登入Al ver que Alicia había tomado la decisión después de pensarlo detenidamente, Elisa se quedó más tranquila. Por supuesto, la apoyaría en todo.—Alicia, si te falta dinero para empezar, tengo algunos ahorros y puedo prestarte una parte.Alicia sonrió.—No hace falta. Como voy a asociarme con alguien para abrir el negocio, la mitad de la presión ya no recaerá sobre mí. No te preocupes tanto.Entonces recordó algo que Rebeca le había contado en secreto hacía unos días y le preguntó:—¿De verdad estás saliendo con Bruno?Elisa asintió.Alicia se alegró, pero también sintió cierta preocupación.Le alegraba saber, por lo que le había contado Rebeca, que Bruno era una buena persona y trataba bien a Elisa. Además, Elisa por fin había superado el daño que le había causado su relación anterior, sin dejarse hundir por aquella experiencia ni desarrollar miedo a volver a enamorarse y casarse.Sin embargo, la familia de Bruno tenía una posición demasiado privilegiada. La diferencia entre ambas famil
Elisa levantó la vista de los documentos y lo miró. Como siempre habían tenido la confianza de hablarse con franqueza, no pensaba ocultarle nada.—Hoy fui a cenar con el profesor Mauricio y los demás, y me encontré con tu madre.Bruno frunció el ceño.—¿Te dijo algo?Elisa asintió.—Lo de siempre, quiere que me aleje de ti.—¿Y tú qué le dijiste? —preguntó él, preocupado por que volviera a echarse atrás como la última vez. La expresión se le tensó mientras le apretaba la mano con fuerza.Elisa le devolvió el apretón.—Le dije que no iba a renunciar a ti tan fácilmente.La inquietud que Bruno llevaba en el pecho desapareció al instante.Sonrió y le besó la mano.—Elisa, me da miedo que vuelvas a hacer lo mismo que antes. Que decidas dejarme de un momento a otro y te marches sin mirar atrás, como si yo fuera un desconocido.Elisa nunca había imaginado que su comportamiento anterior lo hubiera hecho sentirse tan inseguro.Con el corazón encogido por la culpa, le prometió:—No volveré a ha
La cuidadora se apresuró a decir:—Señorita, si se lleva ese cabello, no sabré qué explicarle al Señor Valverde.Aprovechando que la cuidadora no miraba, Lucía se arrancó un cabello y se lo puso en la palma de la mano.—Está bien, no voy a ponerte en un aprieto. Toma, aquí tienes uno mío. Luego le preguntaré a mi papá por qué te pidió que hicieras eso.La cuidadora suspiró aliviada, guardó el cabello y le dio las gracias.—Gracias por comprenderme, señorita.Elisa se quedó un rato más acompañando a María en casa de los Valverde antes de marcharse.Cuando Cristiano recibió el cabello, le pidió a su asistente que realizara una prueba de ADN.Lucía también llevó el cabello de Elisa a un centro especializado para hacerse una prueba de parentesco.Ni por asomo creía que Elisa pudiera tener tanta suerte como para ser la hija de su madre adoptiva.Al día siguiente, María encontró en el estudio de su esposo un informe de la prueba de ADN entre ella y Elisa.El resultado indicaba que no existía
Al enterarse de que Elisa había ido a visitarla después del trabajo sin haber comido nada, María se preocupó.—¿Cómo podría ser? Tu trabajo exige mucha concentración y te desgasta bastante. Si no comes bien, vas a terminar enfermándote. Vamos, te acompaño al comedor.Dicho esto, fue con Elisa al comedor.Al ver que María por fin había accedido a salir a comer, la cuidadora sonrió y volvió a la cocina para preparar un par de platillos más.Cristiano y Lucía regresaron a casa con unos minutos de diferencia.Al ver a María comiendo junto a Elisa, Cristiano sonrió con ternura.Cada vez que recibía malas noticias, María perdía el apetito y se negaba a comer o beber. Luego necesitaba cuatro o cinco días para recuperar su rutina.Pero ahora, con Elisa a su lado, había recuperado el apetito en tan poco tiempo.Al final, había sido buena idea invitar a Elisa a casa.Al verlas sentadas juntas, no podía dejar de notar lo mucho que se parecían en su porte y sus gestos.La idea que había tenido ant
Desde que la encerraron en la enorme pecera de Dora, su estado mental había empeorado aún más. Ahora necesitaba medicamentos e hipnosis para poder conciliar el sueño.Durante el día, sus crisis eran todavía peores.La Señora Serrano no permitía que las cuidadoras la ataran, así que Raquel se pasaba el día fuera de control, destrozando cosas, golpeando y mordiendo a quienes se le acercaban.En una ocasión, el Señor Serrano había subido a su habitación para intentar calmarla, pero ella le había dado una patada.Desde entonces, él tampoco se atrevía a acercarse.En la casa se oían a cada rato sus gritos y el estruendo de objetos que terminaban hechos pedazos.Ni las cuidadoras ni los guardaespaldas soportaban ya sus arrebatos. Cuando se enteraron de que Raquel se iría a Albión y de que ellos no tendrían que acompañarla, todos se sintieron aliviados.Bruno la miró con frialdad.—Raquel, vete a Albión a recibir tratamiento.Ella lo miró, incrédula.—Bruno, ¿vas a mandarme lejos? ¿Por qué? ¿
Elisa preguntó:—Pero, ¿Eric no dijo que el auto que iba delante no tenía matrícula de Ciudad Real?—Los dos cambiaron las matrículas para echarle la culpa a otros. Los hombres de Raquel dijeron que venían de Villa del Río y que la señora Rojas los había enviado. Por su parte, los hombres de Noa Navarro afirmaron que mi madre les había dado la orden. Solo después de recibir una buena lección terminaron diciendo la verdad.Elisa guardó silencio.Era increíble que las dos tuvieran exactamente la misma forma de pensar.—En cuanto a Noa, quiero ocuparme de ella personalmente, pero, respecto a Raquel...Sabía que el asunto involucraba a la familia Serrano y que no estaba en sus manos decidir cómo proceder.Bruno respondió:—La Señora Serrano me prometió que mantendría a Raquel bajo control. Como no cumplió su palabra, yo tampoco voy a tener contemplaciones.Elisa recordó que antes lo habían golpeado y se preocupó un poco.—¿Tu padre no se va a enojar?—Cuando el Señor Serrano sufrió el derr







