Share

Capítulo 3

Author: Mora
Cuando regresé a casa, el cielo ya se había teñido de negro.

Vivíamos en una casa adosada de estilo antiguo y dos pisos, enclavada en una zona residencial bastante modesta cerca del muelle.

El lugar no era grande, apenas unos cien metros cuadrados. El sedán de segunda mano que Harrison llevaba conduciendo varios años descansaba en el patio.

Esa ubicación había sido elegida únicamente por la cercanía con la oficina de aduanas, facilitándole el traslado diario a la oficina.

Movida por el deseo de cuidar su frágil ego —y por los resquicios de cariño que aún le guardaba—, jamás le había revelado que poseía una mansión de miles de metros cuadrados en Olsen, rodeada de personal de servicio y escoltas armados.

Preferí mantener la mansión deshabitada y empaquetarme en esta pequeña casa con él, conviviendo día tras día con sus padres.

Al principio, mi plan era revelarle mi verdadera identidad una vez que la boda terminara. Pero después de esto, ya no tenía ningún sentido.

Con una sola llamada, varias camionetas negras de lunas tintadas se detuvieron frente a la puerta en menos de veinte minutos.

Mi asistente, James, entró acompañado de mis hombres, y de inmediato procedieron a organizar mis pertenencias con precisión quirúrgica.

Ropa, joyas, documentos oficiales... cada objeto fue guardado meticulosamente en cajas.

Mientras contemplaba cómo los rastros de mi vida se desvanecían poco a poco, me quedé de pie en la sala, con el pecho completamente vacío de emociones.

Justo en ese momento, el teléfono volvió a sonar.

—Lola, pásame cincuenta mil dólares. A Mandy le encantó un bolso y le prometí que se lo iba a regalar.

Su tono era de absoluta naturalidad, sin el menor atisbo de preámbulo o cortesía.

Me quedé en silencio un par de segundos antes de soltar una risa seca.

—Harrison, ¿hablas en serio? ¿Me estás pidiendo dinero prestado solo para comprarle un capricho a otra mujer?

El otro lado de la línea enmudeció un instante. De inmediato, su voz se tornó pesada e irritada:

—Lola, ¿en qué momento te pusiste tan mezquina? Es la primera vez que Mandy sale al extranjero, ¿qué tiene de malo que le haga un regalo? ¿Puedes dejar de inventar dramas donde no los hay?

Le devolví la pregunta con voz pausada:

—¿Entonces te parece de lo más normal?

—Ay, por el amor de Dios, no seas malpensada —bufó con impaciencia—. Olvídalo, contigo es imposible razonar. Siempre te ahogas en un vaso de agua.

Y colgó sin darme tiempo a responder. Al mirar la pantalla oscurecida, una punzada sorda me atravesó el pecho.

En cinco años de relación, el obsequio más costoso que había recibido de su parte fue un collar de unos pocos cientos de dólares. Ahora, en cambio, no dudaba en pedirme dinero prestado para financiarle artículos de lujo a otra mujer.

Movida por una extraña mezcla de repulsión y curiosidad, abrí el perfil de Instagram de Mandy.

Su última publicación había sido subida hacía apenas treinta minutos.

La primera imagen mostraba la sala VIP del aeropuerto.

Mandy posaba sonriente frente al ventanal de piso a techo, con una mesa repleta de repostería fina y cócteles.

El texto decía:

[Primera vez en una sala VIP del aeropuerto. No imaginé que esperar el vuelo pudiera ser tan cómodo. Mil gracias al señor Tucker por cuidarme en cada detalle del trayecto. Sabiendo que tengo alergia al marisco, incluso se tomó la molestia de acompañarme a revisar toda la comida de nuevo].

En la sección de comentarios, varios de sus colegas de la oficina no tardaron en dejar recados:

[El señor Tucker es demasiado atento.] [Con ese nivel de atenciones, si no supiera la verdad, juraría que es tu novio.] [Qué envidia. Da gusto encontrar a alguien que te cuide así.]

Mandy no dio explicaciones; solo respondió con un emoji de carita sonrojada cubriéndose los ojos.

La segunda fotografía mostraba los amplios y cómodos asientos de la clase ejecutiva.

Ella aparecía recostada sobre el asiento de cuero, con pantuflas en los pies, champán y caviar sobre la mesita, mientras un mar de nubes se extendía al otro lado de la ventanilla.

La descripción rezaba:

[Primer vuelo en primera clase. Un viaje largo no tiene por qué ser agotador. Gracias al señor Tucker por apartar los mejores asientos para mí, para mi mami y para mi papi. Hoy parece un sueño hecho realidad].

Me quedé petrificada frente a la pantalla, clavando la vista en la imagen durante largos segundos.

Esos tres asientos nos correspondían a mis padres y a mí.

La tercera foto estaba tomada en una exclusiva boutique libre de impuestos del aeropuerto.

Mandy sostenía un bolso de edición limitada de la última temporada, luciendo una sonrisa deslumbrante. Al fondo, Harrison aparecía frente a la caja registradora, con la cabeza gacha mientras ingresaba el PIN de su tarjeta de crédito.

El pie de foto decía:

[Gracias al señor Tucker por el detalle. Como es mi primera salida al extranjero, dice que una chica siempre debe darse un gusto, y que no importa el precio cuando se trata de consentirme. ¡Qué feliz me siento hoy!]

Me acerqué la pantalla a los ojos, haciendo zoom lentamente.

La tarjeta bancaria sobre el mostrador era algo que conocía a la perfección: el plástico personal de Harrison.

Así que no es que estuviera corto de fondos. Simplemente le dolía gastar un centavo en mí.

En ese instante, James se acercó con paso firme.

—Señorita, todo está empacado.

Cuando la última maleta desapareció dentro de la camioneta, la casa en la que había habitado durante cinco años quedó completamente desierta de mí.

El teléfono volvió a vibrar. Esta vez decidí ignorarlo.

Entró un mensaje de texto de inmediato:

[Lola, ¿hiciste la reservación en el hotel de siete estrellas en Meridianna? ¿Por qué en la recepción dicen que no encuentran nuestro registro?]

No me digné a contestar.

Una hora más tarde, el aparato comenzó a sonar de manera incesante.

Para ese momento, ya había regresado a la seguridad de la mansión y no tenía el menor interés en seguirle el juego, así que bloqueé su número.

Sin embargo, ni un minuto después, una llamada de un número desconocido entró en pantalla.

Tras contemplarlo unos segundos, descolgué.

Harrison había tomado prestado el teléfono de alguien más. Su voz, antes tan segura y altanera, estaba teñida de un pánico incontrolable y un temblor imposible de disimular:

—Lola... acabo de llegar al complejo de la boda y me acaban de informar que... que está cancelada. ¿De qué están hablando? ¿Por qué ya no hay boda?

Patuloy na basahin ang aklat na ito nang libre
I-scan ang code upang i-download ang App

Pinakabagong kabanata

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 9

    El comisario dio un paso al frente para recibirme de inmediato:—Bienvenida, señorita Olsen.Tras él, el director de la autoridad portuaria, los gerentes de las navieras principales y los supervisores del muelle hicieron una reverencia al unísono, y sus voces se fundieron en un saludo solemne que retumbó en todo el puerto:—JefaHarrison se quedó helado, con los ojos anegados de incredulidad.Me miraba fijamente, parpadeando una y otra vez, intentando convencerse de que se trataba de una cruel broma o de una equivocación. Sin embargo, aquel rostro era el mismo con el que había convivido bajo el mismo techo durante cinco largos años.Le dediqué una ligera inclinación de cabeza a los directivos y avancé hacia la sala de reuniones, flanqueada por mi padre. De principio a fin, ni siquiera crucé la mirada con él.Solo cuando mi figura desapareció por completo al doblar el pasillo, Harrison reaccionó. Dio un manotazo al aire y atrapó a un colega del brazo:—Ella... ¿Cómo es posible que esté

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 8

    Harrison sacó el teléfono y marcó su número una y otra vez. Sin embargo, la única respuesta que obtenía era la locución fría y automatizada de la operadora:—El usuario al que llama se encuentra temporalmente no disponible.Acto seguido, abrió la aplicación de mensajería. Al pulsar enviar, una única marca de verificación gris apareció junto al texto: me había bloqueado.La mente de Harrison comenzó a desestabilizarse. Dio media vuelta, dispuesto a salir a buscarla por su cuenta, pero Heidi le cortó el paso de inmediato.—¿A dónde crees que vas a buscarla? ¿No ves que solo está haciendo un berrinche? Déjala en paz unos días y ya vendrá arrastrándose sola.Daniel la secundó al instante:—Exactamente, a este tipo de mujeres no se les puede consentir nada. Si se atreve a huir de casa antes de casarse, ¿qué nos esperaría después? A mi modo de ver, hasta nos hizo un favor yéndose. Cancela esa boda de una vez y cásate con Mandy, asunto arreglado.El rostro de Mandy se encendió de golpe. Bajó

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 7

    La interminable ráfaga de llamadas arruinó por completo las vacaciones de Harrison. Sin margen para titubeos, canceló el viaje de golpe y obligó a toda la comitiva a regresar a Olsen antes del amanecer.Apenas cruzó la puerta de la oficina, el director Addams le estrelló un expediente sobre el escritorio con furia desatada.En las hojas figuraba una lista escalofriante: doce empresas asociadas de toda la vida acababan de presentar peticiones formales para rescindir sus contratos de aduana.—¡Lo que está pasando está hundiendo los números del departamento! ¡Ponte a pensar muy bien a qué intocable se te ocurrió ofender esta vez!—Te doy exactamente veinticuatro horas para limpiar este desastre. Si perdemos esas cuentas, olvídate de la gerencia... y de cualquier bonificación de fin de año.Al salir del despacho, la camisa de Harrison estaba empapada en sudor frío. Sacó el teléfono a toda prisa y marcó directo a la central de la primera compañía de la lista.—Señor Thomas, por favor... díg

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 6

    Regresé a la mansión de Olsen.Las imponentes puertas de hierro negro se abrieron con lentitud mientras el auto avanzaba por la avenida bordeada de árboles hacia el interior de la propiedad.En el instante en que el vehículo se detuvo por completo, más de una decena de empleados formaron una línea impecable junto a la entrada principal.—Señorita, bienvenida a casa.Le entregué el abrigo a uno de ellos y crucé el umbral hacia el gran vestíbulo.La familiaridad de cada rincón permitió que mis nervios, tensos durante los últimos días, se relajaran por fin.Esta era la vida que me correspondía. Aquí no tenía que adaptarme a nadie, y mucho menos ocultar quién era solo para cuidar la frágil autoestima de un hombre mediocre.El mayordomo se adelantó con una reverencia respetuosa:—Señorita, varios de los gerentes ya la esperan en la sala de juntas.Asentí con la cabeza, caminé directamente hacia la cabecera de la mesa y hablé con un tono neutro:—Comencemos.Los informes comenzaron a acumula

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 5

    Cuando la recepcionista le tendió el desglose de los cobros y le informó: «Señor Tucker, para reactivar la suite presidencial, el mayordomo privado, el yate, la cena exclusiva y la ceremonia frente al mar, deberá cubrir el monto total de las tarifas de nuevo», la sonrisa de Harrison se congeló por completo. Aquella suma astronómica superaba por mucho sus cálculos.Sin embargo, con los padres de Mandy y varios compañeros de oficina observándolo justo a su espalda, no podía dar marcha atrás.Todo el mundo sabía que aquel viaje a Meridianna había sido organizado por él. Si se echaba para atrás en ese momento, su reputación caería por el retrete.Apretando los dientes con furia contenida, Harrison extendió su tarjeta bancaria.La primera tarjeta arrojó fondos insuficientes y el pago con la segunda fue rechazado de inmediato.Tuvo que recurrir a una tercera tarjeta de crédito para que el sistema procesara finalmente el pago total.La interminable ráfaga de notificaciones de cobro en su telé

  • ¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada.   Capítulo 4

    Me recosté contra los cojines del sofá; mi voz sonó perfectamente calmada, vacía de cualquier emoción.—Lo cancelé. Ya que cuidas tanto a Mandy, cásate con ella.Tras unos segundos de desconcierto, una suave risa burlona se deslizó por la línea.—Lola, creí que había ocurrido una gran catástrofe. Resulta que solo estás celosa.—¿No te lo expliqué ya? Mandy es solo una compañera de oficina. Es nueva en el área y hay muchas cosas que no entiende. ¿Qué tiene de malo que le eche una mano de vez en cuando? ¿Puedes dejar de inventar dramas?—Sé que fue pesado para ti y para mis suegros tener que viajar hoy en barco. Eso lo reconozco y fue mi error. En cuanto lleguen a Meridianna, te lo compensaré.Hablé con desdén:—Harrison, no hay nada que compensar. Lo nuestro se acabó.Harrison soltó una risita cargada de un soberbio desprecio:—Lola, no te pongas en plan dramático. Me amas demasiado como para dejarme tirado.—Además, estoy a nada de recibir un ascenso. La gerencia ya se reunió conmigo p

Higit pang Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status