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Author: Susan
last update publish date: 2026-09-03 06:16:20

Después de que Julián terminó de hablar, la sala quedó en silencio durante varios segundos.

Arturo rompió ese silencio.

—Muy conmovedor. —Apoyó ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia adelante. —Pero seguimos hablando de una Rivera.

Recorrió la mesa con la mirada, buscando apoyo en los rostros de los consejeros más cercanos a él.

—¿De verdad pretenden entregar Obsidian, aunque sea de manera temporal, a alguien que pertenece a la misma familia que lleva años intentando arrebatarnos
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  • Una Heredera en Garantía    467

    Volvieron a la terraza con la naturalidad estudiada de dos personas que han acordado, sin necesidad de discutirlo, que nada de lo que acaba de ocurrir en esa habitación va a ser visible en sus rostros durante los próximos minutos. Daniel sujetó la puerta. Victoria entró primero. El ambiente de la terraza había cambiado durante su ausencia. No dramáticamente, no con ningún incidente visible todavía, pero había algo en la distribución de las miradas alrededor de la mesa que indicaba que la conversación había derivado hacia algún territorio que nadie había planeado explorar esa noche. Lex los vio entrar y algo en su expresión, apenas perceptible, comunicó exactamente eso: que las cosas habían escalado sin ninguna ayuda externa durante los últimos quince minutos. —Justo a tiempo —murmuró, lo suficientemente bajo para que solo Daniel lo escuchara al pasar junto a él. Daniel tomó su lugar sin responder. Victoria hizo lo mismo, aceptando el vaso de agua que uno de los empleados le ofrec

  • Una Heredera en Garantía    466

    Caminaron por el pasillo interior en silencio durante varios segundos. Las luces de las decoraciones navideñas proyectaban sombras largas sobre las paredes, y el ruido de la cena se fue convirtiendo en un murmullo distante que terminó de desaparecer cuando doblaron hacia el ala principal. Fue entonces cuando Victoria habló. —¿Qué fue eso? —¿A qué te refieres? —Lo de la bebida. Lo de querer probarla tú primero. Daniel continuó caminando hacia la escalera sin alterar el paso. —Tenía curiosidad. —Eso no es una respuesta, Daniel. —Es la única que recibirás por ahora. Subieron las escaleras en un silencio que era considerablemente más cargado que el que habían dejado en la terraza. Victoria lo siguió sin insistir de momento, pero la pregunta seguía ahí, instalada entre los dos con la persistencia de algo que no se disuelve solo con ignorarlo. —¿De verdad ibas a beberlo? —Sí. —¿Por qué? Daniel se detuvo frente a la puerta de su habitación. No la abrió de inmediato.

  • Una Heredera en Garantía    465

    Contra todo pronóstico, la cena estaba resultando extrañamente tranquila. Adele hablaba con la animación de siempre sobre una receta que pensaba preparar al día siguiente, describiendo con un detalle considerable la diferencia entre dos tipos de canela que aparentemente no todo el mundo apreciaba correctamente. Lex y Estefany habían derivado hacia una discusión sobre si un árbol de Navidad debía llevar luces blancas o de colores, un debate que ambos sostenían con una seriedad desproporcionada al tema. Ricardo intentaba, con una paciencia que delataba que ya lo había intentado varias veces esa noche, convencer a su esposa de que era prematuramente optimista pedir una tercera porción de postre antes de que el postre hubiera llegado siquiera a la mesa. Incluso Arturo y Gael habían optado, al menos momentáneamente, por el acuerdo tácito de ignorar la existencia del otro con una cortesía que ninguno de los dos habría descrito como tal pero que funcionaba como tal de todas formas. Victor

  • Una Heredera en Garantía    464

    Lex, desde su rincón, intercambió una mirada con Julián que contenía aproximadamente quince conversaciones simultáneas sin pronunciar una sola palabra. Estefany miraba su copa de agua con una concentración que no tenía absolutamente nada que ver con el agua. Adele, con la velocidad de alguien que lleva décadas interviniendo en momentos que necesitan ser intervenidos, abrió la boca con la serenidad de quien tiene fe genuina en que las cosas eventualmente mejoran. —¡Afortunadamente nadie puede predecir el futuro con certeza! Las circunstancias cambian, las personas cambian, y lo que alguien dijo en un momento determinado no necesariamente refleja lo que... Una de las empleadas apareció en el umbral de la sala con una oportunidad perfecta. —La cena está lista. Pueden pasar a la terraza cuando gusten. Adele tomó esa interrupción con la gratitud de quien acaba de recibir exactamente el salvavidas que necesitaba. —¡Perfecto! Vamos todos, que la comida no mejora esperando. --

  • Una Heredera en Garantía    463

    El aroma a canela y pino llenaba la sala principal con esa densidad específica de las casas que se han decorado con verdadero entusiasmo. Adele conversaba animadamente con Victoria sobre si el árbol del segundo piso necesitaba o no una hilera adicional de luces, una discusión que llevaba ya varios minutos sin acercarse a ninguna resolución. —Tres árboles son más que suficientes para cualquier mansión, Adele. —El del segundo piso se ve un poco escaso desde el pasillo. —El del segundo piso tiene doscientas luces. —Doscientas cuarenta y siete, y aun así el lado izquierdo se ve más apagado. Victoria sostuvo la mirada de Adele con la paciencia de quien sabe que esta batalla específica no tiene ganador posible. Daniel permanecía sentado en uno de los sillones, escuchando solo a medias, con la vista moviéndose distraídamente entre el árbol en cuestión y la conversación. Gael ocupaba el asiento frente a él, con una copa de agua entre las manos y esa postura tranquila de quien ha decidid

  • Una Heredera en Garantía    462

    Continuaron caminando por el sendero que bordeaba el jardín trasero hasta que los árboles se abrieron y el lago apareció frente a ellos. Era un espejo oscuro rodeado de nieve, perfectamente quieto, con las luces de la mansión reflejándose en la superficie del agua como si hubiera un segundo jardín iluminado debajo. El frío era más notorio ahí, sin los árboles como barrera, pero había algo en ese espacio abierto que justificaba haberse alejado tanto de la mansión. Se detuvieron al borde del sendero, mirando el agua durante un momento sin que ninguno sintiera la necesidad de decir nada todavía. —¿Y tú? Victoria levantó la vista hacia él. —¿Qué? —¿Te gusta la Navidad? Hablamos de mis villancicos desafinados pero no de ti. Ella sonrió apenas, con los ojos todavía en el lago. —Sí. —¿Por qué? Tardó unos segundos en responder, eligiendo las palabras con el cuidado de quien está hablando de algo que todavía tiene peso. —Mi madre la adoraba. Era su época favorita del año, sin ningun

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