INICIAR SESIÓNElla firmó el contrato para salvarse. Pero no sabía que estaba firmando la entrega de su alma a la misma persona que la destruyó. La vida de Riana había terminado antes de entrar en esa habitación. Las deudas de juego de su padre lo habían consumido todo, su hogar, su futuro, su esperanza. Cuando los prestamistas llegaron a la puerta, se enfrentó a una elección imposible: venderse a un hombre o ser devorada por muchos. Eligió al diablo que no conocía. Su nombre es Matteo Blackwood. Poderoso. Despiadado. Devastadoramente hermoso. Sus ojos azules guardan secretos que ella teme descubrir. Sus manos pueden dar placer o dolor. El contrato es simple: su cuerpo para su placer hasta que su deuda quede saldada. Nada más. Nada menos. Pero nada en él es simple. No solo toma su cuerpo, la consume. La marca, la rompe y la reconstruye a su imagen. Habla de posesión como si fuera un lenguaje de amor. La mira como si fuera lo único en el mundo que vale la pena salvar. Y no tiene intención de dejarla ir nunca. Pero hay algo que no le está diciendo. Un secreto que va mucho más allá de los muros de su mansión. Un pasado que amenaza con destruirlos a ambos. Un enemigo que no se detendrá ante nada para quitarle todo lo que tiene, incluida a ella. ¿Es ella su salvación? ¿O es solo otra víctima? En este mundo de poder y obsesión, Riana debe decidir: ¿dejará que él la destruya, o aprenderá a convertirse en lo único que él nunca esperó? Su igual. Ella fue vendida a él. Ella será poseída por él. Pero no se romperá. Porque al final, el diablo no solo quiere su cuerpo. Quiere su corazón. Y eso podría ser lo más peligroso de todo.
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“Es la única manera”
La palabra se sentía pesada y aplastante, Riana repitió las palabras lentamente en su cabeza. Era una montaña de deudas, dejada por su padre cuya adicción al juego finalmente los había consumido a ambos.
Cuando los prestamistas no pudieron encontrarlo, vinieron por ella en su lugar. Riana se mataba trabajando día y noche, desesperada por evitar hundirse al nivel de los clubes de striptease.
Valerie fregaba pisos, servía mesas, vendió todo lo que tenía. Pero sin importar lo que hiciera, simplemente no podía liberarse.
Riana quiso terminar con todo múltiples veces. Sin embargo cada vez que cerraba los ojos, veía la sonrisa engreída e inútil de su padre. La ira la mantenía viva. El rencor era el único combustible que le quedaba.
Finalmente, los cobradores ofrecieron un compromiso monstruoso: venderse a un hombre poderoso hasta que la deuda estuviera saldada. “¿Por qué acostarte con diferentes hombres cuando podrías pertenecer solo a uno?” razonaron, como si le estuvieran haciendo un favor. Como si esto fuera misericordia.
“Eso será todo por hoy, señora.”
La voz fría sacó a Riana de sus recuerdos. Una mujer con un traje de oficina afilado y rasgos distintivos estaba al otro lado del escritorio, su expresión ilegible. Riana se giró para irse, pero la mujer la detuvo con una mano levantada.
“Empiezas esta noche, señora. Te mostraré tus aposentos antes de que llegue el jefe.”
“¡¿Qué?!” Riana estalló, el pánico rompiendo su exterior entumecido. “¡Pensé que no era hasta el lunes!”
“El contrato establece que siempre que él te requiera, debes estar ahí para satisfacerlo,” respondió la mujer, su tono plano, anunciando la pérdida total de autonomía corporal de Riana como si estuviera leyendo un informe del clima rutinario.
“Si no hay más argumentos, por aquí.” La mujer se dio la vuelta y se alejó, esperando plena obediencia.
Riana dudó, al borde absoluto de renunciar a todo, pero sus piernas la siguieron de todos modos. Subieron una serie de escaleras hasta que la mujer se detuvo frente a una puerta pesada, abriéndola con un gesto silencioso.
Riana tragó un suspiro y entró. Sus ojos se abrieron de par en par.
La habitación era enorme, del tamaño de una casa pero sofocante. Cortinas oscuras y gruesas ahogaban por completo las ventanas, tragándose cualquier rastro de luz natural. En el centro había una cama king size masiva. Detrás de ella, la puerta se cerró con un clic.
El leve sonido le envió un escalofrío violento por la columna. La realidad de su situación se asentó pesadamente en su pecho: acababa de ser encerrada en una habitación para vender su cuerpo a un extraño.
Caminó hacia la cama y se sentó. La cama era increíblemente suave, hundiéndose bajo su peso, pero no le trajo ningún consuelo. Su mente corría.
Todavía era virgen.
La idea de perder algo tan íntimo con un completo extraño le arrancó una risa a medias. Se desplomó hacia atrás sobre el edredón mullido, mirando el techo oscuro.
Al crecer, Riana había soñado con darle su primer beso y su primera noche a un hombre que la amara para siempre.
Había imaginado luz de velas y ternura, promesas susurradas y manos gentiles. Ahora, esos sueños se sentían como una fantasía cruel y distante. Un cuento de hadas en el que había sido lo suficientemente tonta como para creer.
“Desnúdate.” La voz profunda y autoritaria de un hombre cortó el silencio.
Se incorporó de golpe, el corazón golpeándole las costillas. Estaba tan perdida en sus propios pensamientos que ni siquiera había oído abrir la puerta.
“¿No me oíste? ¿Estás sorda?” preguntó el hombre, sus pesados pasos acercándose a través de las sombras.
“Yo… lo siento. No lo…” susurró Riana.
Odiaba lo pequeña que sonaba su voz, a pesar de su desesperado intento de parecer valiente. Se puso de pie sobre piernas temblorosas y comenzó a quitarse la ropa, pieza por pieza, hasta quedar solo en su ropa interior.
“¿Qué parte de ‘desnúdate’ no entiendes?” dijo él, acercándose más, cerrando la distancia entre ellos.
Ella se desabrochó lentamente el sujetador, dejando salir su pecho generoso, sintiéndose tímida mientras se los cubría con las manos.
Él le agarró las manos de inmediato. “¡Nunca intentes esconderte de mí, ¿entiendes?!” gruñó.
“Yo no… no estaba intentando…” tartamudeó ella.
Sus ojos estaban en todas partes, recorriendo su cuerpo como un depredador evaluando a su presa. “¿Quieres saber por qué te elegí específicamente a ti?” preguntó, su voz baja y peligrosa mientras se cernía sobre ella.
Extendió la mano para agarrarle la barbilla con fuerza contundente, obligándola a levantar la cabeza y mirarlo directamente a los ojos. Sus rostros estaban ahora tan cerca que solo los separaban centímetros.
Riana ya temblaba con un nerviosismo visible e incontrolable que no podía ocultar. Su agarre se apretó aún más en su mandíbula mientras la miraba con ojos oscuros y posesivos que parecían reclamar cada centímetro de su alma.
“Ponte de rodillas,” ordenó con un aura fría y escalofriante, su mano pasando de la mandíbula al hombro mientras la empujaba sin piedad hacia el suelo, sin dejar espacio para discusiones.
“Usa esa linda boca tuya y muéstrame cuánto quieres pagar tu deuda,” sonrió con superioridad.
La vergüenza la atravesó de inmediato, dejándola sin palabras. Sus mejillas ardían de humillación, lágrimas pinchando en las comisuras de sus ojos.
“No voy a repetirme,” dijo con pereza, mirándola con ojos entrecerrados.
Ella comenzó de inmediato a forcejear con el cinturón para quitárselo y logró bajarle los pantalones junto con los boxers. De inmediato, su polla saltó libre, golpeándola ligeramente en la cara mientras ella se ponía completamente roja.
Él cerró el puño en su cabello y tiró de su cabeza hacia arriba de inmediato, provocando un escalofrío que le recorrió desde la cabeza hasta el centro, haciendo que apretara instintivamente las piernas.
“Chúpala,” dijo.
“Nunca… nunca he hecho esto antes,” dijo ella, mirando hacia abajo. Él tiró de su cabeza hacia arriba de inmediato y sonrió con superioridad.
“Bueno, me complace ser el primero en follarte la garganta. Ahora, sé una putita linda y chúpame bien rico. Me importa una m****a si es tu primera vez.”
Ella volvió a mirar hacia abajo a su polla, tomando su longitud, que era muy gruesa y enorme, con precum saliendo de la punta roja.
“Oh… por el amor de Dios,” dijo él mientras le embestía violentamente la polla en la boca, haciéndola atragantarse de inmediato, lágrimas acumulándose en las comisuras de sus ojos.
“Usa tus manos, niña linda, no solo la boca.” Ella siguió sus instrucciones, usando su mano para cubrir la mitad de su polla, ya que su mano ni siquiera podía rodear el grosor.
Usando su mano como ancla, comenzó a chupar lentamente, intentando lo mejor posible complacer al hombre encima de ella, porque si no lo hacía, significaría problemas.
Él la miró desde arriba con ojos entrecerrados. Era terrible en esto, pero aun así, estaba intentándolo lo mejor posible como una buena perrita, y eso le arrancó una sonrisa perezosa mientras tiraba de su cabello hacia arriba.
“Suficiente,” dijo, empujando su boca fuera de su polla, que brillaba con su saliva. “Eres jodidamente terrible en esto, ¿lo sabes?”
“Lo siento…” dijo ella, mirando hacia abajo. Cada vez que intentaba ser valiente, no podía. Había algo en el aura que él desprendía que la hacía querer arrastrarse de nuevo.
“Levántate, ahora mismo,” dijo, tirando de su cabeza hacia arriba para que encontrara su rostro, mientras ella se ponía de pie lentamente, encontrando sus ojos. “Súbete a la puta cama y ábrete bien para que te vea.”
Ella se quedó congelada, el corazón golpeándole el pecho y un leve temblor en los dedos, sus ojos saltando de un lado a otro para dar sentido a lo que estaba pasando.
Él se inclinó ligeramente hacia sus labios, dándole un beso allí como si intentara calmarla. “No te preocupes, cariño. Puede que sea gentil si sigues mis órdenes. Puede. Pero si te quedas ahí parada así, solo me enfurece. Ahora, súbete a la puta cama, quítate esa puta ropa interior y ábrete bien abierta para mí.”
La realidad la golpeó. Caminó lentamente hacia la cama, bajándose la ropa interior despacio antes de sentarse en el medio de la cama, ofreciéndole una vista sumamente erótica de su centro.
“Mírate, cariño. Te mojaste toda de chuparme la polla. Así de puta eres, ¿eh?” dijo él con un gemido profundo, haciéndola estremecerse mientras su centro se mojaba aún más.
Él se estaba quitando la ropa lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Cada botón, cada cremallera, era un acto deliberado de tortura.
Cuando terminó, se acercó a la cama lentamente pero hizo una pausa repentina, bebiendo la vista de ella mientras eso solo lo ponía más duro.
Había follado a muchas chicas. ¿Qué tenía de especial esta que hacía que su polla se contrajera tanto? El pensamiento solo lo enfureció más mientras trepaba a la cama, cerniéndose sobre ella, notando el temblor en su cuerpo.
“Relájate, cariño. Esta va a ser una puta noche larga.” Cerró de inmediato la distancia entre sus labios.
POV DEL AUTORÉl la guió hacia la cubierta y dentro del yate. La música dentro era suave y calmada; a su alrededor, los vasos tintineaban y las conversaciones continuaban.La atención de Matteo se había centrado por completo en ella.Riana había estado observando a la multitud cuando él de repente la giró para que lo enfrentara.“¿Bailarías conmigo?” Matteo se paró frente a ella, con una mano extendida.Por un momento, ella simplemente la miró. “¿Tengo elección?”La esquina de su boca se levantó. “No.”“Entonces ¿por qué preguntas?”, murmuró ella.“Porque disfruto que finjas que eres capaz de rechazarme.”Ella puso su mano en la de él. Sus dedos se cerraron alrededor de los de ella, cálidos y firmes.Él la guió hacia el centro de la pista de baile. Riana de repente se volvió consciente de todo: las miradas, los susurros, el hecho de que estaba a punto de bailar con Matteo Blackwood mientras algunas de las personas más poderosas de la sala observaban.Pero en el momento en que su mano
POV DEL AUTORRiana se veía etérea, su cabello mojado cayendo en cascada por sus hombros. Y luego estaban sus ojos. Dios, sus ojos. Bajo la luz, el verde en ellos parecía más profundo, revelando diminutas motas de oro que él no había notado antes.Parecían esmeraldas que retenían la luz del sol cautiva. Ella era simplemente irreal.Eso era todo en lo que podía pensar mientras la miraba, con sus piernas envueltas alrededor de su torso, sus partes privadas rozándose. La fricción la hizo morderse el labio para contener cualquier gemido.Su mano izquierda se levantó, rozando sus labios magullados, tocándolos sutilmente.“Nunca vuelvas a abusar de tus labios”, dijo, todavía usando su mano para calmar el dolor allí.Él siguió frotando sus cuerpos lentamente, tratando de sacar su gemido.Riana ya estaba mojada, y él lo sabía. Lo último que quería era avergonzarse, así que sutilmente intentó alejarse de su agarre.Él la atrajo de inmediato de vuelta por el sujetador, sus pezones poniéndose er
POV del autorLa cálida luz del sol se filtraba por la habitación a través de las cortinas oscuras, un marcado contraste con el interior fresco.Riana gimió, usando sus manos para cubrir la luz del sol que le atravesaba la cara. Giró la cabeza lentamente; el otro lado de la cama estaba vacío, las sábanas arrugadas y frías.Él se había ido, dejando atrás solo el leve aroma de colonia y ceniza. Estaba completamente sola, solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado.Su cuerpo dolía en lugares que nunca había sentido antes, recordándole la noche anterior y su propia vulnerabilidad.Riana levantó lentamente el edredón para echar un vistazo a su propio cuerpo. Había marcas esparcidas por su cuerpo como si la hubieran mordido; se había asegurado de marcarla en todas partes, incluyendo sus muslos internos.Su coño aún latía, recordándole la forma en que su mano áspera chocó contra él. Se arrepentía de haber firmado ese contrato. Si esto era lo que iba a enfrentar, no estaba preparada.
POV del AutorLa besó con tanta fuerza, como si fuera un loco que no podía saciarse de sus labios. De su lado, ella intentaba seguirle el ritmo; este era su primer beso real, y no sabía lo que estaba haciendo.Le mordió los labios, obligándola a abrir la boca mientras lanzaba su lengua adentro, saboreando su dulce caverna mientras lamiendo su lengua con la suya, mientras ella simplemente lo dejaba.Se apartó lentamente de sus labios, dándole un último tirón al ponerlos entre sus dientes antes de soltarlos.La miró desde arriba con ojos entrecerrados, su polla palpitando de necesidad mientras atacaba su cuello, besando, mordiendo y sorbiendo con seria necesidad.“Mmm,” ella intentaba desesperadamente contener sus gemidos, pero lo que él estaba haciendo no ayudaba en absoluto. Estaba en todas partes de su cuerpo, chupando y mordiendo; estaba segura de que le dejaría muchas marcas por la mañana.Se levantó lentamente, admirando su trabajo en su cuerpo mientras ella yacía allí completamen






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