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Capítulo 111. Un secreto maldit0.

Author: Nelsy Díaz
last update publish date: 2026-10-01 14:36:45

Gavrel.

En un inicio, el primer líder gobernó la mafia roja desde las sombras más absolutas, acatando leyes ancestrales dictadas por hombres que existieron antes de que el mundo tuviera memoria.

Su sistema funcionaba por una razón: la existencia de la ’Ndrangheta solo alimentaba el imperio del monarca ruso. Otto Meyer no era un hombre de orden, respeto o confianza. Era el caos. Si los clanes comerciales de la calabresa lograron expandir sus garras por Italia, Alemania y el resto de las potenci
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  • Wildness: Tu infierno, mi paraíso.    Capítulo 112. Acuerdo definitivo.

    Gavrel.—Me sorprendes, Korol —concedo, regresando el teléfono a sus manos.Ríe de soslayo, deslizando el brazo hacia mi otro hombro y presionándome contra él con total soltura. No me aparto, porque son pocos los momentos que pierde su seriedad, dejando de ser el líder de una organización mundial, para convertirse en mi padre. Y aunque ninguno de los dos sea particularmente bueno hablando de lo que sentimos, hay cosas que no necesitan ser pronunciadas para existir.—No te emociones demasiado —murmura sujetando mi nuca sin perder la risa de satisfacción al conseguir que un proyecto más le de resultado—. Todavía no tenemos nada.—Tienes una muestra que podría cambiar la manera en que nos tratamos las heridas —palmeo su brazo. —Para mí eso ya es suficiente para llamarlo un avance.—Es un avance —admite volviendo a apoyarse en el sofá—. Pero todavía estamos lejos de conseguir algo que pueda utilizarse sin convertirnos en nuestros propios experimentos.Miro nuevamente el archivo que perman

  • Wildness: Tu infierno, mi paraíso.    Capítulo 111. Un secreto maldit0.

    Gavrel.En un inicio, el primer líder gobernó la mafia roja desde las sombras más absolutas, acatando leyes ancestrales dictadas por hombres que existieron antes de que el mundo tuviera memoria. Su sistema funcionaba por una razón: la existencia de la ’Ndrangheta solo alimentaba el imperio del monarca ruso. Otto Meyer no era un hombre de orden, respeto o confianza. Era el caos. Si los clanes comerciales de la calabresa lograron expandir sus garras por Italia, Alemania y el resto de las potencias mundiales, fue gracias a la brutalidad errática de su líder y de los perros que seguían su doctrina. Una realidad cruel, pero innegable es que la carne humana es un negocio rentable; genera fortunas inmensas hasta que los cerdos que la manejan se vuelven demasiado ruidosos. El exceso de atención no atrae socios estratégicos, atrae competencia. De la peor especie. Una guerra de desgaste donde lo primero que se desangra son las alianzas, las lealtades y, finalmente, la mercancía. Mikhail ente

  • Wildness: Tu infierno, mi paraíso.    Capítulo 110. Sedante natural.

    Gavrel. No es por lo que fue a comprar que la necesitaba lejos. Suelto una m@ldición y busco un encendedor en los cajones, mientras intento controlar el dolor que se extiende por mi costado. Mientras no tenga la curación rápida, debo utilizar otros métodos, aunque no sean tan fáciles de llevar a cabo.Encuentro una forma de romper la bala que saco del cargador y vierto la pólvora en mi mano. La observo durante un segundo, consciente de lo que estoy a punto de hacer. Va a doler mucho más de lo que cualquier herida debería permitirme soportar, y el peligro es alto, pero también definitivo.Ingreso un poco de pólvora en la herida que reviso con cuidado. Debo soportar el dolor una vez más. El sudor comienza a cubrirme la espalda, pero no tengo tiempo ni siquiera para quejarme cuando acerco el encendedor y la llama entra en contacto con el polvo.El dolor me atraviesa como una descarga que somete todas mis terminaciones nerviosas, las cuales debilitan mi cuerpo de una manera horrorosa.E

  • Wildness: Tu infierno, mi paraíso.    Capítulo 109. Hermosa valentía.

    Gavrel.Salgo del vehículo, con el rifle contra mí pecho, soltando las detonaciones que salen despedidas en una sola dirección, exponiéndome a ser derribado por uno de los tiradores que por su velocidad, sus balas no tienen objetivo fijo. El riesgo es una estupidez, pero lo que me pasó cuando hirieron a mi hermana no me vuelve a ocurrir.Apunto, ubico, disparo y evado las balas de los tipos que quieren atinarme a la cabeza. Pero no tuvieron en cuenta que soy todo menos un idiota al que puedan amenazar con la muerte. Soy un emisario de la muerte para ellos; soy de quien deberían correr, porque aun estando solo no me acobardo. Los hago retroceder con detonaciones feroces que les abren el pecho a los tipos que intentan moverse, pero una granada de expansión les impide hacerlo antes de que atraviese sus cabezas, haciéndolas explotar con una violencia que ni el demonio podría reparar.—¿Vinieron por mí, ratas? —farfullo, cambiando el cargador con el que vuelvo al ataque.Sin embargo, sie

  • Wildness: Tu infierno, mi paraíso.    Capítulo 108. Impulso nervioso.

    Gavrel.Me alejo de inmediato al saber a cuanta temperatura puede escalar, arremetiendo contra el sujeto a quien tomo del cuello, lanzandolo sobre mí para estamparlo contra el vehículo, en donde le presiono la cara hacia el metal que lo hace gritar y querer enterarme el puñal en el estómago, a lo que uso su misma mano para acuchillarle la garganta. Me doy la vuelta y un balazo me deja inmóvil, con una quemadura elevándose por mis costillas, dispersándose hacia todas las direcciones cuando mi cerebro capta lo que mi mano percibe cuando la llevo al costado, de donde corre la sangre.La maldit@ herida duele más con cada segundo, pero antes de que me haga cargo de la escoria, el tirador cae con una de las cuchillas que salen del auto, la cual se incrusta en su cara. Miro la pantalla de mi reloj. No lo active. Tuvo que hacerse manualmente. Pero al girar solo encuentro a una aterrada Arleth, a quien empujo para subirme y sacar las armas que tengo detrás del asiento. Me van a seguir y n

  • Wildness: Tu infierno, mi paraíso.    Capítulo 107. Esporas.

    GavrelEl desespero llega en cuanto la primera bala resuena y se incrusta en la lata del auto a mi lado. Los había visualizado antes de que abrieran fuego, así que evado por instinto la ráfaga que se cierne sobre mí mientras algunos de mis hombres reciben los primeros impactos; los que quedaron más expuestos caen, otros son heridos y el resto nos vemos obligados a bajar el cuerpo, utilizando vehículos, puertas y cualquier maldit@ cosa que pueda interponerse entre nosotros y las balas.No me interesa qué está pasando. Mis ojos viajan directamente hacia el auto cuando varias balas golpean las ventanillas y algo dentro de mí se tensa con una violencia que no tiene nada que ver con el tiroteo. Sé que el sistema antiataque fue lo primero que activé, pero mis músculos no parecen recordar que la tecnología está funcionando; todo mi cuerpo me exige correr hasta ella, comprobar con mis propios ojos que la salvaje no ha sido alcanzada por el plomo.La advertencia de mi padre no sólo regresa com

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