pesadas. Y allí, en un pasillo, hay una luz tenue. Su corazón se aprieta y sus ojos se llenan de lágrimas al verlo. La habitación está iluminada con velas, y hay pétalos de rosas en la cama.¿Lo ha hecho para él? ¿Realmente merece tenerla?Las dudas se ven en su mirada cuando se encuentra con la de ella.Beatrice, nerviosa, frunce el ceño al notarlo algo perturbado.—No… ¿No le gusta?Puede sentir cómo la decepción comienza a expandirse. Pero no obtiene respuestas. No en palabras. Pues el pelinegro la acerca a su cuerpo y besa profundamente, dejando sus corazones resonando.Raúl junta sus frentes, apartando el cabello de su rostro.—Es una de las sorpresas más hermosas que he recibido —dice, sonriendo.Ella suspira, aliviada. Entonces lo toma del saco y lent







