LOGINElisa llevaba tanto tiempo discutiendo con Alba que ya estaba empezando a sentirse agotada.Además, sus valores y su manera de ver las cosas eran completamente diferentes, seguir discutiendo no iba a llevarlas a ninguna parte.Así que preguntó directamente:—Señora Salazar, ¿para qué vino a verme?Alba sacó un cheque.—Tú pon la cantidad, ¿cuánto quieres para dejar a Bruno?Elisa recordó aquellas series románticas sobre familias millonarias que solía ver con su abuela. Había visto muchas escenas como esa y nunca imaginó que algún día le tocaría vivir una.Si decía que no tenía ninguna intención de estar con Bruno, probablemente Alba tampoco le creería.Como no quería seguir discutiendo con ella, fue directo al punto:—¿Cuánto cree que sería justo?Después de todo, Raquel la había herido y Alba estaba empeñada en protegerla. Que pagara una compensación por lo que había hecho Raquel tampoco era algo fuera de lugar.Al ver que estaba dispuesta a aceptar el dinero, Alba mostró una expresió
—Elisa, Bruno ya regresó a Ciudad Norte.Elisa la miró en silencio, sin responder.Alba se acercó y se sentó a su lado.Para poder deshacerse de Doña Salazar, Gabriela y los guardaespaldas que vigilaban afuera de la habitación, había tenido que ingeniárselas bastante.Al mirar el rostro delicado y la elegancia natural de Elisa, todavía no entendía cómo Bruno, que había conocido a tantas mujeres hermosas, había terminado cayendo por ella.Por suerte, no llevaban tanto tiempo juntos. Si lograba separarlos ahora, Bruno sufriría por un tiempo, pero tarde o temprano lo superaría.Cuando una pareja ya llevaba muchos años de relación, separarlos sería mucho más difícil.Alba cambió su expresión por una más amable y le habló a Elisa con seriedad:—¿Sabes por qué Bruno dejó a una herida grave como tú y se fue de Villa del Río? Porque el padre de Raquel se enteró de que Bruno la había mandado a un lugar así y sufrió un derrame cerebral.—En aquel entonces, el padre de Raquel quedó con ambas pier
Al escuchar aquello, lo primero que pensó Elisa fue en todo el trabajo que todavía tenía pendiente. Si tenía que pasar un mes entero descansando, no sabía cuántas cosas terminarían retrasándose.Bruno le habló con suavidad:—Tú preocúpate por descansar, yo me encargo de todo lo demás.Elisa estaba algo agotada, así que respondió en voz baja:—Está bien.Volvió a quedarse dormida. Cuando despertó, Bruno ya no estaba.Gabriela era quien la acompañaba.Tenía los ojos enrojecidos y una expresión llena de preocupación.—Elisa, perdóname. Debí haber sido más firme y acompañar yo misma a Raquel en lugar de dejar que fueras tú.Elisa respondió con voz débil:—No fue tu culpa. ¿Dónde está Raquel? Me lastimó, y esto no puede quedar así.Gabriela se sorbió la nariz y dijo con rabia:—Esta vez Bruno no va a dejarla pasar como la última vez. La mandó a quedarse con Dora.Elisa se quedó paralizada.¿A alimentar a los tiburones?Gabriela explicó:—A Dora no le gusta comer personas. Casi todos los que
—Necesito ir al baño —dijo Raquel, señalando el baño que estaba un poco más adelante.Gabriela sintió que estaba haciendo un drama innecesario y la miró con fastidio.—Yo te acompaño, señorita.Pero Raquel respondió:—Tú estás más débil que yo, no vas a poder sostenerme. Que venga Elisa.Gabriela soltó una risa burlona.—Mejor aguántate. Me preocupa que termines haciéndole algo a Elisa.Raquel se mordió el labio.—Bruno, Gabriela, ¿no pueden tener un poco de compasión por mí?Al ver que había tantos guardaespaldas alrededor, Elisa tampoco creía que Raquel pudiera intentar hacer algo, así que dijo:—Yo te acompaño.Después de decirlo, se acercó para ayudarla a caminar.Raquel incluso mostró una sonrisa amable.—Gracias.Pero Elisa no bajó la guardia ni por un segundo. Seguía atenta a cualquier señal de que Raquel pudiera perder el control.Cuando llegaron a la entrada del baño, Raquel de repente la miró con una expresión llena de odio.—Elisa, llegó la hora de que mueras.Elisa alcanzó
Cuando Bruno vio que Elisa terminó de beber, tomó la botella de sus manos.—Pesa mucho. Déjala en mi mochila.Gabriela sintió que estaba de más viendo aquella escena y no pudo evitar decir:—Bruno, mi botella de agua también pesa. ¿Puedo ponerla en tu mochila?Bruno respondió con indiferencia:—El mes pasado, varios indicadores de tus exámenes médicos salieron mal. El doctor dijo que te falta hacer ejercicio. Cárgala tú.Gabriela se quedó sin palabras.Raquel, que estaba a cierta distancia, vio lo atento que Bruno era con Elisa y, furiosa, arrojó su propia mochila al suelo.Quiso alcanzarlos, pero los guardaespaldas de Bruno no le quitaban los ojos de encima y no podía acercarse.Raquel apretó los dientes, pero aun así se negó a darse por vencida.La neblina cubría el sendero de la montaña. Después de dos horas de caminata, Elisa, Bruno y Gabriela finalmente llegaron a la cima.Gabriela sacó su cámara para tomar algunas fotos del paisaje.En ese momento, el celular de Bruno vibró.Era
La edad de Guillermo, así como la fecha y el lugar donde había sido abandonado, coincidían. La posibilidad de que fuera el hijo de la Señora Valverde seguía siendo bastante alta.Si ahora hacía que se sometieran a una prueba de ADN sin avisar, teniendo en cuenta la idea que Guillermo tenía de sus padres biológicos, seguramente se negaría.Quizá podía conseguir un cabello de Guillermo a escondidas y mandarlo a analizar.Después de cenar, Elisa fue al baño. Aprovechó para sacar un cabello del peine de Guillermo, lo envolvió en un pañuelo y se lo guardó en el bolsillo.Al salir de la casa de Guillermo, Elisa subió al auto de Miriam.Durante todo el camino, Miriam no dejó de hablar de lo mucho que le dolía la situación de Guillermo.Elisa apenas le prestó atención. No fue hasta que llegó a casa que sacó el celular y llamó a la Señora Valverde.—¿Elisa? ¿Pasó algo?Elisa escuchó de fondo el aviso de embarque y preguntó con curiosidad:—Señora Valverde, ¿va a salir de Villa del Río?La voz d







