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CAPITULO 2

Author: sara o
last update publish date: 2026-03-07 01:55:55

ISABELLA

Abro mis ojos al sentir que la luz del sol me da en el rostro. El lugar se me hace extraño, no sabía dónde estaba, y me asusto aún más al verme desnuda.

—¿Qué m****a...? —empiezo a entrar en pánico, pero luego regresa la cordura al acordarme qué pasó y por qué estoy aquí—. ¿Dónde está Gabriel?

—Despertaste —brinco del susto al escuchar su imponente voz. En ese momento, se encuentra con una toalla rodeando su cintura. Se ve tan sensual—. Es mejor que te vayas ya.

Me quedo de piedra cuando menciona eso. O sea, ¿quería que me fuera? Bueno, ¿qué esperaba? Solo fue una noche de pasión. Igual es un idiota.

—¿Cuánto quieres? —...Esperen, ¿qué?

—¿Cómo que cuánto quiero? —pregunto indignada— ¿Crees que me acosté contigo por dinero?

—Oh, vamos. Todas buscan el maldito dinero. Todas las mujeres son unas cazafortunas, y más las universitarias como tú.

Sin poder evitarlo, le suelto una cachetada que lo deja descolocado.

—¡Eres un idiota! —busco mis cosas y comienzo a vestirme. Ya quería irme de ahí.

—Gracias. Todas me dicen lo mismo.

—Ya entiendo por qué. Solo las usas y luego las tiras.

—Ah, no me digas que te enamoraste en una noche.

Me puse roja automáticamente. Definitivamente, debía irme de ahí.

—Me voy.

Cuando ya estoy lista, tomo mi bolso y voy camino a la puerta. Pero antes de irme, el idiota me dice:

—No lo negaré. Disfruté mucho de tu cuerpo. No estás para nada mal. —Es un imbécil.

Levanto mi dedo del medio y continúo mi camino, pensando en el terrible error que cometí al haberme acostado con ese tipo.

—Adiós, Isabella.

—¡Vete a la m****a, cabrón!

Llego al apartamento y a la primera persona que me encuentro es a Gael... en bóxer.

—¡Joder! —este se sorprende y se tapa con un cojín—. ¿Qué haces aquí?

—Vivo aquí, imbécil —camino directo a mi habitación. No había dormido nada y más tarde tenía que ir a trabajar. Todo mal. Espero no volver a encontrarme a ese infeliz en mi vida.

GABRIEL DE LA VEGA

Otra mujer acaba de salir de mi casa diciéndome hasta de qué me iba a morir. Pero esta ocasión fue diferente. La chica es hermosa, se siente como una persona cálida. No sé, algo tenía que llamaba mucho mi atención. Por eso, cuando salió, me quedé con una sensación extraña en el cuerpo.

—Bueno, a comenzar. Tengo muchas cosas por hacer hoy.

Llego a la oficina y me informan que mi papá desea verme. En unas horas tenía mi vuelo para regresar a Los Ángeles.

—Gracias, ya voy.

Camino hasta su oficina y abro la puerta, encontrándome a mi papá tomándose su taza de café diaria.

—Buenos días, padre.

—Hijo, qué bueno verte —este me da un abrazo cálido—. ¿Café? —dice, señalando la cafetera.

—Claro —este me lo sirve y me lo pasa.

—Bueno, ¿me dirás para qué me solicitaste?

—Siempre tan apresurado. Soy tu padre, al menos dedícame algo de tiempo.

¿En serio? Él jamás dedicó tiempo de su vida para mí o para mi madre, y ahora pide tiempo.

—Padre, tengo muchas cosas, y el vuelo a Los Ángeles sale en una hora.

—Quiero informarte que me voy a retirar.

¿Qué? ¿Cómo que retirarse?

—Tengo 65 años. Quiero retirarme y descansar. Me cansé de reuniones, de peleas... solo quiero estar tranquilo en casa con mi esposa, y si en algún momento a ti se te da la gana, con un nieto corriendo por la casa.

—Te daré un perro —este me mira mal.

—Tú eres mi hijo, por eso serás mi sucesor. Ahora tienes el mando de la empresa.

—No sé qué decir, padre...

Me sentía abrumado. Era una excelente oportunidad. Sabía que tenía todas las capacidades para sacar a flote esta empresa, pero me daba miedo el fracaso.

—Hijo, sé que lo harás maravilloso.

—Gracias por la confianza. Acomodaré todo desde Los Ángeles y...

—Tendrás que vivir aquí.

¡No!

—La mayoría de los negocios están aquí, y esta es la sede principal.

—Papá, tengo mi vida en Los Ángeles.

—La vida es de sacrificios. ¿Quieres el puesto o quieres continuar como jefe de las dos sedes de Los Ángeles?

¡Maldita sea!

—Está bien. Acepto. Pero debes darme seis meses. Tengo que acomodar todo y dejar al nuevo encargado.

—Me parece bien, hijo. En seis meses informaré de mi retiro —se acerca y me da un abrazo—. Felicidades.

—Gracias, papá.

El vuelo fue largo, pero no paraba de pensar en que, en seis meses, mi vida iba a cambiar. Seré el próximo presidente de la compañía.

—¡Hasta que por fin regresas! —entra mi amigo a mi casa con dos hermosas mujeres—. Te presento a Kim y Jolie.

Ambas se acercan y dejan un beso en mi mejilla.

—Un placer, señoritas.

—El placer es nuestro.

—Chicas, vayan y sírvanse algo. Ya vamos.

Ambas hacen caso.

—¿Cómo te fue?

—En seis meses seré el presidente de la compañía. Mi padre se piensa retirar.

A Daniel se le salen los ojos y luego me brinca encima.

—¡Sí! ¡Joder, Gabriel, felicidades! Sé lo mucho que querías eso.

Sí lo quería y mucho, pero que ya se hiciera realidad era otra cosa.

—Gracias, amigo. Pero la realidad es que voy a necesitar un vicepresidente —lo miro de manera cómplice.

—¡No! ¡No te lo puedo creer! ¿¡Es en serio!?

—Sí, pero hay un inconveniente...

—¿Qué cosa?

—Tenemos que irnos a Madrid.

Este, en vez de poner mala cara, comienza a bailar de un lado a otro.

—¿Estás feliz?

—¡Obvio que sí! Las mujeres de Madrid son preciosas. Mucho mejor que las que están afuera.

Mi amigo y sus amores... pero bueno, no lo culpo. Soy igual o peor que él. La diferencia es que yo no me enamoro. Las mujeres son solo para un polvo y listo.

—Bueno, ve acomodando todo porque en unos meses nos vamos.

—¡Claro que sí! ¡Ahora vamos a celebrar!

Salimos bastante contentos, y luego fuimos a celebrar con esas mujeres que nos estaban esperando afuera.

—¡Chicas, vamos a celebrar!

—¡Esooo! —gritan ellas.

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