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Secuestro

Author: Blanca Rios
last update publish date: 2024-06-08 02:15:31

—¿Usted, es enserio? —me alejo rápido de él, pero me toma de la mano para impedirme huir —¡Suélteme!

—¡Oye idiota suelta a mi mama!

La mira molesta por entrometerse. Mi hija lo mordió haciéndolo gritar y maldecirla. Llena de coraje le di una patada en sus testículos.

—¡Esto es por lo de antes imbécil!

—¡¡Ahí está!!

Volteo a ver por donde venia corriendo y vi a los mismos sujetos de hace un rato en el parque.

—¡Carajo!

Salí corriendo despavorida junto con mi hija hasta que pude huir de ellos. “qué diablos fue eso” me detuve cerca de mi casa y tomo bocanadas de aire porque siento que me muero por tanto correr

 “si lo sé, no soy atlética”

—Mami, ¿estas bien?

Le sonrío porque gracias a ella pude huir, la abrazo y la beso sin parar. Pero ella me llama nuevamente señalando hacia el edificio.

—Ahí no!!…

 Mis cosas… vi como estaban sacando todas nuestras cosas a la calle. Empuño mis manos conteniendo mi rabia. Sentí tanta impotencia al ver cómo sacaban mis cosas del edificio que me impidió moverme de mi lugar.

“si tan solo me hubieran pagado mi liquidación… habría podido paga un mes”

—¡No la dejen ir!

Esa voz me hace reaccionar de inmediato para escapar otra vez, pero era demasiado tarde.

—¡No!…

—No lo haga más difícil señora Villanueva. —dijo el tipo molesto —súbanlas al auto rápido.

Por la fuerza nos arrastraron hasta el auto y nos metieron al auto, me encuentro nuevamente con la cara de mi exjefe. La cara de pocos amigos de Abel Vlarios y era peor que antes, me quería matar con solo verme y creo saber porque razón.

—¡Tú, déjanos ir! —gritó mi hija en la cara de mi exjefe. —¡Esto es un secuestro!

—Ya deja de gritar niña que nadie te está secuestrando.

—Es un secuestro y no voy a dejar de gritarlo a los cuatro vientos. ¡Ayuda, nos están secuestrando!

—¡Ya basta mocosa! —dijo exasperado —Nadie te va a creer que estás siendo secuestrada.

—Soy una dulce y angelical niña que pedirá auxilio a la primera persona que pase por aquí. ¡Ayuda!…

Le cubre la boca a mi hija con sus manos para que se calle. Cabreada lo pateo otra vez, pero en el pecho para que se aleje de ella. Me mira colérico y sacude su ropa.

—¿Acaso eres una yegua o qué?

—Por mi hija soy hasta el mismo diablo.

Rueda sus ojos.

—Mejor siéntate mocosa —suelta con ese deje de desprecio que les da a todos. —Y tú, —Me mira fijamente —Mantenla callada si no quieres que todo se haga peor, para ti claro.

—¡A quien le dice mocosa!

Violet (Vayolet) le da una patada en la tibia derecha haciéndolo maldecir.

—¡Qué demonios pasa con ustedes par de yeguas!…

—Ni siquiera lo piense. —advertí al verlo venir hacia nosotras. —Por mi hija soy capaz de convertirme en asesina y con usted, me sobra las ganas de hacerlo.

Me mira con sorpresa, esquiva mi mirada y vuelve a su lugar molesto. El chofer le pregunta a donde nos llevaría y le dice que a la residencia de su padre. Abrazo a mi hija mientras que ella le lanza miradas asesinas a mi exjefe

Observo la entrada con un gran portón enorme con la inicial V que se parte en dos al abrirse los portones de hierro; admiro la enorme mansión de la familia más rica de este país. La arquitectura es clásica, con múltiples balcones, grandes ventanas y una extensa escalinata que conduce a la entrada principal. La iluminación resalta las características del edificio y crea un ambiente acogedor.

“¡Woow…El edificio parece un palacio!”

El auto se detuvo y el sale primero con mucha elegancia y porte nosotras lo seguimos detrás todas desabridas y sin ninguna pizca de gracia. Le exijo que me dijera lo que estaba pasando, pero no me responde y me dice que me quede callada y que controle a mi hija.

—¿Por qué haría eso?

—Si te quieres largar de aquí, lo harás, pero a mi modo, loca..

Si, lo había olvidado, el siempre me llamo de esa forma que odio.

—Lo haré porque no quiero que me pase la amargura que se carga. Debería de cuidarse porque dicen que de tanta amargura salen canas y yo a usted le veo varias.

—Eso no es cierto —replica molesto.

—Mi mami tiene razón. —mi hija señala su cabeza —Mire ahí tiene una, ah, también arrugas en la frente. Ay no, que horrible.

—Uy que suerte que las locas como yo, no envejecemos. —murmuro en su cara acariciando la mía —Nos mantenemos jóvenes y bellas naturalmente, no como los amargados y obsesionados por la avaricia.

Levanta su mano en puño, cierra sus ojos y nos da la espalda.

Cuando nos alejamos de él nos reímos porque su cara era de disgusto y miedo. Volteamos a verlo y estaba viéndose en el retrovisor del auto. Nos burlamos ya que parece ser que si le tiene miedo a envejecer.

Escuchamos como lo llaman, observo a una mujer hermosa, castaña clara color de ojos ámbar como uno de los ojos de mi hija, me quedé sorprendida al ver su cuerpo, era perfecto a los estándares de belleza social, la ropa deportiva en su cuerpo se veía lindo por no decir espectacular.

—Trajiste a la mujer hermano.

—¿Her…mano? —repito confundida —Es…

Nunca la había visto, los hermanos o padres de Abel Vlarios, nunca iban a la empresa, nunca. Ella se acercó a él y conversaron, y si, ellos me miraron a mi fijamente haciendo que me incomodara porque seguramente están comiendo viva por la forma en que estoy vestido yo y mi hija.

“¿Enserio todos en esta familia poseen esa soberbia y arrogancia en la mirada?”

Evito mirarlos porque de alguna forma, son intimidantes. El tipo que nos atrapó nos llevó hasta una habitación, nos pide no salir porque no sería bueno para nosotros. Al salir él, escucho que cierra con seguro la puerta.

—¿Qué hacemos aquí mami?

—Lo mismo me pregunto yo hija.

No sé qué demonios está pasando y porque él me perseguía como loco para que no me escapara. Lo único que sé es que estábamos encarceladas y permanecimos aquí  por varias horas hasta que escuché que gritaban que abrieran la puerta o de lo contrario la tumbaría.

—Ay, pero qué vieja más histérica

Mi hija estaba dormida así que rápidamente la escondi en la otra habitación que se unía a esta. La cerré rápidamente cuando escuché que abrieron la puerta principal de golpe.

—¡Donde esta esa perra!

Una mujer mayor me busca desesperadamente con la vista y cuando me ubica prácticamente se me tiró encima con las bofetadas en mi cara. Los demás no hacían nada para quitármela de encima, no quería defenderme porque es una mujer mayor y estas personas han demostrado ser problemáticas y podrían enviarme a prisión si la golpeo.

—¡Ya basta madre!.

Alguien me defendió, cuando vi a mi defensor me quedé (jeta abierta) como decimos en mi país. Era él, mi exjefe, Abel.

—¡Como defiendes a esa mujer! ¡Como es posible que le hagas esto a tu madre!

—Necesito que todos salgan ahora mismo. —dijo con calma en su voz.

—Jamás voy a permitirlo Abel. —exclama ella furiosa —Escúchame bien…

—Madre. —dice con enfado —Sal… de aquí.

“¡Que demonios, pasa porque no se dicen lo que pasa y porque rayos estoy envuelta en esto!”

—¡Abel Maximiliano Vlarios!…

—Es mi decisión, madre, puedes patalear, relinchar o lo que quieras, así que te voy a pedir que la respetes, porque ya no puedes hacer nada.

—Sabes muy bien que no tienes voz en esta familia.

Me di cuenta de el enojo de mi ex jefe por lo que le acaba de decir así que me aleje de él.

—Claro que la tengo, madre. —sentía que sus miradas eran como si fuera un desafío mortal —Porque ella y yo, estamos casados.

“¿Eh?…”

—¿Quiénes están casados? —pregunto de inmediato consternada.

—Nosotros.

—Ah!…

Es lo único que sale de mi boca, hasta que el veinte me cae en la cara dejándome petrificada.

“¡Qué diablos dijo! ¡Casados nosotros! ¡Está loco!”

Mi yo interno me grita en la cabeza que tomara a mi hija y saliera corriendo de esta casa de locos, pero mi razón me golpeaba en la cara al hacerme ver que no llegaría ni la entrada principal porque me volverían a golpear posiblemente y me encierren en prisión por cualquier estupidez que uno de ellos se invente y claro que ahora no me conviene eso, no por mi hija.

—Esto no se quedará así, eso te lo juro. —dijo la señora señalándome con el dedo —Zorra.

Mi expresión de pánico y miedo no cambia, estoy segura que mi cara está tan blanca como la hoja de un papel. Estoy que me muero de terror porque esta m****a apesta, enserio porque esa vieja me atacó por algo del que no tenía ni idea y ahora me amenaza.

“Diosito, sé que no soy de tus hijas favoritas, pero esto ya es demasiado castigo para mí horrible y desdichada vida”

Todos abandonaron la habitación, menos él. Se quedo de pie frente a mí, podía ver su espalda ancha, su cabello muy bien ordenado hacia atrás, “para mi parece que su cabello lo lambió una vaca”, pero no negaré que le queda bien después de todo se vería horrible si estuviera desordenado.

—O–Oiga que hace… —dije nerviosa al ver que estaba poniendo el seguro en la puerta. —Mire… no sé qué es lo que está pasando…

—Cállate y escucha. —habla Molesto —Iré al grano.

—Como siempre —ruedo mis ojos y él bufa como si fuera una bomba de tiempo a punto de explotar así que lo dejo continuar.

—Todos creen que la hija que tienes, es mía.

Parpadeo y luego me burlo, “ay por favor quien va creer esa mentira, nadie sería tan estúpido para creerlo“ muevo mi mano exageradamente y me río sin contenerme pero su mirada neutra me hace ver que no está jugando.

—M-Mi hija… ¡¿Qué mi hija que?

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