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Me levanto rápidamente y tomo la toalla, un minuto después estoy en la ducha, repitiendo mentalmente lo que Dave me ayudó a poner en mi hoja de vida renovada.
Me di cuenta de que mi currículum no era tan impresionante y, la verdad, solo quiero obtener el empleo; más que eso, lo necesito, lo anhelo, lo deseo... bien, creo que mi punto quedó claro.
Salgo de la ducha y cepillo mis dientes, la hora en el reloj blanco sobre mi pared, arriba del espejo, me informa que son las 06:00 a. m. y es tarde, mi entrevista es a las 07:00 a. m., lo que me da una hora para arreglarme y verme un poco decente y correr hasta el metro, ya que es la hora pico y los autobuses van muy tardados.
Salgo a la recámara principal y me quedo de piedra, cual iguana ante un peligro, al ver a la abuela sentada en mi cama, con sus brazos cruzados y su mirada amenazante.
—¡Abuela! —sonrío con mis dientes pegados, fingiendo emoción.
—¿Abuela? ¿Me evitas por tres días y solo me dices “¡abuela!”? —
—Abuela, es tarde para la entrevista y... —
Levanta su mano al frente para detener mis palabras. —Casi no te he visto estos días, no has cenado en casa, te vas temprano y llegas tarde y ya llevas tres días que ni siquiera veo al vago de tu novio. —
Me descubrió.
Ella en su vida pasada debió haber sido detective, seguramente la esposa oculta de Sherlock Holmes.
—Abuela, sé que tengo mucho que explicar y lo haré, pero cuando regrese de la entrevista, ¿sí? —
Niega. —Me preocupas, tú y yo sabemos que las penas compartidas pesan menos, cielo, solo dime qué pasa.
Pasa que tuve sexo por despecho con un desconocido, le conté mi vida como un libro abierto y terminé con Mark, solo eso, nada de qué preocuparse.
—No pasa nada, abuela, solo que el trabajo en la cafetería me tiene algo cansada. —Me doy la vuelta y saco mi outfit para este día, un vestido negro, largo hasta la rodilla, de tirantes, junto a un pequeño saco negro, muy elegante—. Por eso vengo tarde y me voy temprano, Mark ha estado muy ocupado con su nuevo empleo y no ha podido venir, eso es todo.
Me escruta con la mirada, estoy de espaldas pero puedo sentirlo.
No es que me agrade mentirle, odio mentirle a ella, pero sé que si le digo lo irresponsable que fui la decepcionaré, además, no quiero escuchar su “te lo dije” sobre Mark si le digo lo que pasó.
—De acuerdo, abajo te dejé un par de croquetas con miel, no tenía ganas de cocinar, así que es lo que hay. —
Asiento sin voltear a verla. —Gracias. —
Sale del cuarto dando un portazo, sé que no me creyó un rábano, pero no puedo decirle lo que hice, no es algo de lo que quiera presumir.
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—Lamento no poder llevarte —se disculpa Dave al otro lado de la línea—. Úrsula y yo tuvimos que ir a la tienda de regalos a dejar una lista, ella insiste en comprar algunas cosas para el gran día. —
—Tranquilo, me alegro por ti. —contesto comprensiva.
—Seee, bueno... te veré luego, supongo. —
—Cuenta con ello, salúdame a Urs. —
—Lo haré. —Corta la llamada.
Guardo el móvil en la cartera y me percato de que estoy a una parada de mi destino.
Me levanto y busco la salida, llegando a la puerta justo cuando el metro se detiene, bajo y corro a toda prisa por la calle, es tarde y debo llegar a la editorial lo más pronto posible, aunque no es muy emocionante teniendo en cuenta que volveré a ver al sujeto con el que perdí mi virginidad hace tres días.
—Buenos días, vengo por la entrevista para editor. —digo al guardia de la entrada.
Asiente en silencio, toma mi bolso y lo revisa, que no lleve nada extraño o peligroso en la cartera.
Abro mis ojos como platos y cubro mi boca al darme cuenta de que aún llevo las pastillas para dormir de la abuela y la pistola de agua que le decomisé al hijo de Paige, una de las meseras de la cafetería, por estarme mojando con ella ayer.
—¿Qué es esto? —
—¡Es de mentira! —me apresuro a aclarar.
—Drogas y un arma, ¿está loca? —
La verdad sí, pero solo un poco.
Lo veo encender su walkie-talkie y junto mis manos al frente para que se detenga. —¡Esas no son drogas, es la medicina de mi abuela y eso es un arma de juguete, por favor, es tarde y debo pasar! —
Niega. —¿Cree que le voy a creer? ¿Sabe cuántos hechos terroristas ocurren diario por errores como ese? —
Me cruzo de brazos y ladeo mi rostro. —No, ¿y usted? —
—No. —Me señala con el arma, pero con la parte trasera—. Y lo mismo va para usted, ¡no puede entrar! —
—¡Pero…! —
—No… —
—Por fa… —
—No.
—¡Rayos! —exclamé frustrada.
¿Y ahora qué hago?
¡Perderé la entrevista y todo por un juguete!
El teléfono del sujeto moreno y robusto suena, dice unas cuantas palabras casi imperceptibles y luego me voltea a ver de nuevo, pero esta vez con una mirada de advertencia.
—La dejaré pasar, pero sin esto. —Toma las pastillas—. Y esto. —Muestra ahora la pistola de agua.
—¡Bien! —mascullé entre dientes, tomando de sus enormes manos mi cartera.
Ya adentro, corro hasta el elevador, pero tarda mucho, por lo que decidí correr hasta el vigésimo cuarto piso, en donde está la oficina en la que me harán la entrevista.
Corro lo más rápido que puedo, pero son muchas escaleras y los tacones me están matando, hago una pausa y miro el reloj.
¡Cinco minutos!
¡Cinco minutos tarde!
Me doy prisa y continúo, estoy hecha un desastre de nuevo, pero al menos llegaré, debo hacerlo, tal vez no sirva de nada, pero debo hacerlo.
Agradezco al cielo cuando veo que por fin he llegado, me acerco rápidamente a la chica que está sentada tras el escritorio de vidrio, afuera de la sala de la entrevista y llamo su atención con un carraspeo.
—¿Puedo ayudarte? —me mira aburrida.
—Vengo a la entrevista. —
—Ya todos los solicitantes están adentro. —informa.
Abro mi folder y se lo muestro. —Necesito entrar, puede llamar o algo, es importante. —casi suplico.
Me mira con lástima, y odio esa mirada, tanto hacerla a alguien como que me la hagan a mí.
—Sabes qué, el señor Daigle aún no ha llegado, te dejaré entrar. —De pronto su mirada ya no es de lástima sino de reprobación, al ver mi semblante y mi aspecto desaliñado—. Pero si pregunta, ya estabas adentro.
Asiento rápidamente. —De acuerdo, gracias. —
Me deja entrar, y al ingresar todos se me quedan mirando, algunos al igual que la chica, con lástima, otros con burla y todos con reprobación.
Al menos estoy adentro.
Busco un lugar en el que pueda sentarme tras la enorme mesa cuadrada de madera fina y encuentro uno al lado de una de las chicas rubias que se rieron de mí la vez pasada.
Se inclina de lado hacia mí y ríe. —¿Tú en serio crees que te quedarás con el empleo? —
La miro mal, mas no contesto.
Sé que mis probabilidades son pocas, pero quiero creer que puede más mi perseverancia que otra cosa.
Gracias al cielo el sujeto con el que tuve sexo no está aquí.
O eso creo, ya que casi me da un ataque cuando la puerta se abre y lo veo entrar.
Me atraganto con mi propia saliva y comienzo a toser en seco, siento su mirada sobre mí y cuando creo que esto no puede ir más mal, el tipo se presenta.
—Soy Máximo Alexandre Daigle Greco, su jefe. —dice mirándome fijamente y con una extraña sonrisa.
¡Mierda!
(Martes)Me bebí lo más rápido que pude mi malteada de mora con leche y volví a la sala de espera, en donde en cualquier momento el nuevo doctor de mi abuela llegaría a notificarme los resultados de la biopsia.Estaba nerviosa, pero más que nerviosa, me sentía un poco extraña.Me senté sobre la banca, a un lado de una niña de cabello rubio, ojos de color avellana, tez blanca y de unos aparentes 9 años, y continué leyendo mi revista de las mejores animaciones cinematográficas de la historia.En primer lugar estaba "Blancanieves", aunque sin duda era una gran animación, seguía sin ganarle a "El Cadáver de la Novia" de Tim Burton, en mi lista personal.Era una injusticia.Mientras estaba de lo más entretenida en mi revista, la voz de la niña a mi lado atrajo mi atención.— ¿Cuántos años tienes?— ¿Disculpa? —pregunté con amabilidad, el tono de su voz había sido irónico—. ¿Por qué quieres saber eso?— Bueno, solo alguien con muy poca vida social leería esas cosas para niños.Enarqué una c
— ¿Me imagino que ya estarás contenta?Me es imposible ignorar el tono de reproche en su voz, está molesto y, más que molesto, puedo asegurar que está a punto de sacar fuego por su cabeza.Me cruzo de brazos, indignada por su acusación.— ¿Disculpa? ¿Quién fue el que me trajo aquí desde un inicio?Su familia reclama, hablan entre ellos, o más bien se gritan, y yo parezco un poste pegado al suelo viendo la escena de enfrente.Pero lo que pasó aquí... es una larga historia.---(Una semana antes…)(Lunes)Salí como casi todos los días a tomar el periódico (mojado por cierto, nada más el sujeto que los reparte no se fija en dónde los tira) y bueno, este cayó cerca del sistema de riego de la casa del vecino.Tomé mi teléfono y le marqué a Dave, él y Úrsula me llevarían al hospital a ver a la abuela.Al parecer ya se habían arreglado y la boda se había reanudado.Tomé con tranquilidad mi café, estaba más que contenta. Ayer la abuela había movido sus dedos mientras le contaba mi día en el t
(FLASHBACK)Me siento fatal, y a la vez nerviosa.En mi mente ya se han enumerado al menos cinco curiosidades extrañas del mundo y ni aún así logro sentirme en calma.Mis manos tiemblan, de hecho toda yo lo hago, y sé que esto no está bien, es mi jefe... contrario a las demás asistentes de la empresa (exceptuando a Clarisse) con las que puedo asegurar que ha estado (porque he visto cómo la tratan), yo no quiero escalar un puesto, no quiero ser su sumisa y mucho menos la golfa de la que todos hablen, no quiero, pero tampoco está en mis manos.Veo cómo desliza su camisa por sus brazos, y me aferro más a la cama, quise tomar un trago para tomar valor, pero él me lo impidió, sus palabras fueron "quiero que me sientas en cada caricia y a cada segundo" y aquí estoy, a punto de sentirlo y haciendo un grave esfuerzo para no salir corriendo.En la oficina lo hicimos pero... esta vez es diferente, no sé por qué, pero así se siente.Lo detallo todo, su torso desnudo, sus musculosos brazos, sus t
[VALENTINA](tiempo pretérito)(11 minutos antes)Al abrir mis ojos, lo primero que vi fue al sujeto que llenaba de interrogantes mi vida y me hacía sentir como nunca me había hecho sentir nadie, dormido a mi lado, abrazándome de la cintura.¿Quién lo diría? Se miraba tan calmo, tan inocente, se miraba tan lindo, que todo el miedo que sentía por él se esfumaba por una hendidura de mi corazón.Pero era un idiota.Quería lanzarlo de la cama, pero mejor decidí levantarme de la cama y resolver esto de forma madura y responsable.Fui al cuarto de baño, llené un contenedor con agua del grifo, regresé a la recámara y se la tiré encima.—¡¿Pero qué…?! ¡Estás demente!— gritó empapado.¿Hablar? ¿Para qué? Nah, eso no era lo mío.Indignante era poco para mí, si quien me lo decía era él, quien pretendía ser quien no era y jugaba un juego macabro que solo él entendía.Solté el contenedor en el suelo y corrí al lado opuesto de la cama.Max se levantó echando fuego por la boca y trató de alcanzarme.
[VAL]—Me voy, Clarisse.— apago la PC y me levanto.—¿No te quedarás hoy?—Ni hoy, ¡ni nunca!—No, estoy cansada.—Agarro mi suéter del respaldo de la silla y salgo de mi cubículo.—¿Te vas?—Me detengo al escuchar la fuerte voz de Max tras de mí.Me doy la vuelta y lo miro sin mostrar ninguna expresión en mi rostro y sin contestar a su pregunta.Su mirada es perturbada, la mía simplemente solo expresa vacío.Es lo único que tengo, por ende, es lo que doy.Nuestros ojos están conectados y la tensión entre nosotros va cada vez más en aumento.—¡Vaya! Es muy tarde...— Clarisse mira su reloj y alterna su mirada entre su jefe y yo.—Debemos hablar.— Max intenta acercarse y al ver que mi reacción es retroceder, regresa a su lugar.Señalo al piso de arriba y hablo. —Ya llevé mi reseña al departamento de marketing, adonde se debe y…—Abre sus ojos atemorizado y niega como si le dijera que estoy embarazada y tendré trillizos.—¡No es posible!— me corta, tirando de su cabello.—¡Es mi trabajo!
[VAL]Abro mis ojos lentamente al sentir la luz del sol chocar en mis pupilas, me siento sobre la cama y estiro mi cuerpo para desperezarme. Retiro la sábana blanca y me levanto descalza de la cama.Escucho el ruido de la ducha, muerdo mi labio y camino hasta el cuarto de baño.Después de lo que sucedió anoche, mis ganas de que aquello se repita son más fuertes.Entro en la ducha y pego mi cuerpo al suyo. Max se da la vuelta y sonríe.—Buenos días.— susurra en mi oído, tomándome de la cintura.Mis manos viajan a su pecho y me paro de puntillas para alcanzar sus labios y dejar un profundo y juguetón beso en su boca.Baja su mano a mis muslos y me pellizca, suelto un jadeo e impulso mi vientre a su pelvis. —¿Dormiste bien?—Asiento.No sé a qué carajo estamos jugando pero quiero tomar el reto.De igual manera, ya estoy atada a él, ¿no?Tanteo mis caderas, habiendo fricción entre nuestros sexos y me inclino a besar su pecho mojado.El agua sigue mojando nuestros cuerpos, y esto es cada v







