LOGINRafaelaAunque parezca increíble, dormí profundamente bien.Cuando desperté, había una mesa de desayuno organizada de manera impecable. Todo estaba dispuesto con cuidado, como si cada detalle hubiera sido pensado con atención. Me acerqué lentamente, todavía asimilando la tranquilidad que había sentido al despertar, y comencé a servirme, intentando entender cómo, después de una noche tan confusa, había conseguido descansar de aquella manera.Él ya estaba allí.Levantó la mirada cuando me vio y sonrió discretamente antes de sentarse, comenzando su propio desayuno con naturalidad, como si aquello fuera algo habitual en su rutina.— Sabes que no necesitabas preparar todo esto, ¿verdad?Apoyó el vaso sobre la mesa antes de responder, tranquilo.— Lo sé. Pero no tendría sentido dejarte con hambre. Estás embarazada. Y, por lo que entendí, todavía tienes muchas cosas que resolver con el padre de tu hijo… así que vas a necesitar energía.Asentí ligeramente, sintiendo una mezcla de incomodidad
RajCuando vi a aquella mujer sola frente al mar, no conseguí ignorar la situación en la que se encontraba.Había algo en ella que llamaba la atención, pero no era solamente su apariencia. Era la forma en que estaba allí, vulnerable, emocionalmente expuesta, como si la hubieran dejado a su suerte. Aquello me incomodó más de lo que debería.No tenía ningún interés en involucrarme con nadie. Mucho menos con una mujer que estaba esperando un hijo de otro hombre. Ese tipo de situación nunca había formado parte de mis planes. Aun así, simplemente darle la espalda no formaba parte de quien yo era.Podría haber solicitado un auto para llevarla a casa y terminar con aquello allí mismo.Pero no lo hice.Había riesgos. No exactamente por el lugar en sí, sino por la exposición, por lo avanzada que estaba la hora y por su estado emocional. Y lo sabía porque conocía bien el tipo de situaciones que podían surgir en momentos como aquel.De cierta forma, yo formaba parte de ese mundo.Y todo lo que o
RafaelaYa pasaban de las nueve de la noche cuando salí de la mansión de Nayla.Habíamos pasado algunas horas celebrando la llegada de Karim, y todo había sucedido exactamente como debía. El ambiente estaba tranquilo, hermoso, lleno de conversaciones relajadas, risas sinceras y esa sensación de paz que rara vez aparece, pero que, cuando lo hace, se apodera de todo. Nayla se lo merecía. Merecía cada detalle, cada momento, cada sonrisa a su alrededor.Pero yo no conseguí sentir lo mismo.Por fuera, participé, conversé, sonreí cuando era necesario. Por dentro, me estaba derrumbando. Era como si aquella tranquilidad no pudiera alcanzarme, como si estuviera fuera de lugar en un sitio que debería hacerme bien. Incluso intenté ir a casa, convencerme de que necesitaba descansar, de que lo mejor sería acostarme y dejar que el tiempo pasara hasta que llegara el sueño. Pero sabía que no lo conseguiría. Me quedaría dando vueltas de un lado a otro, atrapada en mis propios pensamientos, reviviéndol
RajComencé a organizar todo lo que estaba bajo mi mando con precisión, ajustando cada detalle sin prisa, pero tampoco permitiendo ningún margen de error. Algunas decisiones claramente no fueron bien recibidas. Eso era evidente en las miradas esquivas, en la forma en que evitaban mirarme directamente, en el silencio más denso que se instalaba cada vez que entraba en algún lugar. Pero nadie dijo nada. Nadie cuestionó. Después de lo que ocurrió con Malik, nadie parecía dispuesto a descubrir hasta dónde estaba dispuesto a llegar.Podían estar en desacuerdo, podían guardar resentimiento, pero sabían exactamente con quién estaban tratando. Mi padre nunca me enseñó a confiar en las personas. Me enseñó a esperar lo peor de ellas. Y eso fue lo que me mantuvo preparado. Para mí, la confianza nunca fue necesaria. El control siempre fue suficiente.Uno de los hombres se acercó para actualizarme sobre la situación. Su postura era respetuosa, pero la tensión estaba allí, visible en los pequeños de
Nayla La celebración comenzó exactamente como la había imaginado: íntima, controlada y rodeada únicamente de personas que realmente formaban parte de nuestra vida. Nada de exageraciones, nada de movimientos innecesarios. Conocía a Adir lo suficiente para saber que, si hubiera dependido únicamente de él, aquel momento habría adquirido proporciones mucho mayores, pero, esta vez, respetó lo que le pedí. Aquella noche no se trataba de estatus, no se trataba de demostrar poder… se trataba de familia. El ambiente fue preparado con cuidado, siguiendo tradiciones más discretas y elegantes. La mesa principal estaba organizada con platos típicos, dulces delicados y frutas, todo dispuesto con una estética impecable. El aroma de las especias llenaba suavemente el aire, mientras pequeñas luces doradas hacían que el espacio resultara acogedor. Algunas mujeres conversaban en voz baja, otras observaban, y los hombres se mantenían más alejados, respetando el momento. Llevé la mano hasta mi vientre
AdirNo recordaba la última vez que había estado tan ansioso por algo. Era una sensación extraña, casi inquietante, como si el tiempo estuviera pasando más despacio a propósito, solo para prolongar aquella espera. En los últimos días, terminamos posponiendo este momento debido a todo lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor, pero ahora ya no había más excusas. Era hoy. El día en que finalmente descubriríamos el sexo de nuestro hijo.Nayla estaba a mi lado, visiblemente más tranquila que yo. Había un brillo en sus ojos que no ocultaba la expectativa, pero también transmitía una calma que yo no conseguía encontrar dentro de mí. Mientras mantenía las manos entrelazadas, intentando controlar el ritmo de mi respiración, ella parecía completamente entregada a aquel momento, como si ya supiera exactamente lo que estaba por venir.Giró el rostro hacia mí con una sonrisa suave, de esas que siempre conseguían desarmarme.— Estoy casi segura de que es una niña — dijo, con tranquila convicció







