FAZER LOGINDespués de que Richard se marchó, Alice se quedó paralizada, pensando en la conversación que acababan de tener.
Aunque intenta pensar en otras cosas, su imaginación sigue centrada en el hombre de la habitación de al lado y en la posibilidad de que la esté esperando.
Una vez más, el calor invade su cuerpo y empieza a sudar frío. Aunque toma el celular para intentar distraerse, una y otra vez vuelve a imaginar a Richard en la bañera.
—Creo que, de tanto hablar de esto, debo de estar realmente loca.
Entra en la habitación y enciende el aire acondicionado.
Al acostarse en la cama, cierra los ojos e intenta dormir. Aun con el aire encendido, siente que su cuerpo sigue ardiendo.
Como no consigue conciliar el sueño, se sienta en la cama y empieza a pensar en las posibilidades. Puede entrar en la habitación de Richard, ya que él mismo la había invitado. ¿Pero qué haría después? Aunque sabía que él permanecería en la ciudad por poco tiempo, su conciencia la juzgaba por querer entrar allí.
«Estás soltera», susurra una voz en su oído, animándola a hacer lo que está pensando.
«Pero acabas de terminar una relación de años», le advierte otra voz.
Parece que dos seres angelicales le susurran al oído para que elija entre lo correcto y lo incorrecto.
«Él te está esperando, Alice», sigue oyendo la voz.
«¿Vas a entregarte tan fácilmente? Ni siquiera lo conoces».
Luchando contra sus pensamientos, decide levantarse de la cama e ir a la cocina a beber un vaso de agua. Al regresar a su habitación, termina pasando frente al dormitorio principal, donde Richard debería estar durmiendo.
Por la rendija que queda debajo de la puerta, nota que la luz de la habitación está apagada.
«¿Será que ya se durmió?»
Dominada por ese pensamiento, decide abrir un poco la puerta de su habitación, solo para espiar lo que está ocurriendo allí. Al mirar hacia la cama matrimonial, se da cuenta de que está vacía. También mira la puerta del baño y ve que la luz está apagada.
¿Dónde está Richard? Intrigada por esa pregunta, abre un poco más la puerta de la habitación, pero se sorprende cuando unos brazos fuertes la rodean.
—Pensé que ya no vendrías —dice él, besándola en los labios.
Aquel beso despierta todos los sentidos adormecidos de Alice y, aunque siente que aquello no está bien, se deja llevar por esas emociones.
Mientras la besa con más intensidad, se da cuenta de que ella no se resiste. Rápidamente, la toma en brazos y la lleva hasta la cama.
Era una sensación nueva, extraña y, al mismo tiempo, arrolladora. Los dos estaban en perfecta sintonía y ninguno quería que aquello terminara durante toda la madrugada.
[…]
Por la mañana, el sonido del timbre despierta a Alice. Al abrir los ojos, se da cuenta de que está acostada desnuda en la cama de Richard.
—No me lo puedo creer —susurra al verlo acostado a su lado, profundamente dormido.
El timbre sigue sonando, así que, para no despertar a Richard y tener que enfrentarse a él tan temprano, sale de la habitación envuelta en una sábana y camina hasta la puerta del apartamento. Al mirar por la mirilla, está a punto de sufrir un infarto al ver, al otro lado de la puerta, a Dora, su exsuegra y madre de Endrick.
La mujer sigue tocando el timbre insistentemente, demostrando que no piensa marcharse de allí en mucho tiempo. Temiendo despertar a Richard, Alice abre la puerta y se encuentra frente a su exsuegra, que la examina de pies a cabeza.
—Pensé que tendría que derribar la puerta —dice la mujer con voz alterada.
—Dora, buenos días. ¿Ha pasado algo?
Antes siquiera de terminar la pregunta, Alice siente que el rostro le arde al recibir una bofetada.
—¿Cómo te atreves a dejar a mi hijo justo en el momento en que más te va a necesitar? —le reclama la mujer de mediana edad, sin mostrar el menor remordimiento por haberle dado la bofetada.
—¿Qué significa esto? —pregunta Alice, incapaz de creer lo que acaba de ocurrir.
—Después de tantos años juntos, justo ahora que Endrick va a pasar por una situación tan difícil, decides abandonarlo. Qué equivocada estuve contigo todo este tiempo, Alice. Creí que eras una buena muchacha, pero después de lo que hiciste ayer, lo único que siento por ti es asco.
—¿Podría calmarse un poco? Sé que, después de tantos años de relación, nuestra ruptura puede haberla afectado, pero eso no justifica que me trate de esta manera.
—Y eso que sigo siendo amable contigo —dice ella.
Mientras habla, Dora observa a Alice envuelta en la sábana y termina viendo unas marcas violáceas en su cuello.
—Estás engañando a mi hijo, ¿verdad? —pregunta.
—Claro que no. Todo esto no es más que un malentendido.
—¿Qué malentendido ni qué nada? —La voz de la mujer resuena por todo el apartamento.— Mientras Endrick descubre que le queda poco tiempo de vida, la persona que más ama en este mundo se divierte con otro hombre.
—¿Qué acaba de decir? —pregunta Alice, sin comprender lo que acaba de escuchar.
—¡Mi hijo está condenado a morir y, por tu culpa, sus últimos días serán aún más tristes! No tienes corazón, Alice. Además de abandonar a Endrick, pasaste la noche divirtiéndote con otro hombre, como si los sentimientos de mi hijo no significaran absolutamente nada para ti.
—¿Qué está pasando aquí?
Antes de que Alice pueda responder, Richard aparece en la sala vestido únicamente con ropa interior, después de haberse despertado por el ruido de las voces alteradas.
Alice se lleva una mano a la cabeza, sabiendo que ese es el peor momento posible para que él aparezca allí.
Un viaje en familia a una playa tropical es algo que Alice y Richard llevan mucho tiempo planeando. Con el ritmo acelerado de la vida cotidiana, encontrar el momento perfecto para una escapada familiar siempre terminaba posponiéndose. Pero ahora, con Lily, su hija mayor, de diez años, y los gemelos Zack y Brian, de ocho, la pareja decide que por fin ha llegado el momento de disfrutar de unos días juntos en un lugar donde puedan relajarse y fortalecer aún más los lazos que los unen como familia.Lily, siempre coqueta y con un gran sentido del estilo, comienza a preparar su maleta varios días antes del viaje. Escoge sus vestidos favoritos, unas sandalias adornadas con pequeñas piedras brillantes e incluso un elegante sombrero de playa.—Mamá, ¿crees que este vestido combina con el sombrero? —pregunta Lily mientras gira frente al espejo.—Combina perfectamente, cariño. Vas a estar preciosa en la playa —responde Alice sonriendo al ver el entusiasmo de su hija.Zack, por el contrario, está
La cena de negocios en el lujoso hotel Ritz-Carlton de Manhattan es un evento grandioso que reúne a los empresarios e inversionistas más importantes de la ciudad. El ambiente irradia sofisticación y poder; hombres y mujeres lucen sus atuendos más elegantes mientras conversan sobre nuevas oportunidades de inversión y disfrutan de una exquisita gastronomía. Para Alice y Richard, aquella noche representa mucho más que una oportunidad para fortalecer relaciones comerciales; también es una ocasión para reafirmar la sólida alianza que han construido tanto en los negocios como en su vida personal.Alice pasa toda la tarde preparándose con esmero. Elige un elegante vestido largo de seda azul oscuro que realza delicadamente su figura. Lleva el cabello recogido en un sofisticado moño y completa el conjunto con unos pendientes de perlas que Richard le regaló tiempo atrás. Cuando se contempla frente al espejo, se siente hermosa y segura de sí misma, aunque en el fondo de su corazón persiste una l
Alice está ansiosa por ver a su amiga Laila, que acaba de dar a luz. Después de semanas de expectativa y de muchas conversaciones sobre cómo sería la llegada del bebé, por fin llega el gran momento. Laila está ingresada en uno de los mejores hospitales de la ciudad, y Alice sabe que su amiga necesita todo el apoyo y el cariño posibles en una ocasión tan especial. En cuanto tiene la oportunidad, prepara sus cosas y va al hospital para visitarla y conocer al nuevo miembro de la familia: Ravi.Al llegar al hospital siente una ligera ansiedad. El ambiente es tranquilo; la gente camina serenamente por los pasillos. Se dirige al mostrador de información, donde una enfermera le indica la habitación en la que está Laila. Sonriendo, sigue las indicaciones, emocionada por volver a ver a su amiga.Cuando llega a la habitación, encuentra a Laila recostada en la cama, con una sonrisa cansada pero radiante, mientras sostiene a su hijo recién nacido entre los brazos. Alice se emociona al contemplar
El día está soleado y perfecto para pasar la tarde al aire libre. El cielo completamente azul y la suave brisa anuncian una jornada agradable para la familia Carter. Alice y Richard han decidido llevar a los gemelos, Zack y Brian, al Central Park, ya que Lily está disfrutando de una tarde de chicas con la tía Elis y su prima Lucy. Los niños esperan el paseo con enorme entusiasmo. Ahora, con cinco años, rebosan energía y curiosidad, listos para explorar cada rincón del parque y divertirse al máximo.Alice prepara todo con esmero: una cesta con bocadillos, jugos y hasta una manta para hacer un pequeño pícnic. Richard, por su parte, ayuda a los niños a ponerse las zapatillas, una tarea que, como siempre, termina convirtiéndose en un divertido juego.—¿Listos para la aventura de hoy, chicos? —pregunta Richard mientras termina de atar los cordones de Zack.—¡Sí, papá! —responden los dos al mismo tiempo con una enorme sonrisa.Zack, el más hablador de los dos, comienza inmediatamente a enum
El sol apenas comienza a asomarse en el horizonte, proyectando rayos dorados que iluminan suavemente la mansión Carter. Aquella mañana, el ambiente está impregnado de una mezcla de ansiedad e ilusión, porque es el primer día de clases de Lily, la primogénita de la pareja. Con tres años recién cumplidos, está a punto de dar uno de los primeros grandes pasos de su vida, y sus padres viven ese momento con una intensidad que ni siquiera son capaces de expresar con palabras.Alice es la primera en despertarse, como de costumbre. Se levanta en silencio para dejar que Richard duerma unos minutos más. Primero entra en la habitación de los gemelos y sonríe al comprobar que ambos siguen profundamente dormidos. Después se dirige al dormitorio de Lily, donde los primeros rayos de sol comienzan a filtrarse entre las cortinas entreabiertas.Permanece unos instantes contemplando a su hija, reflexionando sobre lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando la sostuvo por primera vez entre s
Ya en la sala de recuperación, Alice se siente maravillada por el milagro de la vida. Los niños se parecen muchísimo a Lily cuando nació, con su abundante cabello negro y lacio, heredado de Richard.—No puedo creer que tenga tres hijos y que ninguno se parezca a mí —se lamenta Alice mientras observa a los bebés dormir plácidamente.—En ese caso, deberías agradecer por tener un marido tan guapo —bromea Richard, contemplando a su esposa con un amor renovado.—Espero que, al menos, hereden mi humildad —responde Alice mientras toma la mano de su marido con una sonrisa divertida—. Perdóname… —dice de repente, poniéndose seria mientras la culpa comienza a invadir su corazón.—¿Por qué me estás pidiendo perdón? —pregunta Richard, confundido.—Por no haberte dado la oportunidad de vivir esto cuando nació Lily —confiesa, mientras las lágrimas comienzan a deslizarse por su rostro.—Sé que fue difícil para ti, igual que lo fue para mí, amor. No te culpo por eso. Entiendo que yo también debí habe







