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Capitulo. 57

Author: Belladonna
last update publish date: 2026-10-12 06:36:54

Pov Alinna

Me estaba terminando de pintar los labios cuando lo oí entrar. El rojo ya estaba puesto. El vestido negro, ajustado, me llegaba justo por encima de la rodilla. Los tacones me alzaban lo suficiente para que no pareciera la chica del uniforme. Me miré en el espejo una última vez y vi su reflejo detrás de mí.

—¿Estás segura de que quieres ir sola? —preguntó.

Dejé el labial en el tocador.

—Sola que se diga sola, no —contesté—. Quiero tres escoltas de tu confianza, pero poco conocidos. Y
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    Pov AlinnaMis pies me guiaron casi por instinto a través de las calles tranquilas y polvorientas de la zona rural, hasta detenerme frente a la fachada de una casa de piedra antigua rodeada de olivos.El corazón me latía con fuerza en el pecho mientras subía los escalones de la entrada. Alcé la mano y di dos golpes secos contra la madera de la puerta.Unos segundos después, el cerrojo giró y la puerta se abrió lentamente. Una mujer de mediana edad, con el ceño fruncido y un delantal de cocina atado a la cintura, me examinó de arriba a abajo con profunda desconfianza.—¿A quién buscas? —preguntó con acento cerrado, sin invitarme a pasar.Miré hacia los lados por pura y neta precaución, sintiendo que cualquier sombra podía ser un hombre de Nikolaj, antes de volver los ojos hacia ella.—Busco a Ricardo Torrento —respondí con la voz temblorosa por el frío y los nervios.La mujer entrecerró los ojos todavía más, cruzándose de brazos frente a su pecho, y me soltó con dureza:—¿Y tú quién se

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    Pov NikolajLa reunión en el puerto se alargaba demasiado y el teléfono satelital vibró sobre la mesa de caoba. Lo ignoré la primera vez.Vibró de nuevo. Y otra vez, de forma insistente, formando una cadena ininterrumpida de llamadas que interrumpió el informe de mis hombres.Fruní el ceño con una furia repentina, tomé el aparato y contesté con un rugido, perdiendo la paciencia por completo:—¡Más les vale que sea de vida o muerte! ¡Les dije mil veces que los vería directamente en la clínica con el doctor Valdés!Al otro lado de la línea no hubo réplica inmediata. Solo se escuchó la respiración agitada y un silencio tenso, acompañado por el sonido estático de la señal.—Señor... —balbuceó la voz de uno de mis hombres, temblando de pánico absoluto—. La perdimos.El teléfono temblaba en mi mano mientras la frase se estrellaba contra mis oídos.—¿Qué mierda quieres decir con que la perdieron? —les grité, con la voz rota por un arranque de furia desatada que hizo que todos en la sala de j

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 96

    Pov AlinnaEl eco de su voz a través del teléfono satelital seguía resonando en mi cabeza como una sentencia de muerte mientras caminaba por los pasillos de la facultad. «El ciclo se cumple... prueba de embarazo... inyección de mantenimiento». Las palabras del médico me habían helado la sangre desde el instante en que las escuché a escondidas junto al despacho. Tenía el estómago revuelto y las manos frías de puro terror. La idea de llevar dentro un hijo de Nikolaj, de atarme a ese monstruo para toda la vida, me asfixiaba con cada paso que daba.Apenas crucé las puertas principales del campus, con la mente nublada por el pánico, cambié de rumbo de inmediato.Caminé a paso rápido hacia la pequeña farmacia situada en la zona comercial de la universidad. Detrás de mí, a una distancia prudente pero amenazante, caminaban los dos hombres de seguridad que Nikolaj me había asignado.Al llegar frente al local, me detuve en seco y me giré hacia ellos con el rostro tenso, usando la excusa más cre

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 95

    Pov NikolajMi revisaba los informes pendientes en la pantalla del ordenador. A mi lado, el teléfono satelital privado comenzó a vibrar con insistencia sobre el escritorio.Fruní el ceño con molestia por la interrupción y alargué la mano para tomar el aparato, deslizando el dedo para responder con tono seco.—¿Qué?—Señor Románov... soy el doctor Valdés —respondió una voz al otro lado de la línea, sonando tensa y apresurada—. Disculpe que lo llame directamente a esta línea, pero es urgente.Apoyé la espalda en el respaldo de cuero, recostándome con fastidio.—Más te vale que sea importante. ¿Qué pasa?—Ya pasaron exactamente siete meses desde la inyección de bloqueo que le administré a la señorita Dimarco —explicó el médico con un matiz de preocupación evidente—. El ciclo se cumple y es imperativo que regrese al consultorio esta semana para hacerle una prueba de embarazo y evaluar si requiere la siguiente dosis de mantenimiento.Me inmuté apenas, recordando el control absoluto que eje

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 94

    Pov AlinnaEntré al cuarto con la bandeja en las manos. Él ya estaba sentado en el borde de la cama, la camisa a medio abrir, mirándome. Cerré la puerta con el pie.—Feliz cumpleaños —dije.Dejé la bandeja en la mesita.Me quité el vestido despacio, delante de él. Debajo no llevaba nada. Solo piel.Me acerqué, tomé el chocolate derretido con los dedos y me lo pasé por los pechos, lento, cubriéndome los pezones, dejando que goteara entre ellos. Después bajé la mano. Me abrí un poco las piernas y me lo unté en el coño, despacio, el calor del chocolate mezclándose con el mío.Lo miré. Los labios entreabiertos. Los ojos oscuros.—Aquí está tu postre —susurré—. Ven.Él no habló. Se levantó. Me empujó contra la cama y se arrodilló entre mis piernas.Empezó por los pechos.La lengua caliente recogiendo el chocolate, chupándome los pezones con fuerza, mordiendo suave, lamiendo cada rastro hasta dejarme la piel limpia y sensible. Gemí. Le agarré el pelo.Bajó. Sin prisa. Me abrió más.Y cuando

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 93

    Pov AlinnaMetí la mano en el escote de mi vestido, entre la tela ajustada y mi piel, y saqué un pequeño frasco de vidrio ámbar. Lo sostuve frente a la reja, dejándolo a la vista en la penumbra.—Esto es ricino —le dije sin un ápice de compasión en la mirada—. Si te lo tomas, mueres. Pero esa ya sería tu decisión.Mi padre se quedó mirando el frasco con los ojos abiertos de par en par. Con un movimiento desesperado, se estiró entre los barrotes, me lo arrancó de las manos con los dedos destrozados y soltó una risa ronca, rota por el llanto.—¿Ya sabías que pediría la muerte...? —balbuceó, con el pecho agitado.Lo miré desde arriba, sintiendo cómo cada gramo de afecto que alguna vez le tuve se evaporaba en ese calabozo húmedo.—Te conozco, papá —le solté con sequedad—. Cuando vi tus fotos en el archivo, supe que la muerte iba a ser la única salvación para un hombre como tú. Prefieres el final antes que seguir arrastrándote aquí.Él apretó el frasco contra su pecho, con las lágrimas abr

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