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capítulo 2

Penulis: A.R.B.F
last update Tanggal publikasi: 2026-02-05 00:18:25

CAPÍTULO 2

Conall corrió desesperadamente, pero al final llegó a lo más alto de una gran cascada y ahí lo acorralan los lobos del clan enemigo, y uno de ellos volvió a su forma humana.

—Tenemos a la reina, Conall. ¿Dónde está la bebé? —El hombre lo único que quiere es encontrar a la pequeña.

—Jamás revelaré su paradero, pero te puedo asegurar que en algunos años ella volverá y ocupará el lugar que le pertenece. Ciro y tú, junto a tu padre, recibirán el castigo que se merecen —dicho eso, Conall saltó de la cascada hacia un futuro incierto. Nadie sabía si sobreviviría o no, pero Conall se arriesgó.

—¡Conall, cobarde! —grita Ciro en la orilla de la cascada al ver caer a Conall, quien lo hace con una gran sonrisa.

—Señor, ¿qué hacemos? —otro de los hombres retoma su forma humana.

—Nada. Él no pudo haber sobrevivido a una caída así. Ningún hombre lobo o de cualquier especie sobreviviría a caer desde esta altura y con las piedras en el río. Muy seguramente su cuerpo aparecerá flotando en las aguas del río. Volvamos para saber si mi padre consiguió alguna información de la reina Beca —los hombres volvieron a transformarse en lobos y regresaron al castillo, donde el padre de Ciro espera poder interrogar a la reina mientras el curandero real intenta salvarle la vida.

—Señor Emerico, la reina está muy débil, perdió demasiada sangre y, al dar a luz, le entregó casi todo su poder a su bebé. Así que la señora está en estado de coma y no sabemos si vaya a despertar —el curandero está nervioso, siempre fue fiel a la reina y teme que la asesinen frente a sus ojos. Así que, para evitar que la interroguen, le dio a beber una hierba que la mantendrá dormida por largo tiempo.

—Pues manténgala con vida y haga que despierte o tú morirás con ella —Emerico está desesperado. Sin la reina no tiene forma de mantener el reino próspero, porque únicamente los descendientes de la familia real nacen con el don de dar abundancia a los cultivos y de sanar el bosque. Así que necesita a la reina o a la princesa para poder obtener de ellas ese don y que el pueblo le acepte como rey.

—Haré todo lo que esté a mi alcance, señor —el curandero, por supuesto, no tiene ni la más mínima intención de despertar a su reina. Ella debe permanecer dormida hasta que logren rescatarla y su hija pueda regresar a su lado.

Horas pasaron y Ciro se presentó frente a su padre con la mala noticia de que Conall está muerto y no saben dónde dejó a la pequeña.

—Busca en el pueblo. Cada bebé que haya nacido esta noche enciérralo junto a su madre hasta que crezcan y podamos averiguar si es la bebé de la reina o no. Nadie puede ocultar a su bebé, así que trae a cada uno de los bebés nacidos esta noche —ordena Emerico en un acto desesperado.

—Como ordenes, padre —Ciro salió con su grupo de amigos rumbo al pueblo y no hubo casa que no revisaran, y no hubo bebé recién nacido que no se llevaran junto a su madre a las mazmorras del castillo, donde las encerraron para tratar de descubrir si alguna tenía al bebé de la reina.

En total, encerraron a cinco mujeres y siete bebés, porque dos de esas mujeres tuvieron gemelos. Así que son sospechosas porque alguna pudo haber tomado al bebé de la reina y hacerlo pasar por suyo.

—Señor, no hemos hecho nada, déjenos salir —las mujeres suplicando, pero Ciro las ignora por completo.

—Padre, ya están todos los bebés y sus madres encerradas. ¿Qué hacemos ahora? —indaga Ciro, ahora que ha cumplido la orden de su padre.

—Esperar para ver qué sucede primero, si la reina despierta o si alguno de esos bebés demuestra los dones extraordinarios que solo el hijo de la reina demostraría —Emerico está dispuesto a esperar. El reino está prosperando y están en el mejor momento. La reina hace poco restauró el bosque y lo volvió más abundante, así que pasará un tiempo antes de que necesiten que ella vuelva a hacer eso. Así que Emerico tomará ese tiempo para encontrar al bebé de la reina o para que la reina despierte.

A la mañana siguiente, Albert, el cazador, fue al pueblo a comprar las cosas que la bebé necesitaría y dejó a su esposa Lea con la bebé Luna en la cabaña en lo alto de la montaña.

Cuando estaba por entrar a la tienda a conseguir las cosas para bebé, escuchó los rumores de la gente del pueblo.

—Dicen que buscan al bebé de la reina para asesinarla. El nuevo rey quiere asegurarse su reino, por eso se llevaron a todos los bebés que nacieron anoche, para vigilarlos y saber cuál es el bebé que la reina dio a luz —comenta una persona en el pueblo.

—Yo escuché que la busca para educarla y casarse con ella cuando sea mayor, y así todos aceptarán que sea el rey —cuenta otra persona en el pueblo, ocasionando que Albert no entrara a comprar nada para la bebé.

Albert cambió de dirección y compró provisiones y leche. No podría llevar pañales o ropa para bebé porque descubrirían a la niña, y el nuevo rey podría lastimarla. Así que después de comprar comida volvió rápidamente a subir la montaña, llegando casi de noche con su esposa.

—¿Trajiste su ropa? —indagó Lea, ansiosa por ver a la bebé con ropa.

—No, esa niña es la hija de la reina. La buscan por todos lados. El nuevo rey la quiere muerta o la quiere para casarse con ella cuando crezca. Ahora debemos irnos, si quieres conservarla con vida —Albert comenzó a recoger sus cosas.

—Por supuesto que quiero conservarla. No dejaré que nadie la lastime. Ahora es nuestra hija —Lea ayudó a su esposo y, después de hervirle la leche a la bebé y alimentarla, esta se durmió. Así que Lea la envolvió muy bien en unas mantas para que estuviera caliente, la acomodó en una canasta y, junto a su esposo, dejaron la cabaña con sus dos caballos viejos, pero que por ahora serían su medio de transporte. No podían bajar al pueblo con la bebé para tomar el viejo tren, así que debían moverse a caballo.

El viaje a caballo duró dos semanas. Casi se quedaron sin comida, pero lograron llegar a un pueblo vecino y conseguir una pequeña granja, donde pudieron comenzar a cultivar y a criar algunos animales para sobrevivir. La pareja invirtió todos sus ahorros en esa granja y en el futuro de Luna, quien es una bebé muy tranquila, llora muy poco y siempre está atenta a todos los ruidos a su alrededor.

—No conocemos a nadie en este pueblo, así que mañana registraremos a la niña como nuestra hija y diremos que nació mientras veníamos de camino acá. Así que aquí nadie sabrá lo que pasó en el otro pueblo. Es un nuevo comienzo, así que olvida aquel lugar y lo que fuimos —Albert sujeta las manos de su esposa.

—Lo haré, por nuestra hija. Nadie sabrá lo que pasó ni de dónde viene nuestra pequeña —la pareja se abraza con fuerza, sellando esa promesa de mantener el secreto por encima de todo.

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