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—¡Más alto, Sophie!
La risa de Ethan inundó el jardín mientras el columpio se elevaba una vez más. Sonreí sin darme cuenta. —Si te impulso más alto, tu mamá me despedirá antes de tiempo. —¡No lo hará! —¿Ah, no? —Porque soy tu jefe y digo que no. Reí. —Vaya... entonces tendré que obedecer al señor Ethan Parker. El pequeño infló el pecho con orgullo antes de volver a estirar los brazos hacia el cielo. Quizá por eso amaba tanto mi trabajo. Después de crecer en un internado y pasar buena parte de mi vida aprendiendo a arreglármelas sola, cuidar de niños había terminado convirtiéndose en algo más que un empleo. Era lo más parecido a tener un hogar. Y durante los últimos cuatro años, la familia Parker había sido una de las pocas que me había hecho sentir que pertenecía a algún lugar. —Sophie. La voz de la señora Parker interrumpió mis pensamientos. Giré la cabeza hacia la terraza. Estaba junto a la puerta de cristal, sosteniendo una taza de café entre las manos. Su sonrisa seguía siendo amable, pero había algo diferente en sus ojos. —¿Ocurre algo? Respiró hondo. —¿Podemos hablar un momento? Asentí. Nos alejamos unos pasos mientras Ethan corría detrás de una mariposa entre los rosales. —Mi esposo ha aceptado una oferta de trabajo en Suiza. Sentí un pequeño vuelco en el estómago. —¿Van a mudarse? —Dentro de dos semanas. No hizo falta que dijera nada más. Mi contrato terminaría. —Lo siento muchísimo, Sophie —dijo con sinceridad—. Si dependiera de nosotros, seguirías formando parte de esta familia. Sonreí, aunque me costó un poco. —No tiene que disculparse. Es una oportunidad maravillosa para ustedes. Y lo decía de corazón. Los Parker siempre me habían tratado con respeto. Nunca me hicieron sentir inferior por ser la niñera de Ethan. —Él va a extrañarte muchísimo. Miré al pequeño. Yo también iba a extrañarlo. Había estado presente en sus primeros días de escuela, en sus miedos nocturnos, en sus lágrimas y en cada uno de sus pequeños logros. Era imposible no encariñarse. —Hay algo más que quiero decirte. Volví a mirarla. —Hace unos días hablé con la directora de BellCare. Fruncí el ceño. —¿La agencia? Ella sonrió. —Les hablé de ti. Muy bien, por cierto. La sorpresa debió reflejarse en mi rostro. —Recibieron una solicitud muy particular. Están buscando una niñera con experiencia, excelentes referencias... y absoluta discreción. Mi curiosidad despertó. —¿Qué clase de familia? La señora Parker dudó. —No me dieron demasiados detalles. Solo sé que pertenece a una de las familias más influyentes de Bellmont. Solté una pequeña risa. —Eso suena un poco intimidante. —Tal vez. Pero creo que podría ser la mejor oportunidad de tu carrera. Sus palabras quedaron suspendidas entre las dos. Nunca había trabajado para una familia de la élite de Bellmont. Y, siendo sincera, tampoco estaba en posición de rechazar una buena oportunidad sin conocerla primero. —La agencia se pondrá en contacto contigo muy pronto. Asentí. —Gracias... por recomendarme. —No me des las gracias. Solo dije la verdad. La señora Parker me acompañó hasta la puerta principal. Antes de despedirnos, tomó mis manos entre las suyas. —La agencia se comunicará contigo en uno o dos días. Ya envié mi carta de recomendación y hablé personalmente con la directora. La miré sorprendida. —No tenía por qué hacer todo eso. —Claro que sí. Su sonrisa fue cálida. —Personas como tú son difíciles de encontrar. Sentí un ligero calor en las mejillas. Nos abrazamos una última vez. Después crucé el portón de la residencia Parker y emprendí el camino hacia la parada del autobús. Bellmont seguía latiendo con la intensidad de siempre, llena de edificios elegantes, automóviles de lujo y personas que parecían tener siempre algún lugar importante al que llegar. Yo pertenecía a otro mundo. Y nunca me había molestado. El autobús llegó pocos minutos después. Subí y tomé asiento junto a una ventana. Apenas comenzó a avanzar, saqué el teléfono del bolso. La pantalla se iluminó con un nombre que consiguió hacerme sonreír. Emily. —¿Cómo estuvo el hospital? —pregunté. Emily soltó un suspiro. —Lleno. Agotador. Caótico. Pero sobreviví. —Eso ya es una victoria. —Totalmente. Hubo un breve silencio. —¿Y tú? Miré por la ventana. —Los Parker se mudan a Suiza. Emily guardó silencio. —Lo siento mucho, Soph. —Yo también. —Ethan debe estar destrozado. —Todavía no entiende del todo lo que significa una mudanza. —¿Y tú? Apoyé la cabeza contra el cristal. —Yo sí. Emily no respondió enseguida. Sabía exactamente lo mucho que me costaban las despedidas. —Encontrarás otra familia —dijo finalmente—. Siempre lo haces. Quise creerle. Porque, aunque amaba mi trabajo, también dependía de él para sobrevivir. Cuando llegué al apartamento, el aroma de salsa de tomate, ajo y queso invadió mis sentidos. Fruncí el ceño. —Huele... bastante bien. Emily apareció desde la cocina con una cuchara de madera en la mano. —¿Eso fue un cumplido? Dejé el bolso sobre el sofá. —Todavía no. Primero tengo que probar la comida. —Qué poca fe me tienes. —La última vez casi llamamos a los bomberos. Emily señaló la olla con orgullo. —Hoy no hubo incendios. —Eso me preocupa más. Las dos estallamos en carcajadas. Aquel pequeño apartamento no era grande ni elegante, pero era nuestro hogar. Emily no era mi hermana ni compartíamos la misma sangre. Pero durante los últimos cuatro años se había convertido en la familia que nunca tuve. Mientras cenábamos, le conté lo ocurrido con los Parker. —Entonces... ¿ahora qué harás? —preguntó. —Esperar que BellCare encuentre otra familia para mí. La conversación continuó hasta que Emily mencionó algo que hizo desaparecer mi sonrisa. —Por cierto... Daniel volvió a preguntar por ti. Suspiré. —¿Otra vez? —Otra vez. —He estado trabajando. Emily cruzó los brazos. —Ajá... Conocía perfectamente esa mirada. —No empieces. —Solo digo que Daniel es guapo, amable, tiene un buen trabajo y lleva meses intentando invitarte a salir. —Y yo llevo meses diciéndole que no tengo tiempo. Emily apoyó el codo sobre la mesa. —Tiempo sí tienes. Hizo una pausa. —Lo que no tienes son ganas. No respondí. Porque tenía razón. Daniel era un buen hombre. Pero cada vez que intentaba imaginarme saliendo con él y simplemente no sentía nada. Antes de que pudiera decir algo, mi móvil sonó. Agencia BellCare. Emily sonrió y yo espiré hondo antes de responder. —¿Hola? —¿Señorita Sophie Collins? La voz elegante y serena de la directora de BellCare llegó con total claridad. —Sí, soy yo. —Habla Victoria Moreau. Tenemos una propuesta laboral para usted. Mi espalda se tensó. —Una familia que solicitó una niñera revisó todos los perfiles disponibles. Guardé silencio. —Entre más de cuarenta candidatas... Mi corazón comenzó a latir un poco más deprisa. —...la eligieron a usted para una entrevista privada. Miré a Emily, que seguía cada palabra con absoluta curiosidad. —¿A mí? —Así es. No entendía por qué. —¿Puedo preguntar de qué familia se trata? Hubo un pequeño silencio al otro lado de la línea. —Lamentablemente, esa información es confidencial hasta que firme un acuerdo de discreción. Aquello me sorprendió. —La entrevista será mañana a las ocho de la mañana en nuestras oficinas. —¿Debo llevar algo? —Únicamente su documentación. Hizo una pausa. —Y puntualidad, señorita Collins. —Estaré allí. —Excelente. Nos vemos mañana. La llamada terminó. Mañana descubriría quién necesitaba una niñera con absoluta discreción. Y, por alguna razón, tenía la sensación de que aquella entrevista iba a cambiar mi vida...El sol apenas comenzaba a iluminar la habitación cuando abrí los ojos.Durante unos segundos no recordé dónde estaba.Hasta que sentí el peso de un brazo alrededor de mi cintura.Giré ligeramente la cabeza.Lorenzo dormía detrás de mí, con el rostro relajado y el cabello completamente desordenado. Era extraño verlo así. Tan tranquilo. Tan diferente al hombre serio y calculador que todos parecían conocer.Intenté moverme con cuidado.Mala idea.Su brazo se tensó inmediatamente alrededor de mi cuerpo.—¿A dónde crees que vas?Su voz ronca me hizo sonreír.—Buenos días para ti también.—No has respondido mi pregunta.—Tengo que levantarme.—No.Giré mi cuerpo para mirarlo.—¿Cómo que no?Lorenzo abrió lentamente los ojos.—Hoy no trabajarás.—Lorenzo, soy la niñera de Noah. Tengo que trabajar.—Hoy no.—No puedes decidir eso.—Claro que puedo.—Eres insufrible.Una sonrisa apareció en sus labios.—Y aun así terminaste en mi cama.—No cambies de tema.Lorenzo se acercó un poco más.—Quier
Isabella se había encargado de llevarse a Emily a una de las habitaciones para que pudiera darse una ducha y descansar. —Esto es una maldita pesadilla —Musitó —. Que se metan conmigo, pero que atenten contra la única persona que tengo es el límite. —¡Está vez si lo voy a matar! —Exclama Matteo —. ¡Marco! Apenas pasan cinco segundos cuando Marco aparece en la sala luego de su grito. —Es el segundo atentado que sufrimos en menos de una semana. No podemos permitir que siga sucediendo o seremos la burla de la organización en vez de la cabeza. —¿Qué sugieres? —Imponer autoridad o cualquiera pensará que puede atacaremos. —Matteo... —Sisea Lorenzo —. ¿Qué pretendes?—Hacernos respetar. Quiero que incendien las oficinas de la empresa de logística y también la flota de vehículos de la empresa de transporte. —Me encargo ya mismo. Marco se retira, Lorenzo no dice nada y Matteo da vueltas como león enjaulado mientras está rojo de coraje. Escucho pasos, al levantar la vista veo al señor
—Matteo, ¿dónde está Emily?Matteo me mira directamente.—Está bien.Parpadeo.—¿Qué?—Emily está bien, Sophie.—¿Está herida?—No.—¿Estás seguro?—Sí.Siento que mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas.—¿Qué pasó?Matteo respira profundamente.—Intentaron incendiar el apartamento.Mi corazón se detiene.—¿Con Emily dentro?—Sí.Me llevo una mano a la boca.—Dios mío...—Mis hombres estaban cerca —continúa Matteo—. Entraron en cuanto detectaron el fuego y lograron sacarla antes de que fuera demasiado tarde.Lo miro completamente sorprendida.—¿Tus hombres?Matteo asiente.—Sí.—¿Dónde está Emily ahora?—La están llevando a la mansión.—Quiero verla.—La vas a ver.—No, quiero irme ahora. —Mi voz tiembla —. Necesito verla.Lorenzo aprieta suavemente mi mano.—Vamos a casa.Asiento.No quiero esperar un segundo más.⸻El trayecto de regreso a la mansión se siente interminable.Lorenzo lleva nuestras manos entrelazadas sobre su regazo.No puedo dejar de pensar en Emily. En nuestro ap
El trayecto hasta el lugar de la cena transcurrió en un silencio extraño.No era incómodo.Era simplemente demasiado silencioso para mi gusto.Lorenzo permanecía a mi lado en el asiento trasero del automóvil, vestido con un impecable traje negro que hacía que pareciera todavía más intimidante de lo habitual.Yo, en cambio, no podía dejar de mirar mis manos.Estaba nerviosa.Mucho más de lo que quería admitir.—Deja de hacer eso.Levanto la mirada.—¿Hacer qué?—Mirar tus manos cada cinco segundos.—No estoy haciendo eso.Una sonrisa ladeada aparece en su rostro.—Lo acabas de hacer.Ruedo los ojos y vuelvo a mirar por la ventana.—Estoy nerviosa.—No tienes motivos para estarlo.—Eso dijiste antes.—Y sigo pensando lo mismo.El automóvil comienza a reducir la velocidad hasta detenerse frente al enorme edificio donde se celebraría la cena.A través de la ventana puedo ver decenas de personas y, para mi desgracia, también cámaras.Mi estómago se revuelve.—Lorenzo...Él gira hacia mí.—
—¡Estás en la sección de entretenimiento de los periódicos y redes sociales de todo Bellmont!Había llamado a Emily y se encontraba eufórica, contándome que había visto todas las fotografías de la gala de anoche.«Si ella supiera que, hasta ahora, ha sido la noche más horrible de mi vida».—Te veías guapísima al lado de Noah y Lorenzo. Parecías una esposa glamorosa, a su altura.—Deja de hablar tonterías —la interrumpo—. Pero ya puedes estar tranquila, estoy bien.—Eso me alegra. Ya puedo irme a casa a descansar en paz. Si Matteo no me hubiera dado razón de ti, habría ido a buscarte a la mansión Bellmont.—Estoy bien, no exageres. Y, a propósito... ¿por qué tú y Matteo intercambiaron números?Guarda silencio y sé lo que significa eso.—Emily...—En mi defensa, él dio con mis redes sociales y allí empezamos a interactuar hasta que intercambiamos números.—Ten cuidado, Emily. Estamos hablando de un hombre con un estatus diferente al nuestro y acostumbrado a estar rodeado de mujeres.—Lo
Escucho unos toques a los lejos. Cuando finalmente abro los ojos me exaltó a darme cuenta que me encuentro aún en la habitación de Lorenzo. "Como pude quedarme aquí" Miro a mi lado y Lorenzo no se encuentra. Cuando estoy por levantarme veo la puerta frente a mi abrirse y salir él con la toalla enredada en su cintura y su torso aún húmedo. —Buenos días. —Espeta mientras con su mano mueve su cabello húmedo. Los toques a la puerta vuelven. Camina hacia la puerta y rápidamente me levanto. —¿Qué haces? —Susurró. —Ver quién es —Me mira —. Pero primero vístete. Rápidamente me doy cuenta que lo único que llevo son mis bragas. Toma del suelo su camisa y me la coloca. Antes de que camine a la puerta corro rápidamente al cuarto de baño y me encierro allí. ¿Qué haces Sophie? No debí amanecer en la habitación de Lorenzo y menos cuando todo el mundo ya está despierto en esta casa. ¿Qué haces Soph? Me acerco al lavabo abriéndolo y lavándome el rostro. Recojo mi cabello en una cola alta.







