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Capitulo. 95

Auteur: Belladonna
last update Date de publication: 2026-10-22 22:46:02

Pov Nikolaj

Mi revisaba los informes pendientes en la pantalla del ordenador. A mi lado, el teléfono satelital privado comenzó a vibrar con insistencia sobre el escritorio.

Fruní el ceño con molestia por la interrupción y alargué la mano para tomar el aparato, deslizando el dedo para responder con tono seco.

—¿Qué?

—Señor Románov... soy el doctor Valdés —respondió una voz al otro lado de la línea, sonando tensa y apresurada—. Disculpe que lo llame directamente a esta línea, pero es urgente.

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  • Vendida al Demonio Romanov   Capítulo. 99

    POV Alinna Nos sentamos alrededor de la mesa y comimos en un silencio lleno de peso, con la comida apenas rozando nuestros labios mientras la tensión flotaba en el ambiente. En cuanto terminamos, Ricardo miró a su esposa con seriedad y le puso una mano en el brazo. —Dayana, deja que Alinna y yo hablemos a solas en el estudio. Tenemos mucho que aclarar —le pidió con voz firme. Su esposa asintió con comprensión, retirando los platos con cuidado y dejándonos espacio. Me puse de pie y seguí a mi tío hasta el despacho del fondo, un cuarto pequeño y cálido, rodeado de estantes llenos de libros viejos y papeles. Apenas cerró la puerta, se giró para mirarme a los ojos con total atención. —Ahora sí, Alinna. Dime qué pasó exactamente —pidió con suavidad, esperando respuestas. Tomé aire, sintiendo que el pecho me quemaba, y comencé a desatar la verdad que llevaba guardada como una condena. —Mi padre... él me entregó como pago de un fraude que cometió contra los Romanov —le conté,

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 98

    Pov AlinnaMis pies me guiaron casi por instinto a través de las calles tranquilas y polvorientas de la zona rural, hasta detenerme frente a la fachada de una casa de piedra antigua rodeada de olivos.El corazón me latía con fuerza en el pecho mientras subía los escalones de la entrada. Alcé la mano y di dos golpes secos contra la madera de la puerta.Unos segundos después, el cerrojo giró y la puerta se abrió lentamente. Una mujer de mediana edad, con el ceño fruncido y un delantal de cocina atado a la cintura, me examinó de arriba a abajo con profunda desconfianza.—¿A quién buscas? —preguntó con acento cerrado, sin invitarme a pasar.Miré hacia los lados por pura y neta precaución, sintiendo que cualquier sombra podía ser un hombre de Nikolaj, antes de volver los ojos hacia ella.—Busco a Ricardo Torrento —respondí con la voz temblorosa por el frío y los nervios.La mujer entrecerró los ojos todavía más, cruzándose de brazos frente a su pecho, y me soltó con dureza:—¿Y tú quién se

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 97

    Pov NikolajLa reunión en el puerto se alargaba demasiado y el teléfono satelital vibró sobre la mesa de caoba. Lo ignoré la primera vez.Vibró de nuevo. Y otra vez, de forma insistente, formando una cadena ininterrumpida de llamadas que interrumpió el informe de mis hombres.Fruní el ceño con una furia repentina, tomé el aparato y contesté con un rugido, perdiendo la paciencia por completo:—¡Más les vale que sea de vida o muerte! ¡Les dije mil veces que los vería directamente en la clínica con el doctor Valdés!Al otro lado de la línea no hubo réplica inmediata. Solo se escuchó la respiración agitada y un silencio tenso, acompañado por el sonido estático de la señal.—Señor... —balbuceó la voz de uno de mis hombres, temblando de pánico absoluto—. La perdimos.El teléfono temblaba en mi mano mientras la frase se estrellaba contra mis oídos.—¿Qué mierda quieres decir con que la perdieron? —les grité, con la voz rota por un arranque de furia desatada que hizo que todos en la sala de j

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 96

    Pov AlinnaEl eco de su voz a través del teléfono satelital seguía resonando en mi cabeza como una sentencia de muerte mientras caminaba por los pasillos de la facultad. «El ciclo se cumple... prueba de embarazo... inyección de mantenimiento». Las palabras del médico me habían helado la sangre desde el instante en que las escuché a escondidas junto al despacho. Tenía el estómago revuelto y las manos frías de puro terror. La idea de llevar dentro un hijo de Nikolaj, de atarme a ese monstruo para toda la vida, me asfixiaba con cada paso que daba.Apenas crucé las puertas principales del campus, con la mente nublada por el pánico, cambié de rumbo de inmediato.Caminé a paso rápido hacia la pequeña farmacia situada en la zona comercial de la universidad. Detrás de mí, a una distancia prudente pero amenazante, caminaban los dos hombres de seguridad que Nikolaj me había asignado.Al llegar frente al local, me detuve en seco y me giré hacia ellos con el rostro tenso, usando la excusa más cre

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 95

    Pov NikolajMi revisaba los informes pendientes en la pantalla del ordenador. A mi lado, el teléfono satelital privado comenzó a vibrar con insistencia sobre el escritorio.Fruní el ceño con molestia por la interrupción y alargué la mano para tomar el aparato, deslizando el dedo para responder con tono seco.—¿Qué?—Señor Románov... soy el doctor Valdés —respondió una voz al otro lado de la línea, sonando tensa y apresurada—. Disculpe que lo llame directamente a esta línea, pero es urgente.Apoyé la espalda en el respaldo de cuero, recostándome con fastidio.—Más te vale que sea importante. ¿Qué pasa?—Ya pasaron exactamente siete meses desde la inyección de bloqueo que le administré a la señorita Dimarco —explicó el médico con un matiz de preocupación evidente—. El ciclo se cumple y es imperativo que regrese al consultorio esta semana para hacerle una prueba de embarazo y evaluar si requiere la siguiente dosis de mantenimiento.Me inmuté apenas, recordando el control absoluto que eje

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 94

    Pov AlinnaEntré al cuarto con la bandeja en las manos. Él ya estaba sentado en el borde de la cama, la camisa a medio abrir, mirándome. Cerré la puerta con el pie.—Feliz cumpleaños —dije.Dejé la bandeja en la mesita.Me quité el vestido despacio, delante de él. Debajo no llevaba nada. Solo piel.Me acerqué, tomé el chocolate derretido con los dedos y me lo pasé por los pechos, lento, cubriéndome los pezones, dejando que goteara entre ellos. Después bajé la mano. Me abrí un poco las piernas y me lo unté en el coño, despacio, el calor del chocolate mezclándose con el mío.Lo miré. Los labios entreabiertos. Los ojos oscuros.—Aquí está tu postre —susurré—. Ven.Él no habló. Se levantó. Me empujó contra la cama y se arrodilló entre mis piernas.Empezó por los pechos.La lengua caliente recogiendo el chocolate, chupándome los pezones con fuerza, mordiendo suave, lamiendo cada rastro hasta dejarme la piel limpia y sensible. Gemí. Le agarré el pelo.Bajó. Sin prisa. Me abrió más.Y cuando

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