LOGINSiempre me ha gustado tener el control, y ver cómo los demás se rompen me resulta… entretenido. Nunca me importó nadie, hasta que la vi a ella. Desde ese momento, supe que me pertenecía. Empecé a estar siempre ahí, a saber todo sobre su vida, sin que ella lo notara del todo. Solo siente que alguien la observa, que una sombra no se aleja nunca de su lado. Ella cree que soy alguien inofensivo, alguien que pasa por casualidad. No tiene ni idea de quién soy… ni de todo lo que haré para que nunca me abandone.
View MoreDraven la guió hasta uno de los sofás más amplios y lujosos del salón, situado en una esquina estratégica desde donde podía observar cada entrada, cada movimiento, cada persona que se acercaba. Sin pedir permiso, sin darle opción a negarse, la tomó por la cintura y la hizo sentar sobre su regazo, rodeándole la cintura con un brazo con firmeza, dejando claro ante cualquiera que mirara que ella no iba a ninguna parte sin su consentimiento. Cassy se tensó al instante, incómoda con todas aquellas miradas sobre ellos, y trató de apoyar los pies en el suelo para levantarse.-Quédate aquí -le susurró él al oído, apretándola contra sí con una advertencia clara en su voz-. No me hagas repetirlo. Cuanto más intentes alejarte, más cerca te tendré. ¿Entendido?Cassy se quedó inmóvil, sintiendo la rigidez de su cuerpo contra el suyo, el calor de su respiración en su cuello, y la incomodidad creciente de ser exhibida como un trofeo ante toda aquella gente que apenas conocía. Al otro lado del salón,
El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo de dorado y ámbar las ventanas de la habitación, cuando Cassy se acercó a él. Llevaba horas sentada junto a la ventana, observando cómo la luz se filtraba entre los árboles del bosque, sintiendo que cada minuto que pasaba era una eternidad de silencio y aislamiento. Sabía que no podía escapar. Sabía que cualquier intento terminaría igual que las veces anteriores. Pero también sabía que si no hacía algo, si no encontraba alguna forma de llenar aquellas horas interminables, perdería la cordura mucho antes de lo que pensaba.-Draven -dijo suavemente, deteniéndose a unos pasos de él, como siempre, manteniendo esa distancia incierta que le parecía más segura-. ¿Podría... podría hacer algo? Leer, pintar, cualquier cosa. No puedo pasarme el resto de mi vida mirando las paredes. Si voy a estar aquí... necesito ocupar mi mente. Por favor.Él la miró desde su silla, con aquellos ojos grises que siempre parecían estar evaluando cada palabra, cada
La luz grisácea del amanecer se filtraba tenuemente a través de las cortinas pesadas de terciopelo, dibujando sombras alargadas sobre la alfombra oscura. Cassy abrió los ojos lentamente, y lo primero que notó fue el silencio. No estaba la respiración pesada de Draven a su lado, ni el calor de su cuerpo pegado al suyo, ni su brazo rodeándola con esa posesión que se sentía como una cadena. Estaba sola. Y ese descubrimiento le arrancó un suspiro tembloroso de alivio, tan breve como doloroso, porque al moverse, la realidad regresó con una claridad que le hizo doler el pecho. Se quedó inmóvil unos instantes, mirando el techo, y poco a poco los recuerdos regresaron, vívidos y dolorosos como heridas abiertas: la iglesia, el cura tembloroso, el disparo al suelo, las palabras que había pronunciado contra su voluntad, el anillo pesado y frío en su dedo... Marido y mujer. Él lo llamaba amor. Le decía que era su destino, que siempre había sido suya, que solo él podía cuidarla y protegerla del mu
El beso duró un instante que se sintió eterno, pesado, como una cadena cerrándose alrededor del cuello de Cassy. Nadie se movió. Nadie respiró. El eco del disparo aún vibraba en las paredes de piedra de la iglesia, mezclándose con el sollozo ahogado de la novia y el latido desbocado del corazón de Cassy. Cuando Draven se apartó de ella, sus labios estaban rojos y brillantes, y en sus ojos no había rastro de ternura, solo la satisfacción absoluta de quien ha reclamado lo que considera suyo por derecho innegable.-Marido y mujer -pronunció el cura con voz quebrada, apresurada, sin levantar la mirada-. Puede... puede besar a su esposa.-Ya lo hice -respondió Draven con frialdad, sin soltarla, con los dedos hundiéndose en su cintura con una presión que dejaba claro que no había ninguna ceremonia que pudiera hacerla más suya de lo que ya era-. Y no será la última vez.Giró sobre sus talones, arrastrándola con él, sin darle tiempo a mirar atrás, sin permitirle despedirse de nadie, sin dejar












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