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Capítulo 3 ~ Escapando de casa

Penulis: Reynan
last update Tanggal publikasi: 2026-06-05 18:14:16

—¿Qué se supone que debo hacer ahora? —se lamentó Olivia, caminando de un lado a otro en su habitación—. Indirectamente, el abuelo me está reteniendo aquí para obligarme a casarme con el señor Holand. ¡Imposible! ¡No quiero! —exclamó, sumida en una profunda frustración.

La joven se acercó a la ventana. Su habitación estaba en el segundo piso. «No puedo quedarme de brazos cruzados y dejar que Aland siga pensando mal de mí. Tengo que verlo», murmuró Olivia.

Se cambió de ropa rápidamente, tomó una mochila y abrió su billetera.

—¿Solo quinientos dólares? Esto no puede ser —murmuró frustrada. Esa cantidad ni siquiera sería suficiente para pagar un alojamiento y comida durante una semana. Qué desastre. Pero tampoco puedo quedarme aquí encerrada. Quién sabe quién me tendió esa trampa para complicar todo de esta manera. Hoy debería haber sido el día de mi boda con Aland, y estaríamos viajando directo a París para nuestra luna de miel —añadió, soltando un largo suspiro.

Finalmente, tras pensarlo mucho, Olivia decidió escapar por la ventana del segundo piso.

Con sumo cuidado, abrió el ventanal y miró hacia abajo, buscando la mejor manera de descender. Inspeccionó el terreno para asegurarse de que no hubiera guardias de seguridad patrullando en ese momento.

Lentamente, Olivia dejó caer una cuerda hecha de sábanas fuertemente atadas entre sí. La cuerda colgaba hacia abajo, aunque no llegaba por completo al suelo. Se subió al marco de la ventana, dejó colgar las piernas y tiró de la tela para comprobar que los nudos resistieran. Con extrema precaución, comenzó a bajar aferrada a la improvisada soga.

—¡Maldición, mis pies no llegan! —se quejó cuando se encontró en el extremo de la cuerda y vio que aún le faltaba distancia para tocar tierra.

—¡Ah! —gimió de dolor al saltar y caer mal, torciéndose el tobillo. Al escuchar el eco de unas voces que se aproximaban, Olivia se dirigió a toda prisa hacia la puerta trasera de la mansión, cojeando debido a la lesión.

Respiró hondo, sintiendo una mezcla de alivio y terror por el temor a que la estuvieran siguiendo. Miró a su alrededor, asegurándose de que ningún guardia la hubiera visto. Con total cautela, se escabulló hacia la salida trasera, esquivando a los vigilantes que hacían sus rondas.

Durante el trayecto hacia la puerta trasera, el miedo la invadió y el corazón le latía a mil por hora. Se ocultaba detrás de los arbustos cada vez que escuchaba pisadas cerca. Su rostro estaba pálido y un sudor frío recorría su cuerpo, pero el deseo de Olivia de escapar era inquebrantable.

Tras unos minutos de intensa tensión, Olivia logró alcanzar la puerta trasera. Con cautela, quitó el cerrojo, rogando que el chirrido del hierro no alertara a la seguridad. En cuanto la puerta se abrió, salió y caminó a paso apresurado con todas las fuerzas que le quedaban para alejarse de la propiedad. No pensaba permitir que su abuelo la atrapara.

Esa noche, Olivia caminó por las calles desiertas de la zona residencial donde vivía. Era un sector exclusivo, con pocos habitantes, y la atmósfera se sentía sumamente solitaria.

—¿Cuánto tiempo más tendré que caminar? —se quejó, exhausta y con un dolor insoportable en el tobillo. Suspiró, tiritando de frío, ya que solo llevaba una chaqueta delgada.

Siguió avanzando sin un rumbo fijo, hasta que de pronto se detuvo junto a una gran villa que solía estar deshabitada. Notó que la puerta trasera del jardín estaba ligeramente entreabierta.

Olivia contempló la propiedad con ojos brillantes, evocando recuerdos de su infancia cuando solía jugar allí. Sin embargo, la villa había sido vendida a otros dueños y llevaba un año desocupada. Que ella recordara, en ese jardín había una hermosa casa del árbol donde jugaba con sus amigos cuando era niña.

La puerta trasera entreabierta parecía una invitación directa a pasar. Por un momento, Olivia dudó. «¿Debería entrar y pasar la noche en la casa del árbol?», pensó. «Es una coincidencia perfecta. Podré dormir segura allí, ya que la villa está vacía, y mañana por la mañana iré a buscar a Aland».

La idea le pareció brillante, lo que disipó de inmediato todas sus dudas.

Con pasos cautelosos, Olivia se acercó a la entrada trasera de la villa y la empujó suavemente. La puerta se abrió por completo, revelando un espléndido jardín.

Olivia sonrió aliviada y se adentró en la propiedad. El ambiente fresco de la noche y la suave brisa la hicieron sentir cómoda. En su fuero interno, se consideró afortunada de haber encontrado un refugio tan rápido.

Al adentrarse en la majestuosa villa de estilo europeo, sintió como si hubiera ingresado a un mundo diferente. En el patio trasero, una densa vegetación y frondosos árboles rodeaban el área, creando un entorno fresco y revitalizante. Diversas especies de flores multicolores florecían entre el follaje, realzando la belleza de un jardín meticulosamente diseñado.

Alrededor del jardín, artísticas farolas decoraban los senderos de piedra, creando una atmósfera cálida y romántica al iluminar la superficie pulida de las rocas. En algunas esquinas, se encontraban bancos de madera y hierro forjado de diseño clásico, el lugar perfecto para sentarse a admirar el encanto del lugar.

En el centro del jardín, un pequeño estanque con una fuente en forma de putto —la figura de un pequeño ángel característica del estilo europeo— intensificaba la sensación de paz y serenidad. El murmullo del agua que fluía de la fuente creaba una melodía relajante, como si invitara a cualquiera a olvidar sus preocupaciones.

Y en medio de toda esa belleza, en una de las esquinas, se alzaba un árbol enorme y frondoso que albergaba la casa del árbol. Olivia caminó entre los arbustos, que eran lo bastante altos como para ocultarla, hasta llegar a la base del gran árbol.

—Vaya, todavía está muy firme y limpia —murmuró Olivia, contemplando la estructura con entusiasmo.

Comenzó a subir por la escalera de madera fijada al tronco. Justo antes de alcanzar la base de la casa del árbol, escuchó el sonido de agua moviéndose. Impulsada por la curiosidad, giró la cabeza hacia la izquierda. Se quedó completamente paralizada y en shock al ver a un hombre de un atractivo impresionante. Sus facciones eran tan proporcionadas y simétricas que cualquiera que lo viera no podría evitar admirarlo. Con una mandíbula definida, una nariz perfilada y cejas pobladas, el hombre lucía sumamente masculino y cautivador. Su piel exótica y su mirada penetrante añadían un magnetismo único a su presencia.

Más allá de que su rostro resplandecía bajo la luz de la luna, lo que capturó la atención de Olivia fue que el hombre nadaba de espaldas en la superficie del agua, completamente desnudo. Esto le permitió a Olivia apreciar un cuerpo esculpido y masculino que brillaba bajo el reflejo lunar.

«¿Cómo es posible que haya un ángel en medio de la noche?», pensó Olivia, incapaz de desviar la mirada de semejante escena. Protegido por los altos arbustos, el patio trasero conectaba directamente con la gran piscina de la villa.

—¡Espera! ¿No es ese el gigoló? —exclamó Olivia de forma espontánea, cubriéndose la boca de inmediato. En ese mismo instante, los ojos dorados y afilados del hombre se cruzaron con los de ella.

Asustada, Olivia bajó los peldaños de la escalera a toda prisa, pero tropezó y cayó al suelo, dándose un doloroso golpe.

—¡Ay! —gimió.

Olivia se levantó rápido y, cojeando, corrió hacia la puerta de salida.

—¡Allí está! ¡Atrapen a la intrusa! —gritó un hombre. Al girar la cabeza, Olivia vio a cinco hombres corpulentos vestidos de negro que corrían hacia ella.

Olivia estuvo a punto de cruzar la puerta, pero uno de ellos la sujetó fuertemente del brazo.

—¡Suéltenme! —gritó Olivia, resistiéndose.

—¡Cállate! —le espetó el hombre que la retenía.

Pronto, dos hombres vestidos de negro la sujetaron firmemente por los brazos.

—Vamos, llévenla ante el jefe —ordenó uno de ellos. Olivia no dejó de forcejear mientras la arrastraban de regreso hacia la zona de la piscina.

—¡Que me suelten! —gritaba, pero era inútil; su fuerza no se comparaba con la de aquellos hombres.

Finalmente, Olivia quedó de pie frente al atractivo hombre, quien ya se había cubierto con una bata de baño. Se encontraba sentado con elegancia y arrogancia, dándole un sorbo a su bebida.

—Jefe, hemos atrapado a la intrusa —informó el guardia vestido de negro.

El hombre al que llamaban jefe era Zayden. Se giró hacia Olivia y sus miradas volvieron a encontrarse. Olivia notó un destello de sorpresa en los ojos de Zayden, pero desapareció en un segundo, siendo reemplazado por una mirada tan fría y afilada como la punta de un cuchillo; una mirada capaz de partirla en dos si continuaba sosteniéndole la tensión.

Zayden se levantó y se acercó a Olivia, quien seguía sujeta por los dos subordinados.

—Ah, resulta que es la mujer babuino —dijo Zayden, haciendo que Olivia frunciera el ceño.

—¿A quién llamas babuino? —exclamó Oliv—. ¡Maldito gigoló loco!

—¡Cuida tus palabras!

—¡Ah! —gimió ella cuando los dos hombres que la sujetaban apretaron el agarre con más fuerza.

—Suéltenla —ordenó Zayden.

—¿Pero, jefe? —los subordinados se miraron confundidos.

—¿Acaso creen que voy a perder contra esta mujer tan flacucha? —añadió Zayden con tono despectivo, provocando la furia de Olivia.

«¡Gigoló demente, idéntico a un gato de Bengala!», maldijo Olivia internamente, clavándole una mirada asesina.

—Pueden retirarse —ordenó Zayden.

—Entendido, jefe. Vigilaremos todos los accesos —respondieron antes de marcharse, dejándolos solos.

Zayden avanzó hacia Olivia, obligando a la joven a retroceder hasta que la parte posterior de sus piernas chocó contra una reposera de playa, haciéndola caer sentada en ella. Ya no le quedaba espacio para moverse.

Zayden se inclinó hacia ella, acortando la distancia de tal manera que sus rostros quedaron extremadamente cerca y sus narices casi se rozaban.

—¿Acaso eres una pervertida obsesionada con el cuerpo de los hombres? —preguntó Zayden, haciendo que los ojos de Olivia se abrieran desmesuradamente por la sorpresa.

***

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