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Una Diva en XL
Una Diva en XL
Author: Julia River

Capítulo 1 Divorciada y contratada

Author: Julia River
last update publish date: 2026-02-02 11:52:31

POV Selena

Viernes, 9 AM

Suspiro en la oficina del abogado como si fuera el último adiós. Y bueno, si me pongo a pensar, lo es.

Después de diez años de matrimonio, unos doce kilos de más y una infinidad de maltrato silencioso, espero que esta sea la última vez que tenga que ver al engendro de mi exesposo, el gran doctor Enzo Visconti.

—Firme aquí y aquí, por favor, señora Visconti —me indica el abogado.

Yo lo miro con cara de asesina serial, clavándole mis hermosos ojos pardos.

—Barker... —corrijo con una furiosa seriedad—. Soy Selena Barker.

Firmo con rapidez bajo la atenta mirada de mi adorado exesposo. Posiblemente, hasta el último momento estuvo creído de que le iba a poner algún problema, a inventar excusas o a rogarle para que tratemos de enmendar el matrimonio. Esa estupidez la cometí una vez; dos no solo sería una estupidez, sino firmar la sentencia de muerte de mi dignidad.

Cuando termino de firmar, lo miro esbozando una sonrisa cargada de sorna y le paso el documento para que lo firme él.

—Espero que estés conforme con el acuerdo. No quiero que tus padres piensen que te dejo en la ruina —dice mientras firma.

Me muerdo el labio para no responder. El predecible Enzo, siempre pensando en lo que dirán los demás de él. Nunca le importó mi opinión y mucho menos mis sentimientos. Diez años de los cuales ocho fueron un verdadero infierno. Me pregunto una y otra vez por qué callé y seguí.

Suspiro hondo y hago una mueca cargada de desdén. Iba a guardar silencio, pero me digo que ya fue demasiado y que tengo que sacar a relucir esa sinceridad atroz con la que nací y que por mucho tiempo mantuve de rehén por no romper la "paz familiar".

—No te preocupes, Enzo. Mis padres te van a seguir queriendo, aunque se enteren de que le compraste el último BM a tu noviecita de turno —digo y me pongo de pie como si fuera la emperatriz de Rusia, mostrando que mi dignidad ya no se negocia—. Si no fuese porque tengo un hijo que necesita lo mínimo para vivir, te habría dejado todo para que te lo metas en donde no te da el sol.

Tomo mi hermoso bolso Gucci.

—Buenos días.

Mi ahora exmarido y su abogado se quedaron con la boca abierta mientras yo, sin mirar atrás, me iba de ese lugar seguida por mi abogada y mejor amiga, Laura Soriano.

—En un momento pensé que le ibas a meter una bofetada. Te juro que temí que todo se fuera al diablo. Ese tipo es insufrible.

Yo niego con la cabeza y sonrío.

—Enzo siempre fue así, solo que yo estaba tan enamorada que siempre justificaba todo —digo mientras pulso el botón del ascensor—. Y después, cuando nació Luca, pensé que las cosas iban a cambiar, pero eso nunca sucedió.

—¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Pensaste en lo que vas a hacer?

Saco de mi bolso una pequeña carpeta con dos pobres hojas.

—Me voy a presentar donde me dijiste —le digo sonriendo—. Total, el "no" ya lo tengo, ¿no?

Laurita asiente.

—Con intentarlo no pierdes nada, amiga. Sé que tu formación es mucha para ser una simple secretaria... pero bueno, por algo se empieza, ¿no? —me mira de reojo.

Yo la miro arqueando una ceja.

—¿Qué tengo? ¿No combiné bien mi ropa o qué? —le digo mirándome—. Fue lo último de Armani que me compré cuando le detoné la extensión de la tarjeta a mi amado ex —bromeo, posando.

Claro que lo hice. Porque tengo dignidad y orgullo, ¿pero tonta? No, ni un pelo. El último año me dediqué a darme todos los gustos de los que me había privado. Ya de la Selena tranquila y buena esposa no quedaba nada.

—No, estás bien vestida. Siempre tuviste buen gusto para eso, solo que, en ese lugar, ahora que lo pienso, cuidan bastante la estética —mi amiga agacha la cabeza y me dice por lo bajo—: No quiero que te sientas mal... pero por ahí tu físico te juega en contra. Convengamos que estás un poquito pasada de kilos.

Yo me miro en el espejo del ascensor y me río.

—Bueno, no seré una modelo de Victoria's Secret, pero tengo lo mío. Para tener treinta y cinco años, yo me veo bien.

Una quiere hacer un esfuerzo por mantener el amor propio y la buena energía en alto, pero a veces el entorno no ayuda, entiendo que me lo dice por mi bien, pero ya me aburren con eso.

Yo me siento hermosa, libre y única. ¿Está mal eso? no lo creo.

Salgo de ahí como alma que se lleva el diablo, directo a la entrevista de trabajo, quedando con Laurita en vernos en un club exclusivo a la noche para celebrar mi divorcio.

Desde que tomé la decisión de separarme de esa calamidad masculina, comencé a buscar trabajo, pero me ha costado mucho porque nunca he trabajado en el ámbito para el que estudié. En mi casa estaba mañana, tarde y noche cumpliendo el rol de esposa y madre. Si bien con el paso del tiempo logré terminar mis estudios, nunca pude ejercer.

Así que, por recomendación de Laura, me postulé para trabajar en la empresa de uno de los hombres más famosos y ricos del país: Alessandro Di Doménico.

Estaciono y bajo con una esperanza que ni sé de dónde sale. El lugar parece un desfile fijo: hombres con trajes impolutos y mujeres divinas con vestidos entallados, tacones de diez centímetros. No entiendo cómo caminan sin fracturarse. Me acomodo el cabello oscuro y lacio, respiro y me acerco a la recepción.

—Soy Selena Barker. Vengo por el puesto de secretaria ejecutiva —digo abrazando mi Gucci como si tuviera superpoderes.

La recepcionista me escanea.

—¿Qué pasa? ¿Se me corrió el labial? —le lanzo, cansada.

Ella se sobresalta y sonríe.

—Pase al último piso. Están entrevistando arriba.

Subo y me coloco mis anteojos porque no sé si son los nervios o qué, pero mi pequeña miopía me está jugando en contra y empiezo a ver borroso. Al entrar al piso, la escena es clara: desfile de Barbies. Genial. De aquí salgo como entré: desempleada.

Me siento y, de inmediato, una mujer de unos sesenta años me hace señas.

—¿A mí? —pregunto, incrédula.

—Sí, usted.

Entro a una oficina y ahí está: una mujer sacada de revista, un monumento humano. La conozco. Eleonora Montalvo, la novia del jefe, o eso dicen los medios.

—La llamé porque, de todas las aspirantes, es la que más se ajusta a lo que busco. El puesto de Rita no lo puede ocupar cualquiera.

—¿Pero vio mi currículo? —le pregunto.

Lo toma y lo ojea como si fuera un volante.

—Tiene un hijo. Mejor. Está contratada. Preséntese el lunes a las nueve. Rita le explicará todo —sonríe, fría—. Mi prometido es un hombre particular. Necesito gente de mi confianza cerca de él.

Me miró de una manera extraña y yo me sentí en una escena de El Padrino. Trago saliva y asiento, agradecida. Estoy feliz por tener trabajo e inquieta por el jefe.

¿Qué quiso decir con que el señor en cuestión es un tanto particular? Es verdad que mucho no se sabe de él, solo que es multimillonario y que las fotos que le toman siempre son "robadas"; su perfil es muy bajo.

Bueno, como sea, estoy lista para lo que venga. Universo, ahí voy.

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