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Capítulo 3

Autor: Bagel
Dos días después, le ordené a mi Beta, Aiden, que reuniera todos mis expedientes de salud del Gremio de Sanadores desde el día de mi nacimiento. El centro de sanación privado de la manada y el aquelarre de brujas de más alto rango encriptaron y certificaron cada uno de los informes de mis exámenes físicos.

Cada documento demostraba el mismo hecho innegable: era físicamente imposible haber violado o marcado a la fuerza a Selena. Desde luego, yo no tenía un pene para hacer lo que ella afirmaba.

Pero yo quería mucho más que eso. Firmé un contrato de siete cifras con un investigador privado y le di un plazo de tres días. Quería un registro completo y detallado de los movimientos de la Omega durante los últimos tres meses.

El retorno de mi inversión llegó más rápido de lo esperado.

Como era de prever, la misma noche en que ella afirmaba que la violé con brutalidad en mi oficina, la loba estaba en la cama con un renegado en la suite presidencial de un hotel cinco estrellas. La cámara grabó toda la escena mientras ella se colgaba de los hombros de aquel desterrado.

Pero otro dato en el informe logró detener mis dedos sobre el teclado. La verdad era que la depravación y la codicia de Selena superaban mi imaginación.

Mi equipo descifró los registros de llamadas de su teléfono. Durante los últimos dos meses, había mantenido contacto en más de cuatrocientas llamadas con un número encriptado. La línea pertenecía a un lobo llamado Damien. Un antiguo ejecutivo de alto rango en el Grupo Blackstone a quien mi padre había promovido en persona. Cuando asumí el poder, él fue el primero en arrodillarse y jurar lealtad.

Al año siguiente, el muy bastardo le vendió los secretos clave de la manada a un rival, costándonos un territorio minero en el norte. Al descubrir su traición, le destrocé una pierna en los calabozos debajo de la casa principal de la manada. Pero, en consideración a sus años de servicio, le permití quedarse como un guardia de seguridad de bajo nivel.

Pensé que habría aprendido la lección, pero lo subestimé. Ahora se había enredado con Selena. Aun así, resultaba fácil de entender. Al fin y al cabo, su odio hacia mí era infinito.

Poco después de que mi equipo legal tomara el caso, Damien publicó un video. Aparecía sentado en una silla de ruedas, con la tela doblada y vacía del pantalón donde debía estar su pierna. Entonces, apuntó directo a la lente. Desde su asiento, con los ojos enrojecidos y la voz ahogada por la emoción, comenzó a hablar.

—Yo era el lobo más cercano a Raven. Lo vi crecer. Lo traté como a un hermano menor —dijo frente a la cámara—. Pero esa noche, vi con mis propios ojos cómo arrastraba a Selena hacia su oficina privada. Ella lloraba, suplicando piedad.

»Intenté correr para detenerlo —añadió, y su mano tembló al señalar la pierna mutilada de forma dramática—. ¡No solo me amenazó con su aura de Alfa, diciéndome que si me atrevía a decir una palabra mataría a toda mi familia! También me destrozó la pierna. ¡Una criatura así no merece vivir bajo la luz de la Diosa Luna!

La red de los lobos descendió al frenesí en un abrir y cerrar de ojos. La red entera clamaba por mi muerte:

«¡Tenemos un testigo y pruebas físicas! ¡Envíen a este violador pervertido a la silla eléctrica!».

«¡La basura que usa su poder para cazar Omegas debe arder en el infierno!».

«¿Qué espera el Alto Consejo? ¿Que viole a alguien más?».

Por segunda ocasión, el presidente del Alto Consejo me citó a la fuerza en su edificio principal. Esta vez, se saltó las formalidades y se sentó en la cabecera, dedicándome una mirada que ardía con una furia inocultable.

—Raven. Te di tiempo. Ahora dime, ¿qué carajos te pasa? —exigió saber el presidente—. Catorce Alfas de distintas manadas firmaron una petición conjunta para exigir tu ejecución inmediata. Tres territorios fronterizos usan tu caso como pretexto para rebelarse.

Dio un paso hacia mí, con un aura amenazante.

—¿Acaso tratas una investigación del Consejo como un truco publicitario personal? ¡Arrojaste al caos el orden comercial de todo el país y nuestras leyes jerárquicas!

—Respetado presidente, solo necesito un escenario. —Mi voz sonó serena, inalterable—. Existe una regla no escrita en nuestro mundo: mientras un Omega llore lo bastante fuerte, puede clavar a cualquier Alfa en el pilar de la vergüenza. Si yo aplasto este asunto con un par de palabras el día de hoy, mañana aparecerá una segunda Selena, y luego una tercera.

»Nosotros, los Alfas que sangramos y peleamos por nuestras posiciones, terminaremos por convertirnos en presas fáciles para el ataque de cualquiera. Ya que este escándalo empujó a Blackstone a ser el centro de atención, le solicito formalmente al Consejo que me conceda un juicio público del más alto nivel. Quiero confrontar a mi acusadora cara a cara, frente a las cámaras en vivo de toda la red.

El aura opresiva del presidente retrocedió un poco.

—¿Me estás diciendo que este escándalo sexual no es lo bastante sensacionalista? ¿Tienes que convertirlo en un circo a nivel internacional, más de lo que ya es? —cuestionó.

Caí sobre una rodilla, asumiendo una postura de sumisión perfecta ante él.

—Solo ejerzo mi derecho legal a una defensa pública, presidente. Sacar la verdad a la luz es la única forma de mantener en alto la autoridad de los Alfas —declaré.

La enorme sala del Consejo cayó en un silencio asfixiante. Tras un momento que me pareció eterno, el presidente soltó un bufido de fastidio.

—El Consejo lo aprueba. Las consecuencias recaerán sobre tus hombros —sentenció.

En el segundo en que emitieron el aviso oficial, la red social de los lobos colapsó. El canal transmitiría el juicio público en vivo para todos, con acceso irrestricto a las cámaras.

Selena pensó que este juicio era un paso directo hacia la guillotina. Llena de entusiasmo, publicó una foto de celebración en Wolf-Gram, con una copa de champán de primera calidad en la mano. El pie de foto decía: «Mañana, ese monstruo arderá en el infierno ante la Diosa Luna. ¡Prevalecerá la justicia!».

Los corazones y los comentarios de apoyo inundaron la publicación al instante.

Yo, por el contrario, le dediqué una sonrisa a la foto a través de mi pantalla. Los mismos idiotas que la vitoreaban, al día siguiente se encargarían de hacerla pedazos. Me moría de ganas por ver cómo una Omega, que construyó todo su caso a base de lágrimas y manipulación de la opinión pública, sobreviviría a una reacción violenta de esa magnitud.

La noche antes del juicio, recibí una videollamada. En la pantalla, los sollozos de Chloe hacían temblar sus hombros. Su desesperación era palpable.

—¡Hermana, esto es demasiado arriesgado! ¿Qué pasa si toda la corte se cree sus lágrimas? —sollozó—. ¡Todos los lobos piensan que los Omegas son débiles y necesitan protección! ¡Mientras ella siga con su maldito show, te clavarán el crimen por la espalda!

Levanté la mano y mis dedos rozaron su rostro a través de la pantalla.

—Chloe, escúchame. Los Omegas necesitan protección porque la Diosa Luna los creó con una fuerza más gentil y almas sensibles —expliqué con voz calmada—. Pero la Diosa Luna también creó a las hembras Alfa. Y nosotras jamás necesitamos la protección de nadie, porque somos las que dictamos las reglas.

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