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capítulo 63

Author: Belladonna
last update publish date: 2026-10-13 06:31:31

POV Alinna

El eco de las palabras de Petrova todavía zumbaba en las paredes del vestíbulo, pero en cuanto las puertas dobles se cerraron tras ella, el silencio que quedó en la casa fue el preludio de una tormenta. Subí las escaleras a zancadas, con la sangre hirviéndome en las venas y la furia acumulada lista para estallar.

Empujé la puerta de la habitación con demasiada fuerza y me metí al vestidor para quitarme los tacones, pero los pasos pesados de Nikolaj detrás de mí me avisaron que venía
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  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 90

    Pov AlinnaMe levanté en cuanto dejé de oír sus pasos. Estaba en su cuarto. Me vestí rápido y empecé a buscar ahí mismo.Abrí las gavetas de su cómoda. Ropa doblada. Relojes. Nada más. Revisé el buró de ambos lados. El armario. Metí la mano entre sus trajes, en las cajas de zapatos, detrás de los cinturones. Encontré un arma en un estuche. Papeles de la empresa. Nada sobre Ivannia. Nada del acuerdo.Bajé al estudio. Los guardias me vieron acercarme.—Tengo que hacer unas tareas de la universidad —dije—. El señor me deja entrar.No me cuestionaron. Entré y cerré. Revisé el escritorio, los cajones, los estantes. Documentos de cargas. Listas. Contratos de armas. Números. Puertos. Nada que hablara de ella. Nada que pudiera usar contra él.Cerré todo. Me quedé quieta un momento, con las manos sobre la madera.Había buscado en su cuarto y en su estudio. Y todavía no tenía nada.Iba a cerrar el último cajón cuando miré al frente.Dentro del librero, casi escondido entre los lomos de los libr

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 89

    Pov AlinnaDos días después oí el motor antes de ver la camioneta.Me había puesto ropa simple. Nada que llamara la atención. Cuando la puerta se abrió, yo estaba en la cocina con una taza entre las manos, como si no hubiera pasado las últimas horas contando los minutos.—Llegaste —dije, sin moverme del todo.Él se quedó en el umbral un segundo. Me recorrió con la mirada, buscando algo que no encontró.—Te dije que venía —contestó.Asentí. Dejé la taza y me acerqué. Le rocé el brazo, justo por encima de donde sabía que estaba la venda, y le sostuve la mirada.—¿Cómo sigue?—Bien —dijo. Su mano se quedó un momento en mi cintura—. ¿Lista para volver?—Lista.No le pregunté por nadie. No mencioné nombres. Dejé que el silencio se sintiera como tregua.En el carro él condujo con una mano en el volante y la otra en mi muslo, el pulgar moviéndose despacio, como si el gesto ya no necesitara permiso. Yo miré por la ventana. Cuando la reja de la finca se abrió, el peso de siempre me cayó en el

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 88

    Pov Alinna—¿Y si sabes eso, por qué te quedaste? —pregunté—. Podías simplemente irte y tranquilizar todo.Él no contestó enseguida. Me abrió la bata. La tela se deslizó a los lados y me dejó desnuda frente a él, sentada en la isla, con el aire de la cocina dándome en la piel. Sus manos volvieron a mis muslos.—Porque para mi puta desgracia —dijo, bajo— prefiero estar bien contigo. Saber que estás bien. Que mi propia seguridad.Tragué. El pecho se me apretó.—¿Y ahora qué?—Ahora vamos a esperar el año juntos —contestó—. Y luego veremos qué pasa.Lo miré. La venda. Los ojos. La forma en que no se había ido.—Pareciera que realmente estás enamorado, Romanov.—No seas estúpida —murmuró.Y me besó. Lento. La boca suave contra la mía mientras me bajaba la bata por los hombros, dejándola caer, y me acercaba más al borde de la isla, entre sus piernas, como si el año que empezaba pudiera esperar un poco más.Me despegué lo justo para mirarlo.—¿Qué, no te cansas de coger conmigo?Él sonrió c

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 87

    Pov AlinnaAbrí el grifo y me metí en la bañera. El agua caliente me cubrió hasta el pecho. Me quedé quieta, escuchando.Nada.Ni pasos en la escalera. Ni el sonido de la puerta de abajo. Ni su voz. Solo el goteo del grifo y el silencio de la cabaña.Cerré los ojos. Por un segundo creí que todavía estaba abajo, fumando, esperando a que yo saliera. Después pasó un minuto. Otro. El silencio se hizo más grande.Se fue.El hijo de puta se fue.Me dejó sola, como le pedí, y ahora el pecho me pesaba de una forma que no quería nombrar. Me imaginé la camioneta arrancando.Me imaginé a Ivannia, esa maldita serpiente de piernas largas, abriéndole la puerta de su casa, sonriéndole, recibiéndolo como si nada hubiera pasado aquí. Como si yo no le hubiera cortado el brazo. Como si no me hubiera tenido doblada en la cocina hace una hora.Me hundí un poco más en el agua.El corte de su sangre todavía me manchaba el brazo. No me lo lavé. Me quedé escuchando un ruido que ya no iba a llegar, decepcionada

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 86

    Pov AlinnaEl cuchillo me rozó el antebrazo cuando le agarré la muñeca. El filo entró lo suficiente para abrir la piel. La sangre salió caliente, rápida, manchándome la manga y goteando al suelo de la cocina.Me detuve un segundo. Miré el corte. Después la miré a ella.—Ahora esto te va a salir caro, pequeña fiera —dije, bajo.Le arranqué el cuchillo de la mano y lo tiré al fregadero. Antes de que pudiera moverse, le rompí la ropa. La camisa se abrió de un tirón, los botones saltaron. El sujetador cedió. La sangre de mi brazo le manchó el pecho y el vientre.Ella forcejeó, me empujó, me insultó entre dientes. La sometí contra la isla, el cuerpo pegado al suyo, el brazo herido dejando rastros rojos en su piel.La subí a la encimera de un movimiento. Me metí entre sus piernas. Le abrí los muslos con las rodillas y le metí la lengua en la boca, profunda, sucia, con sabor a sangre y a rabia. Ella me mordió el labio. Yo no me aparté.Bajé la mano. Le metí dos dedos en el coño. Estaba húmed

  • Vendida al Demonio Romanov   Capítulo. 85

    POV Nikolaj El sonido seco del pestillo todavía me zumbaba en los oídos cuando reaccioné. La incredulidad se transformó en una furia ciega, una rabia tan pura que me quemaba la garganta. Me acerqué de un salto al porche y comencé a golpear la madera con los puños cerrados, perdiendo los papeles por completo. —¡Abre la puta puerta, Alinna! —le rugí con la voz rota por la desesperación y la ira, sacudiendo el marco con todas mis fuerzas. Del otro lado, su voz atravesó la madera, afilada y cargada de burla: —¡Vete con tu esposa, Romanov, y deja de joder! —¡Alinna, hija de puta, te voy a matar yo mismo! —le grité fuera de mí, con los nudillos ardiendo. —¡A ver, atrévete! —me desafió ella desde adentro, sin rastro de miedo. Con el poco juicio que me quedaba, levanté el brazo y le arreé un puñetazo brutal a la superficie. Un dolor agudo me recorrió la mano al instante, haciéndome maldecir entre dientes. Olvidaba ese pequeño detalle: esta maldita cabaña era un refugio diseñado por

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