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Capítulo 4

작가: Bagel
El día del juicio, los manifestantes y las camionetas de transmisión de los medios de comunicación llenaron la plaza frente al imponente edificio del Consejo.

Para la ocasión, ordené a mi estilista que rapara los costados de mi cabeza aún más de lo habitual. Llevaba un traje negro a la medida, cortado para ajustarse a mis hombros sin una sola arruga. En las muñecas lucía mancuernillas de diamantes, y mis zapatos de cuero estaban pulidos hasta brillar como espejos.

Mi reflejo en la ventana devolvía la imagen de una mandíbula afilada y unos ojos fríos como el hielo. Perfecto.

Cuando se abrió la puerta del auto, los flashes de las cámaras me impactaron como balas.

—¡Muerte al Alfa! —me gritó un lobo con los ojos inyectados en sangre.

—¡Raven Blackstone, hoy es tu último día! —vociferó otro que estaba cerca de mí.

—¡Justicia para nuestros Omegas! —proclamó una loba con una pancarta.

Un huevo podrido se estrelló contra la puerta de mi auto. Pasé por encima del desastre sin cambiar de expresión. Aiden caminaba a medio paso detrás de mí.

—Todos los canales están asegurados. La transmisión cubrirá a treinta y seis manadas. Esperamos que la audiencia en línea rompa todos los récords —informó mi Beta en voz baja.

Al empujar las puertas dobles del gran salón del Consejo, el lugar ya estaba a reventar. Los asientos para los espectadores estaban ocupados desde el primer piso hasta la galería del tercero.

Selena ya ocupaba su lugar en la mesa de la zona demandante. Llevaba un vestido gris claro y sencillo, con el rostro sin maquillaje y el cabello esparcido por sus hombros. Se veía desordenado, pero estaba así a propósito. Cuando nuestros ojos se encontraron, los suyos enrojecieron en el acto. Se encogió sobre sí misma, luciendo como si fuera a romperse en cualquier segundo.

Pero en el momento en que bajó la cabeza para ocultar su rostro, vi cómo la comisura de su boca se curvaba hacia arriba.

«Disfruta de tu última actuación, Selena. Después de la revelación, nadie te aplaudirá», pensé con frialdad.

El mazo, símbolo del juicio más alto de la manada, cayó con un golpe sordo. La galería, encendida por el odio, rugió en un coro brutal que se fundió en un solo cántico: «¡MÁTENLO!».

Me mantuve en silencio, sin ofrecer una sola palabra en mi defensa.

Selena sollozaba. Su voz viajaba por el micrófono y se transmitía a las pantallas gigantes de cada manada.

—Esa noche... yo acababa de terminar mis horas extras y estaba a punto de irme. Pasé por su oficina y él me llamó. Dijo que quería «discutir mi ascenso»... Yo lo seguí... Yo era inocente... —relató con la voz entrecortada.

De pronto, se cubrió el rostro con las manos y rompió en llanto.

—Hasta que me acorraló contra el escritorio. Grité pidiendo ayuda, pero él me tapó la boca con la mano. —Lloraba con tanta fuerza que a duras penas podía respirar—. Su aura de Alfa fue... horrible. Luché con todas mis fuerzas para alejarlo con mis garras, debía proteger mi inocencia a toda costa, pero...

Un jadeo colectivo se escuchó por toda la galería.

—Sus colmillos perforaron mi glándula de olor... El dolor de la marca forzada... no fue solo físico. Sentí cómo descuartizaba mi alma... Y luego él... él me violó... ¡Oh, Diosa Luna, la humillación de ser vinculada en contra de mi voluntad fue un destino peor que la muerte! Le rogué que se detuviera... Le dije que renunciaría, que desaparecería, que no quería nada... Él solo me sonrió. Dijo que yo era suya... para siempre.

Una Omega en la galería comenzó a llorar. Una loba del Consejo apartó la mirada. Cientos de ojos, afilados como dagas de plata, se clavaron en mí, deseando mi muerte.

No reaccioné a su relato. A continuación, llegó el turno de Damien para actuar.

Lo empujaron en su silla de ruedas hasta el estrado de los testigos. La tela vacía del pantalón donde debía estar su pierna descansaba sobre su regazo, apuntando directo a la cámara principal. Me señaló con el dedo, fingiendo una voz temblorosa.

—¡Fue él! ¡Ese monstruo de traje! ¿Creen que solo violó a Selena? ¡Se equivocan! ¡Están muy equivocados! Trabajé con él durante tres años, ¡conozco su verdadero rostro mejor que nadie! —gritó el lobo frente a la cámara—. ¡Me destrozó esta pierna hace años cuando descubrí sus gustos perversos por accidente! Esa noche, vi cómo arrastraba a Selena hacia su oficina. ¡Intenté salvar a la pobre Selena, pero me empujó y me amenazó con matar a mi familia!

»Me susurró al oído: «Damien, di una sola palabra de lo bien que me la paso violando Omegas, y no solo te cortaré la otra pierna. Mataré a toda tu familia y se la daré de comer a los renegados». ¡Una criatura así no merece respirar el aire de la Diosa Luna!

Mientras Damien hablaba, levantó una mano para secarse las lágrimas falsas. La galería hizo erupción.

Alguien empezó a arrojar objetos hacia el banquillo de los acusados. Los guardias del Consejo tuvieron que intervenir a la fuerza para despejar la zona. Un viejo lobo de cabello blanco corrió hacia la barandilla y escupió en mi dirección.

—¡Tengo una nieta de la edad de Selena! ¡Maldito Alfa! —me gritó.

El mazo golpeó tres veces. El presidente del Alto Consejo levantó los ojos sin prisa.

—Alfa Raven.

—Presidente —respondí, poniéndome de pie.

—La acusación de la Omega Selena Vance y el testimonio del lobo Damien Crowe han quedado registrados —su voz retumbó en todo el salón—. Bajo la mirada de la Diosa Luna, y de acuerdo con el Artículo Tres, Sección Siete de los Estatutos del Consejo, el castigo por abusar de una loba es la ejecución. ¿Tienes algo más que decir en tu defensa?

El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral.

Caminé con pasos lentos hasta la mesa de la demandante. Selena alzó el rostro. Las lágrimas aún se aferraban a sus pestañas. Me incliné hacia adelante, apoyando las manos en la barandilla frente a ella.

—Una actuación impecable, Omega Vance. En verdad cautivadora —murmuré, mirándola fijamente—. Se lo preguntaré por última vez. ¿Juras, por tu loba, que esa noche, yo, como un macho Alfa, te violé y te dejé preñada?

Con cada palabra que pronuncié, una luz de triunfo brilló en sus ojos. Seguramente pensaba que esta era mi última y desesperada lucha por sobrevivir. Se levantó de un salto, con las lágrimas rodando por sus mejillas, pero sus labios ya no lograron ocultar una sonrisa retorcida.

—¡Sí! ¡Lo juro! ¡Lo juro por mi loba! —exclamó a todo pulmón—. ¡Jamás olvidaré cómo forzaste mi vagina aquella noche! ¡Ni en esta vida ni en la próxima!

El rugido de la galería creció más y más, amenazando con arrancar el techo del salón del Consejo.

Me erguí y le dediqué una ligera sonrisa a la cámara principal de transmisión.

—Eres una Omega de bajo rango. Tus sentidos inferiores jamás podrían perforar el control de un Alfa —sentencié.

El rostro de Selena palideció. Justo cuando abrió la boca para replicar, levanté las manos hacia el cuello de mi camisa y empecé a soltar los botones con calma.

El primero, el segundo, y luego el tercero, revelando la curva innegable de mis pechos ante las cámaras y el mundo entero.

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