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Capítulo 27.

Autor: Kester
last update Data de publicação: 2026-10-01 01:46:16

Unos suaves golpes resonaron al otro lado de la puerta de la habitación. —¿Amora? —La voz de Jessica sonó suave, pero llena de preocupación. Normalmente, a esa hora, su hija ya estaría sentada tranquilamente a la mesa del comedor mientras leía informes de trabajo. Sin embargo, aquella mañana, la casa se sentía extraña, demasiado silenciosa.

Como no recibió respuesta, Jessica empujó lentamente la puerta. —¿Amora? —volvió a llamar. En cuanto la puerta se abrió, sus ojos captaron de inmediato la f
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Último capítulo

  • Vamos a Divorciarnos, Señor CEO!   Capítulo 29.

    La señora Bella dejó una taza de té caliente sobre la mesa de la sala para Lucy. Un suave vapor ascendía lentamente, llenando el aire con un delicado aroma a jazmín. La mujer mayor miró a Kelly, cuyo rostro estaba pálido y cuya respiración era pesada. Con su palma arrugada, la señora Bella tocó la frente de la pequeña —seguía caliente.—Kelly se ha quedado dormida. Será mejor que la lleves a la habitación —dijo suavemente, con un tono de voz sereno, aunque en su corazón ocultaba una preocupación que mantenía bien guardada.Lucy negó con la cabeza, con la mirada apagada. —No hace falta, mamá. No nos quedaremos a pasar la noche.La señora Bella levantó el rostro y miró a su nuera con severidad. —Entonces… ¿para qué has venido?Lucy respiró profundamente y acostó lentamente a Kelly sobre el largo sofá. Sentía los hombros destrozados después de haber cargado a su hija durante horas. Miró el té caliente sobre la mesa, pero no tuvo fuerzas para tocarlo.—Hay algo de lo que quiero hablar con

  • Vamos a Divorciarnos, Señor CEO!   Capítulo 28.

    Amora no estaba dispuesta a tolerarlo. A pesar de que su cuerpo todavía estaba débil, de repente sintió que la sangre le hervía por la oleada de emociones que la invadió. Le pidió al hombre que la bajara.—¡Bájame, Vicktor! —su voz temblaba, pero estaba cargada de determinación.Vicktor la miró con duda, pero Amora ya se había puesto a forcejear. En cuanto sus pies tocaron el suelo, se irguió, conteniendo los temblores, y clavó una mirada penetrante en Lucy. Instintivamente, empujó el hombro de la mujer con suficiente fuerza como para hacerla retroceder ligeramente.—¡Cuida tus palabras, Lucy! —la voz de Amora se elevó—. ¡No soy una mujer barata como tú!Lucy se quedó estupefacta. Jamás había imaginado que Elisha, la chica que siempre había parecido amable y educada, se atrevería a enfrentarse a ella de aquella manera. Su rostro se puso rojo de vergüenza y rabia al mismo tiempo.—Si no eres una mujer barata —replicó Lucy con desprecio—, ¿por qué estabas en brazos de mi marido? ¡Eres u

  • Vamos a Divorciarnos, Señor CEO!   Capítulo 27.

    Unos suaves golpes resonaron al otro lado de la puerta de la habitación. —¿Amora? —La voz de Jessica sonó suave, pero llena de preocupación. Normalmente, a esa hora, su hija ya estaría sentada tranquilamente a la mesa del comedor mientras leía informes de trabajo. Sin embargo, aquella mañana, la casa se sentía extraña, demasiado silenciosa.Como no recibió respuesta, Jessica empujó lentamente la puerta. —¿Amora? —volvió a llamar. En cuanto la puerta se abrió, sus ojos captaron de inmediato la figura de Amora, que estaba de pie en el umbral del baño. Tenía el rostro pálido y el cabello ligeramente desordenado.—Amora, ¿hoy no vas a la oficina? —preguntó Jessica mientras se acercaba.Amora suspiró, luego caminó débilmente hasta el sofá y se dejó caer allí. —No, Mommy. Tengo fiebre. Me duele muchísimo la cabeza.Jessica la miró de inmediato con compasión. —¿Quieres que Mommy te prepare sopa de rábano? Esa es tu sopa favorita. Seguro que te hará sentir mejor.Amora miró a su madre y una t

  • Vamos a Divorciarnos, Señor CEO!   Capítulo 26.

    Vicktor acababa de llegar a casa hacía unos cinco minutos. Sus pasos eran pesados, pero su mente estaba aún más agobiada. Sin mirar a nadie, se dirigió directamente al estudio y cerró la puerta de un portazo tan fuerte que el estruendo hizo vibrar las paredes.Su mano tomó el marco de una fotografía que estaba sobre el escritorio y lo arrojó al suelo, haciéndolo añicos.—¡Maldita sea! —gritó—. ¡Ese hombre se atrevió a herir mis sentimientos!La respiración de Vicktor se aceleró. El rostro de Elisha riendo junto a Roy daba vueltas una y otra vez en su mente, clavándose en su pecho como espinas. Sabía que no debería importarle. Pero ¿desde cuándo Elisha era capaz de poner su corazón de aquella manera? Era un hombre casado, y Lucy —la mujer que ahora era su esposa— jamás aceptaría saber que sus sentimientos por Elisha habían llegado tan lejos.Sus manos se aferraron al escritorio, temblando mientras contenía la ira que amenazaba con estallar. De repente, unos golpes resonaron desde el ex

  • Vamos a Divorciarnos, Señor CEO!   Capítulo 25.

    Dentro del coche de Roy, que avanzaba lentamente bajo la luz de las farolas, Amora permaneció en silencio durante bastante tiempo. Su mirada estaba fija en el rostro del hombre a su lado, intentando adivinar quién era realmente Roy, como si conociera su verdadera identidad más profundamente de lo que ella misma comprendía.—Elisha, ¿giro a la izquierda o a la derecha? —preguntó Roy sin apartar la mirada de la carretera, con los ojos concentrados en la bifurcación que tenían delante.Amora no respondió. Tenía las manos entrelazadas sobre el regazo y el cuerpo rígido, mientras su rostro permanecía tenso. Roy soltó un suspiro pesado y luego estacionó el coche a un lado de la carretera.—¿El, Elisha? —la llamó con voz más fuerte.Amora se sobresaltó, como si acabara de despertar de sus pensamientos.—¡Esta no es mi casa, Roy! —respondió rápidamente, con un leve tono de pánico.—Sí, lo sé —contestó Roy con calma, sin apartar las manos del volante.Amora lo miró con desconfianza.—Entonces,

  • Vamos a Divorciarnos, Señor CEO!   Capítulo 24.

    El hombre apartó una silla frente a Amora sin pedir permiso. El chirrido de las patas de la silla contra el suelo de mármol hizo que varios clientes volvieran la cabeza, pero al hombre pareció no importarle. Con toda tranquilidad, se sentó y sirvió vino en la copa vacía que tenía delante, como si aquella mesa le perteneciera.Amora solo pudo quedarse mirándolo, mitad sorprendida y mitad molesta. Pero, por alguna razón que no lograba explicar, no fue capaz de rechazarlo. Había algo en la mirada de aquel hombre —serena, pero penetrante— que le dejó la lengua muda.—¿Por qué? ¿No te gusta mi presencia? —preguntó el hombre con tono despreocupado, aunque había un matiz de provocación en su voz.—N-no, señor. —Amora intentó sonreír, pero su corazón latía aceleradamente sin razón aparente. Una extraña sensación —una intuición— le decía que aquel hombre no era un cliente cualquiera.—Permíteme presentarme. Me llamo Roy. —Extendió la mano, con los dedos largos y fríos.—E-Elisha —respondió Amo

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