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capitulo 3

Author: sara o
last update publish date: 2021-04-07 03:16:00

Durante todo el recorrido al evento estuve pensando en lo que hizo el señor Rosse; era la primera vez que él me decía algo bonito. No sé por qué siento una sensación extraña.

—Ya llegamos —Massimo abre mi puerta y extiende su mano para que yo la tome. Siento cómo los nervios estaban a flor de piel y Massimo lo nota, entonces acaricia mis hombros de una manera tierna—. Relájate, todo saldrá bien, aquí estoy.

Entramos al lugar y vemos cómo todos comienzan a mirar hacia nosotros.

—Nos miran mucho —le susurro a Massimo.

—Te miran a ti, Alessia.

Veo de lejos al señor Rosse con una hermosa morena; este se queda mirándonos por unos instantes, pero luego vuelve a su conversación con la morena.

—Hijo, aquí estás —una señora de unos 60 años aparece en frente de nosotros.

—Hola, mamá —Massimo le da dos besos a su madre y luego esta posa su mirada en mí.

—Hijo, ¿no me presentas a tu acompañante? —dice mirándome de una manera algo extraña.

—Ella es Alessia Conte. - Extiendo mi mano.

—Mucho gusto, señora…

—Eleonor. Y dime, Alessia, ¿de qué familia vienes?

Miro a Massimo en estos momentos como pidiéndole ayuda y este sale a mi rescate.

—Mamá, Alessia es una chica común y corriente.

—¿No es de familia? —dice la señora mirándome con asco—. ¿Pero cómo te atreviste a traer a una chica de esas aquí? – M****a, ahora sí que no debí venir.

—Señora, yo…

—Tú cállate.

¿Qué? ¿Acaso me ha callado?

—Mamá, ya basta, no permitiré que la trates así. Alessia es mi acompañante, te guste o no.

—Soy tu madre, no me hables así.

—Deja de comportarte de esa forma.

—Yo mejor los dejo solos un momento.

Antes de que Massimo diga algo, me voy hacia un jardín para tomar aire. Empiezo a creer que estuvo mal en aceptar.

—Niña… - Cuando volteo es la señora Eleonora. —Escúchame bien, deja a mi hijo en paz. Solo eres una pobretona caza fortunas, no eres de nuestro círculo y te aseguro que nunca lo serás. Mírate, eres una pobre muerta de hambre.

Siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas, pero no le permitiré verme llorar.

—Mire, señora, usted a mí no me conoce, no sabe nada sobre mí, así que le pido respeto, porque yo no se lo he faltado. Yo soy una persona, al igual que usted.

Esta se ríe irónicamente.

—Tú y yo no somos iguales, niña. Tú solo eres una pobre que no tiene dónde caerse muerta, así que lárgate de aquí.

Sin que yo me lo espere, me lanza vino en todo el vestido. Miro a la señora con todo el odio de mi corazón y luego salgo de ahí dejándola sola. Cuando salgo del evento, las lágrimas comienzan a salir por sí solas.

—Soy una idiota, no debí venir.

—Señorita Conte… - Lo que me faltaba, me giro dándole una sonrisa falsa intentando no llorar delante de el.

—Señor Rosse… —mi voz apenas se escucha.

—¿Se encuentra bien?

— No se preocupe, siga en lo suyo.

—¿Quién te manchó el vestido?

—Una mujer que es igual que usted.

—Cuando dice “igual que yo”, ¿a qué se refiere? —pregunta con su voz gruesa.

Soy tan bocona que digo lo que pienso.

—Engreídos que se creen los dueños del mundo, que creen que tienen derecho a humillar a las personas que no están en su misma condición económica, que se creen superiores solo por tener dinero y creen que la gente de pocos recursos no somos humanos.

Suelto un suspiro, pero no lo miro, solo me quedo ahí mirando hacia otro lado.

—Míreme, señorita Conte. - No lo pienso mirar. —Señorita, míreme.

Como no le hago caso,  toma con delicadeza mi rostro, lo que me sorprende un poco y hace que lo mire.

—No me gustó para nada lo que dijo, pero tal vez tenga razón.

Este se queda mirándome de una manera extraña y luego siento cómo sus manos acarician mi rostro, haciendo que todo mi cuerpo se estremezca, logrando que cierre mis ojos disfrutando de sus caricias hasta que la voz de Massimo nos interrumpe.

—Hey, aquí estabas. - Él se acerca y el señor Russo se aleja.

—Sí, la verdad es que no debí venir yo.

Este se queda mirando mi vestido.

—¿Qué te pasó?

—No es nada, yo…

—¿Quién te tiró eso? - Cuando voy a decir algo, el señor Russo interviene.

—Fue tu madre, por eso te dije que no sería bueno que ella viniera.

—No digas estupideces, Ángel.

Massimo me mira tomando mi rostro con sus manos.

—Lo siento, linda, mi madre es…

—Con todo respeto, pero su madre es una grosera y no pienso volver a entrar para que me humille así, así que me voy, pero gracias por la invitación.

—Espera, yo te llevo —dice Massimo, pero el señor Russo lo detiene.

—Tú tienes que quedarte, recuerda lo del negocio.

Massimo parece no saber qué hacer.

—Tranquilo, yo la llevo, igual yo ya me voy.

—Cuídala.

Massimo se acerca y deja un beso cerca a mis labios.

—Lo siento, Alessia, te lo compensaré.

—Adiós, Massimo.

Entro al auto junto con el señor Russo, pero veo que este no deja de verme.

—No entiendo por qué Massimo tiene tanto interés hacia ti.

—Yo tampoco lo sé, ni siquiera soy de su clase, somos de mundos distintos.

—¿Tiene familia, señorita Carter?

—No, soy huérfana, crecí en un orfanato y cuando cumplí los 18 me echaron de ese lugar.

—¿Sigues en contacto con las personas que te cuidaron? - No, y ojalá no las vuelva a ver nunca. —¿Pasa algo?

—No, ¿por qué?

—Es que tu cara cambió cuando dije eso.

—Nada, es solo que me acordé de algo. Y respondiendo a su pregunta, no, no he hablado con ninguna, pero las cosas están mejor así.

Llegamos a casa y todo está en completo silencio, así que cada uno se va a su habitación. La verdad es que hoy fue un día bastante extraño, solo quiero dormir.

A la mañana siguiente despierto a las 6:30 a. m. y me doy una ducha rápida, pero antes de ponerme el uniforme, Carol entra a mi habitación.

—Linda, hoy no te pongas el uniforme, el señor Russo pidió que lo acompañaras a un lugar.

—¿Qué? Pero, ¿y cómo me voy vestida?

—Mmm, no lo sé, solo ponte algo, porque te está esperando.

M****a. Salto a mi armario y veo qué ropa tengo, aunque no es mucha.

—¿Por qué no te pones este vestido? —cuando volteo veo a Carol con un vestido de flores juvenil, es muy hermoso.

—Pero no es mío.

—Es mío, así que ve y póntelo.

Le doy un abrazo a Carol y entro al baño a colocarme el vestido de flores, que me queda maravilloso.

—Te quedó perfecto, ahora corre que el señor te espera.

Corro lo más que puedo hasta que lo veo parado mirando hacia la ventana.

—¿Señor Russo?

Este, al escuchar mi voz, se da la vuelta y cuando me ve, me recorre con la mirada, haciendo que mis mejillas se coloquen rojas.

—Tardaste.

—Lo siento, es que no sé a dónde vamos, así que no sabía qué ponerme.

Este no dice nada, solo camina hasta la puerta.

—Vamos.

Este abre la puerta del auto y me señala que suba. Cuando lo hago, este se monta y luego arranca.

—¿Dónde vamos?

—Necesito una opinión femenina con respecto a un proyecto.

En 20 minutos estamos al frente de un salón de belleza que, al parecer, está en remodelación.

—¿Qué es esto?

—Este es mi nuevo centro de belleza. —¿Qué?

—Pero si ese no es tu negocio.

—Lo sé, pero es rentable el negocio. ¿Entramos?

Este coloca su mano en la parte baja de mi espalda, haciendo que un recorrido recorra todo mi cuerpo. Cuando entramos, hay algunas cosas que ya están puestas, pero me parece que al lugar le falta un poco de vida.

—¿Qué te parece? Sé lo más sincera conmigo.

—No entiendo para qué quiere la opinión de una criada. - Creo que no debí decir eso, ahora está tenso.

—Solo haz lo que te digo. - Está enojado.

—Me parece que al lugar le falta vida, le falta luz.

Comienzo para detallarle cómo debería acomodar las cosas y los colores que puede usar para que el lugar se vea más grande y luminoso.

—¿Cómo sabes tanto de decoración?

—Me gusta mucho la decoración de interiores.

—¿Y por qué no estudias?

—¿Es en serio? Acabo de salir de un orfanato, apenas puedo mantenerme, no creo poder pagar una universidad.

Este se queda un rato pensativo y eso me empieza a desesperar porque ya no quiero estar aquí.

—Es mejor que nos vayamos, tengo que continuar con mis labores en la casa.

Cuando voy a dar la vuelta, este toma mi mano.

—Espera. - Me volteo y lo veo a los ojos, esperando que me diga lo que me tenga que decir. —¿Y si yo te pago la carrera?

—¿Qué? ¿Acaso está loco? Es mucho dinero.

—Tengo dinero de sobra, Alessia.

Por primera vez me llama por mi nombre y eso fue genial.

—No, no pienso aceptar eso.

—Tómalo como un préstamo y me irás pagando con tu trabajo en casa. Solo piénsalo, tienes potencial, no lo desperdicies, Alessia.

Este se da la vuelta dejándome sola en el sitio. Él tiene razón, debo aprovechar, y si me está dando la oportunidad es por algo.

—Espera.

Este se voltea y me mira.

—Acepto.

Este se acerca.

—De acuerdo, pero esto tendrá sus reglas. Quiero que seas la mejor, nada de rumbas o novios, tú solo debes estar concentrada en tu estudio, en nada más. ¿Aceptas?

Este extiende su mano y, sin pensarlo, la tomo.

—Acepto…

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