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Un misterio.

Autor: Alexa Mcliz
last update Data de publicação: 2026-02-02 08:30:14

POV; El padrecito.

« ¡Maldición! » grite por dentro, apenas atravesé la puerta de la habitación parroquial... después de tener que usar toda mi fuerza de voluntad para no cometer una locura cuando volví a sentir el aroma dulce y excitado de esa pequeña rubia regordeta.

Ya lo tenía más que confirmado, el olor de sus feromonas con una mezcla de menta, flor de clavel y miel, habían vuelto loco a mi lobo escorpión. Aún lo podía sentir ronronear de deseo luego de sentirse insultado por que la diosa luna nos había concedido una insignificante humana como mate.

Me rasque un poco la nuca con desenfado, para luego deslizar uno de mis dedos por el cuello de la sotana que indudablemente había sido elaborada a la medida de mi hermano.

Sentía mucho calor.

Siguiendo con la maniobra que se me había vuelto hábito después de mi llegada tres días atrás a este pueblo polvoso e ideal para resguardarme de mis crímenes. Me desplace hasta una esquina, dónde había un espejo donde mi 1, 97 metro de estatura casi se podían ver por completo.

—Esto es horrendo.

Era un hombre de complexión robusta, de hombros anchos y espalda firme, mi cuerpo había sido moldeado más para el trabajo físico que para la vida contemplativa, aparte de mi genética Alpha y feroz. La imágen que veía frente al espejo me parecía una burla ridícula... aún no alcanzaba a entender como mi hermano se había adaptado a esa vida. Aunque no era tan desconocedor de que a todas las iglesias que caí terminaba follando a una que otra señora hambrienta de verga, e incluso a las delicadas monjitas.

Hice una mueca de terror al recordar todas las que se me habían insinuado desde mi llegada. Incluso a la rubia de grandes tetas que vino acompañando a la bonita regordeta. Esa última si me apetecía por derecho natural.

—A esa no la perdonaré. Tendré que ver cómo me cargo mi corderita. Aunque sea una humana, cuando me toque irme de este pueblo me la llevaré, si o si. —Yo mismo me sentí extrañado por la mueca maliciosa que se estampó en mi cara al pensar en follarme a la chiquilla.

En son de esas imágenes, empecé a deshacerse del vestuario que me parecía de lo más ridículo, para hacerme una rica maniobra en la verga a nombre de ella. Todavía tenía el olor de su saliva en la yema de uno de mis dedos, luego de depositarle la hostia dentro de su linda boquita esponjosa.

La abrió como si en verdad hubiera esperado mi verga.

Una fuerte sensación, atravesó mi cuerpo. Una tan inquietante que pronto tuve que frenar mi mente, para así dominar el temblor interno que me sacudía y poder seguir quitándome los botones.

Al desvestirme con calma, cada movimiento parecía medido, casi ritual. Mis manos grandes desabotonaban la camisa con una paciencia que contrastaba con la fuerza evidente de mis brazos marcados por venas pronunciadas y una tensión contenida.

Al tocar la sotana, la tela negra se colaba entre mis dedos como una sombra obediente. Me la quite despacio, dejando que el tejido dejara al descubierto mi torso fornido, oculto bajo la sobriedad del hábito. Una presencia imposible de ignorar.

La prenda lograba disimular un poco mi figura; la volvía más enigmática, como si ese cuerpo poderoso guardara secretos que no estaban destinados a ser revelados. En la piel tenía cientos de tatuajes, en especial el enorme escorpión en la espalda que era el sello de mi poderoso lobo y la insignia de que era el lider de la manada Sombra.

Los mire con orgullo en el espejo. Cada uno tenía un significado especial... la simbología de una huella imborrable en mi vida, incluso tenía las iniciales de mis victimas, de los enemigos que había tenido que arrancarle el corazón y devorarlos.

En esa autoexploración, también mire mí rostro, de rasgos duros y mirada profunda, adquiría un aire aún más misterioso al quedar enmarcado por la austeridad de la vestimenta de la cual acababa de despojarme. Ahora que no estaba solo podía verme a mi mismo, sin máscara.

Aparte la vista del espejo, en consonancia con un giro de mi cuerpo al cual le urgía un desahogo.

—¿Habrá putero en esta pueblo? —La pregunta traspaso el pensamiento hasta dejarlo salir por la boca.

En verdad estaba urgido luego de sentir la excitación de la linda regordeta. Mi verga latía con fuerza.

Entre al baño desesperado, pero mi necesidad se vió interrumpida por un ruido incomodo.

"¡Rin, rin!"

Me devolví furioso, en busca del jodido aparato. Cuando lo tome y ví el nombre que se marcaba en la pantalla lo tire. No me latía contestar, por qué simplemente no dejaría que el tomara su lugar, no hasta que pudiera secuestrar a la regordeta.

« La vida de un Alpha fugitivo, quizás fuera más interesante con una linda corderita masuda a la cual devorar a toda hora. » analice mientras me adentraba nuevamente al baño.

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