LOGINJudith suddenly inherits a magnificent big house. Fearing loneliness, she looks for friends to spicy her life. She attracts them easily and then, she places a small ad on the Internet looking for a fifth roommate. What if things got complicated again? Judith does not like simplicity, and that is the least you could say!
View MoreMe levanto asustada de la cama. Al contemplar el panorama del clima por la ventana de la habitación decido observar el reloj. Llegaré tarde, otra vez. Recuerdo vagamente haber apagado la alarma de mi teléfono celular pero, al parecer, de forma inconsciente volví a acurrucarme entre las sábanas, quedándome completamente dormida. Descalza me dirijo hacia el baño y dejo acariciar mi cuerpo con esa lluvia artificial que tanto me relaja. Hoy no puedo mimarme. Mi tiempo es limitado, por lo que termino el aseo a una velocidad asombrosa. Tardo quince minutos en vestirme y aplicar un ligero maquillaje que, al menos, disimula mis ojeras. Sin despedirme del hombre que duerme en la cama decido subirme al auto para adentrarme en las calles de la ciudad que nunca duerme.
Atravieso las enormes puertas del consultorio pasadas las 8:00 de la mañana, algo tarde si tenemos en cuenta que los primeros pacientes ya están en el recibidor. No los conozco, es su primer consulta y debo causar buena impresión. Los saludo, tratando de mostrarme agradable. Observo a mi secretaria caminar por el pasillo con una bandeja circular en la que descansan dos tazas con el delicioso néctar de los dioses, se las ofrece a los visitantes como clara señal de cortesía. Me agrada su responsabilidad y dedicación en el cumplimiento del trabajo. Debería aumentarle el salario como agradecimiento. Contemplo a la pareja con creciente curiosidad. No percibo conexión entre ellos. Se ignoran, dejando claro que, los problemas, han absorbido sus sentimientos, convirtiéndolos en dos extraños que comparten espacios por costumbres. Los invito a trasladarse hacia la pequeña oficina donde atiendo a todos los pacientes. Es un lugar decorado con sencillez, íntimo y que actúa positivamente en el estado de ánimo de los visitantes. - Soy la Doctora Nicole Jonson, sexóloga, terapista de parejas – inicio el discurso aprendido al dedillo – le agradezco su confianza al elegir mi consulta para resolver las dificultades por las que atraviesa su matrimonio. Como es la primera sesión les agradecería que me hablaran de la relación y de los problemas que motivaron su visita. Tomo el formulario que Isabel se ha adelantado a llenar y decido leer los apuntes: Jane y Robert Anderson, 32 y 39 años de edad respectivamente y 7 de matrimonio, sin hijos. De repente una voz ronca y muy varonil comienza el relato y yo me acomodo en la silla, dispuesta a escucharlo. - Éramos una pareja normal, con situaciones y problemas, pero siempre terminábamos resolviéndolo, sin embargo ahora todo se fue de control y estoy harto – declara molesto - apenas me ve aparecer comienzan los reproches y, sabe una cosa, estoy cansado y ya no me siento tan seguro de querer salvar esta relación. Sus ojos despiden llamas. La molestia domina sus pensamientos y habla por él. Con el ceño fruncido y una mezcla de seriedad e impotencia en el rostro parece un hombre mayor. Posee particularidades de un varón dominante y machista y tomo nota de ello. Extrañamente esa conducta se asemeja a la que muestra Saúl, mi esposo y el corazón se me oprime. Últimamente ha estado frío, distante y paradójicamente posesivo, ya no reconozco, en él, al joven alegre, caballeroso y emprendedor del que me enamoré. Aparto mis pensamientos y me concentro en Jane, quien ha permanecido en silencio, sintiendo, quizás, la misma apatía que consume a su pareja. - Jane, me gustaría escuchar, de tus labios, los motivos que piensas han llevado a la crisis de tu matrimonio – sonrío dulcemente, incitándola a hablar. La palidez se acentúa en el semblante de la rubia. Contempla sus manos inquietas y decide comenzar a sincerarse. - Para empezar - plantea - me siento ignorada. No importa lo que haga, para él soy poca cosa. A veces hasta llego a creerlo y… interrumpe la frase porque, la emoción del momento, le impide continuar. Seca, casi con rabia, unas lágrimas rebeldes que se escapan de sus pozos azules. Le ofrezco un pañuelo desechable - disculpe – susurra – pero es que me siento tan humillada. - ¿Qué dices? - interroga el hombre impresionado - tú no me dejas acercar, solo me miras con desprecio. - No - habla rabiosa - entras y sales y no me dices ni una frase de cariño. La que no quiere permanecer ni un minuto más a tu lado soy yo. Las palabras salen de ambas partes sin límites ni contenciones. Escucho, en silencio, las dagas que disparan cargadas de veneno. Enfrentan, digo internamente y sin temor a equivocarme, un grave problema de comunicación. Han sido incapaces de expresar sus sentimientos con sinceridad. ¿Por qué las personas que juraron amarse ante un altar, se despiertan un día como simples desconocidos? Me levanto del sillón y salgo de la estancia para dejarlos solo durante algunos minutos, que aprovecho para tomar aire en el balcón del recibidor. Mi decisión parece haber sido acertada porque, al volver noto un silencio abrumador. Vuelvo a sentarme y me decido a romper el hielo. - Ahora, en vista a que se han mostrado tan cooperativos en la sesión, quiero que sean sinceros y me digan las cualidades que más les gusta del otro - digo aplicando una técnica antigua pero efectiva - comencemos contigo Robert - él parece dudarlo, pero finalmente dice con un brillo especial en la mirada. - Jane es hermosa, inteligente, sensible y muy femenina. Muevo la cabeza, aprobando sus palabras. Detecto que, en el fondo, el hombre aún admira a su pareja y eso me reconforta, por lo que albergo la esperanza de una cercana reconciliación. - ¿Te fijas? - le pregunto a la joven – eso es amor, aunque se empeñe en negarlo. Ahora te toca a ti Jane. - Robert es atractivo, extremadamente culto, no es violento y solía ser muy detallista - plantea la esposa con cierta timidez. El rostro del varón es un poema. Está sorprendido. Es impactante escuchar, en terapia, lo que han ignorado por orgullo y falta de sabiduría. - ¿Cuándo fue la última vez que salieron juntos o compartieron un momento íntimo satisfactoriamente? – pregunto interesada. Percibo las miradas cómplices de los esposos, tratando de descubrir, en el otro, la respuesta acertada a mi pregunta. - Yo… no recuerdo Doctora, es que tengo mucho trabajo - se disculpa Robert turbado. - El trabajo es un medio para conseguir un fin - aclaro – no puedes verlo como la razón de tu existencia. Tienes que, una o dos veces por semana, llegar temprano a la casa y cambiar la rutina que te está amargando. A las mujeres nos gustan los detalles. Regala flores y joyas. Los regalos no necesariamente deben tener un gran valor monetario, porque el verdadero objetivo es mimar a tu chica. Demuéstrale que te importa su bienestar. Elógiala para que se sienta hermosa y querida - entonces me dirijo a Jane para continuar la chala – En cuanto a ti, no permitas que tu abandono destruya el matrimonio. Arréglate y espera a tu pareja con ropa sexy. Motívalo a tocarte. Recuérdale por qué se enamoró de ti. Compartieron una sonrisa tímida, cargada de promesas. Están dispuestos a intentarlo. Pienso que ha sido un logro verlos, en la consulta, despojarse de la apatía y el conformismo que los rodeaba. Tomo, como ya es costumbre en cada una de mis sesiones, una tarjeta, que logré conformar mientras se realizaba la dinámica y se la extiendo a los esposos, invitando a Jane a leerla en voz alta. ¨Un matrimonio se considera realmente fuerte cuando enfrenta las crisis con tolerancia, respeto, confianza y amor. El ingrediente secreto está en vencer la rutina e incorporarle sabor a la relación¨ Cuando logro quedarme sola me permito descansar en el enorme sofá del despacho. Siento un ligero dolor de cabeza que, sin dudas, es la consecuencia de mi constante desvelo. Medito en los últimos acontecimientos y me vienen a la mente, a retazos, escenas de incomprensiones, maltratos e ignorancia de parte de mi esposo hacia mí. Es paradójico, pienso, que siendo mi especialidad, no logre diagnosticar bien el mal que nos aqueja. - ¿Qué haces? - pregunta Isabel entrando a la oficina con una taza de café. - Pensando en las ironías que tiene la vida - contesto, degustando el preciado líquido - yo aquí salvando matrimonios y el mío es un desastre. - ¿Siguen los problemas? - Sí - respondo lacónica, indicándole que no pienso seguir hablando del tema – al menos me siento realizada profesionalmente. - Los señores Anderson se fueron satisfechos – comenta con una expresión de alegría en el rostro. - Cuando aún existe en la unión respeto, confianza, admiración y amor la guerra está ganada - Me levanto y contemplo con gusto la vista que ofrece el enorme ventanal de la oficina. Pienso en lo feliz que me siento ayudando a las personas a encontrar su camino hacia la sanación. Miro a mi secretaria y le digo con determinación: - Ya estoy lista para atender a los próximos pacientes.—Hello? Penelope said in a singing voice.—Yes, hello. Look, I found your ad, and I would like to visit The Casa Bella, a young voice announced.—Your first name?—Annabelle, twenty-seven.—You are single?—Uh yes, why? Does it really matter?— It does. Men are not allowed to The Casa Bella, Pénélope said in a stern but efficient voice.—I am okay with it. I do not have a boyfriend, Annabelle answered, astonished that such a question was asked to her with a disconcerting naturalness.And then, she continued, by the way, who told you that I preferred men anyway? Judith snatched the receiver from her.—Enough about that. So tell me
The doors of Casa Bella open to our new roommate. The Casa Bella is 245 square meters of beauty in the heart of Vincennes, a large veranda opening onto a garden with a cabin, a friendly postman who forgets to deliver your bills, four friends who, dissatisfied with their lives, try to create themselves a new one.Are you under 30? Are you positive and know how to keep a house clean? We would be delighted to meet you and give you the keys to our haven of peace. Do you want to be our roommate? Have you always dreamed of it? So have we! Let us hear from you. Send us an email! Only non-smoking candidates will be offered an interview. Ah, right, I almost forgot! It goes without saying that men do not need to apply. The messages will go directly to spam. See you soon? W
Four months laterGrandma Jocelyne was gone, but her home was returning to life again. Judith, sipping lemonade on the living room sofa, impatiently awaited Lara, Garance, and Penelope. The three young women had been conquered by the charm of the place at the very first glance. They would have been picky not to. The doorbell to the Casa Bella made Judith jump off the sofa.She strode across the white gravel driveway to greet her friends.—I still have one suitcase at the back of the taxi, Lara said.— I'll take the room on the first floor, Pénélope said.— I will have the other one left then, Garance said. Lara, Garance, and Pénélope had not long hesitated to agree to be roommates. The desire to unite against the excess of sentimental disillusions had led the four friends to write a new chapter in their life together.&nb
August left after so many rays of sunshine. The light of day hid behind the clouds, which proudly sat over the city. Faithful to her habits, Judith watched them from her bedroom window, hidden behind the red curtains. Unagitated, they drew characters with a smiling soul. Judith felt protected from the prying eyes of the street. She only half opened the window. Stuck in the doorway, she breathed in the fresh air that the wind let out. September, the month of her birth, began timidly. She began to dream, her eyes wide open to the beauty that the landscape offered. Her phone rang and disturbed her peace. Eric! It's Eric! A thin glimmer of hope could be read on her face. But, quickly, a look at this unknown number got the better of her smile. At the other end of the line, a female voice was trumpeting —Hello? — Judith on the phone, I'm listening. You are...? — Hello, I'm Penelope
She never took a single gram. The bathroom scale was always kind to her. As slender as a model, she had countless 6 size jeans in her closet. In her teens, she joined a competition organized by the local bakery. She had swallowed heaps of candies until she dropped, but the numerous devoured were
Locked in a small half-lit room, the two young women looked at each other. Judith's mind was struggling to calm down. The questions were jostling, and they could not find an answer. What am I doing between these fo
Like Grandma Jocelyne, Judith knew what she wanted in life, but this dreadful August 15th had given a nasty surprise. The day before, kisses, words, and gestures of tenderness had been excha
The sun had just left the sky after several weeks of overwhelming heat. Moderating itself, it no longer shone on the city in such a determined way. Clouds were gathered to spread cheerful faces above the trees that swept






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