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Capitulo 5

Autor: Yuni
last update Fecha de publicación: 2026-06-08 21:26:06

La noche había caído sobre la ciudad con un manto denso y vibrante, salpicado por las luces de neón que se reflejaban en el asfalto húmedo. En su habitación, Cassy se miraba al espejo por décima vez. Para la ocasión, se había dejado el cabello rizado suelto, permitiendo que sus bucles oscuros cayeran en cascada sobre sus hombros, enmarcando su rostro moreno. Se había aplicado un poco de brillo en los labios y vestía un vestido de punto color burdeos que se ajustaba con suavidad a su figura, cubriéndose con una chaqueta de cuero que Sandra le había prestado días atrás. Se sentía diferente, como si estuviera disfrazada de alguien que no tenía miedo.

Tras despedirse de su padre con una pequeña mentira sobre una "reunión de estudio", caminó hacia la parada de autobuses. El aire nocturno era frío y cortante, y el silencio de la calle la hacía caminar deprisa, con los sentidos alerta, recordando la sensación de la tarde: esa mirada invisible que parecía seguirla a todas partes.

Cuando llegó al bar, el estruendo de la música y el humo la golpearon de lleno. Era un lugar subterráneo, con paredes de ladrillo visto y una iluminación roja tan tenue que apenas permitía ver las caras de los presentes. Sandra y Olivia ya estaban allí, junto a un grupo de chicos que reían ruidosamente cerca de la barra.

—¡Cassy! ¡Viniste! —gritó Sandra, acercándose para abrazarla. Olía a perfume caro y a alcohol—. Ven, te presento a mi novio, Marcos.

Marcos era un chico de aspecto rudo pero sonrisa fácil, que la saludó con un gesto amable. Junto a él había dos amigos más, pero uno de ellos llamó la atención de Cassy de inmediato. Estaba sentado en un taburete alto, apartado del grupo principal, con la mirada perdida en su vaso. No hablaba, no reía, y su presencia emanaba una frialdad que desentonaba con la fiesta. Tenía una cicatriz pequeña en la ceja y movía los dedos con una inquietud nerviosa.

—Él es Javi —dijo Marcos, señalando al chico misterioso—. No le hagas mucho caso, hoy está de pocos amigos.

Se sentaron en una mesa circular y, casi de inmediato, las bebidas empezaron a llegar. Sandra puso una jarra de cerveza frente a Cassy.

—Vamos, Cassy. Solo un trago —insistió Sandra, con los ojos brillando bajo la luz roja—. Es viernes. Olvida los libros, olvida el pueblo. Prueba esto.

—No suelo beber... —murmuró Cassy, mirando el líquido ambarino con desconfianza.

—No seas aburrida —la pinchó Javi, hablando por primera vez. Su voz era áspera, cargada de una extraña amargura—. Un poco de cerveza no te va a matar. A menos que seas demasiado delicada para este sitio.

Presionada por las miradas y las risas de sus amigas, Cassy tomó la jarra y bebió un trago largo. El sabor amargo le quemó la garganta, pero sintió un calor repentino extendiéndose por su pecho. Al poco rato, el ruido y el calor del lugar empezaron a agobiarla.

—Voy al baño —le susurró a Olivia, quien asentía mientras reía de algo que decía Marcos.

Cassy se abrió paso entre la multitud, sintiéndose un poco mareada por el primer contacto con el alcohol y el exceso de gente. El pasillo que conducía a los baños era estrecho, iluminado por una sola bombilla parpadeante que proyectaba sombras largas y deformes contra las paredes. Al final del pasillo, donde la oscuridad era casi total, vio una figura.

Se detuvo en seco, y el corazón le dio un vuelco violento.

Allí, recostado contra una columna de hormigón, estaba Draven.

No llevaba la sudadera puesta esta vez, sino una camisa negra de seda con los primeros botones desabrochados, dejando ver el inicio de un tatuaje oscuro en su pecho. Tenía un cigarrillo entre los labios, y el humo rodeaba su cabeza como un aura fantasmal. Pero lo que más aterró —y fascinó— a Cassy fue lo que tenía en sus manos. Draven jugaba con una navaja automática, abriéndola y cerrándola con una agilidad mecánica, un clac-clac rítmico que cortaba el aire pesado del pasillo. El metal de la hoja brillaba cada vez que la luz de la bombilla parpadeaba.

Draven no dijo nada. Simplemente dejó de mover la navaja y la mantuvo abierta, apuntando hacia el suelo, mientras fijaba sus ojos oscuros en ella. Su mirada recorrió lentamente el cuerpo de Cassy, deteniéndose en su cuello, en su piel morena, y finalmente en sus ojos. No había rastro de sorpresa en él, como si hubiera estado esperando que ella apareciera en ese preciso momento.

Cassy sentía que las piernas le temblaban. Estaba atrapada entre la pared y su presencia imponente. La herida en su labio, que ella había notado por la tarde, se veía más oscura bajo esa luz roja, dándole un aire salvaje, de alguien que acababa de salir de una guerra que solo él comprendía.

—¿Me... me dejas pasar? —susurró ella, con la voz apenas audible por encima del pulso que martilleaba en sus oídos.

Él no se movió. Dio una calada profunda a su cigarrillo, soltando el humo muy despacio hacia el techo. Luego, con un movimiento lento y deliberado, cerró la navaja de un golpe seco y la guardó en el bolsillo de su pantalón. Se enderezó, dando un paso hacia ella. Cassy contuvo el aliento, esperando que dijera algo, que la tocara, que la amenazara… pero Draven solo pasó por su lado, rozando su hombro con el suyo. Fue un contacto eléctrico, un calor intenso que la dejó paralizada.

Él se detuvo un segundo justo detrás de ella, sin girarse, y Cassy pudo sentir su aliento cerca de su oreja. No habló, pero soltó una última bocanada de humo que la envolvió por completo antes de seguir caminando hacia la salida, desapareciendo en la penumbra del bar.

Cassy entró al baño y se apoyó contra el lavabo, respirando con dificultad. Se miró al espejo: sus mejillas estaban encendidas y sus pupilas dilatadas. El encuentro la había dejado en un estado de alerta máximo. Tardó varios minutos en calmarse antes de regresar a la mesa.

Cuando volvió, Olivia notó de inmediato que algo no iba bien.

—Cassy, estás pálida. ¿Qué pasó? —le preguntó Olivia, apartándola un poco del ruido de los demás.

—Él está aquí —susurró Cassy, acercándose al oído de su amiga, con las manos aún temblando—. Draven. Estaba en el pasillo… tenía una navaja, Olivia. Me estaba mirando de una forma… no dijo nada, pero sentí que me iba a desmayar allí mismo.

Olivia abrió los ojos con horror y miró hacia la barra, buscando la figura del chico oscuro.

—¿Una navaja? Te lo dije, Cassy, te lo dije… ese tipo es peligroso de verdad. No es un juego. Vámonos de aquí, esto no me gusta nada.

Pero mientras Olivia hablaba de marcharse, Cassy volvió a mirar hacia la entrada del bar. Draven ya no estaba, pero el olor a su tabaco y la sensación de la hoja de metal brillando en la oscuridad se habían quedado grabados en su mente, como una advertencia que, en lugar de alejarla, la arrastraba cada vez más hacia el abismo de su sombra.

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