Short
Le entregué mi corazón y desaparecí el día de nuestra boda.

Le entregué mi corazón y desaparecí el día de nuestra boda.

By:  BonnieKumpleto
Language: Spanish
goodnovel4goodnovel
8Mga Kabanata
1.5Kviews
Basahin
Idagdag sa library

Share:  

Iulat
Buod
katalogo
I-scan ang code para mabasa sa App

—Ese video del chat grupal se grabó en tu suite nupcial, ¿verdad? —preguntó una de las mujeres con una sonrisa cargada de malicia—. ¿Divertirte con otras mujeres delante de las narices de Adela? Qué descarado. Lorenzo se echó hacia atrás, hizo girar el trago dentro del vaso y asintió con una expresión de absoluta suficiencia. —Sí, así fue. Antes estaba demasiado enfermo para hacer la mitad de las cosas que quería —añadió, dándose unos golpecitos en el pecho—. Pero después del trasplante comprendí que pasar el resto de mi vida con una sola mujer sería un desperdicio imperdonable. La habitación estalló en carcajadas. Lorenzo esperó a que el bullicio disminuyera antes de continuar. —Me he propuesto una meta: estar con mujeres en cien lugares distintos antes de la boda. En cuanto me case, sentaré cabeza. A partir de ese día, mi cuerpo y mi matrimonio pertenecerán por completo a Adela. Las risas volvieron a inundar la habitación y varias copas se alzaron para brindar. Yo permanecía al otro lado de la puerta, inmóvil, con una mano presionada contra mi pecho, justo donde aquel corazón artificial seguía latiendo con regularidad. Lorenzo nunca supo que yo había aprendido su idioma. Tampoco sospechaba que ya había descubierto su aventura con Vera, la maestra de ceremonias de nuestra boda y la mujer con la que me engañaba a mis espaldas. Y, del mismo modo que él me había ocultado algo, yo también le había guardado un secreto. Había contratado un servicio de muerte asistida en el extranjero.

view more

Kabanata 1

Capitulo 1.

Había contratado un servicio de muerte asistida en el extranjero.

El día de la boda que él llevaba tanto tiempo esperando, yo desaparecería al otro lado del Atlántico. Para cuando comprendiera lo que había ocurrido, no quedaría nada de mí salvo un puñado de cenizas.

Durante la última noche antes de nuestra boda, Lorenzo celebraba con sus amigos en un salón privado. Reían demasiado alto y bebían en exceso, hablando entre ellos en siciliano.

—Ese video del chat grupal se grabó en tu suite nupcial, ¿verdad? —preguntó una de las mujeres con una sonrisa cargada de malicia—. ¿Divertirte con otras mujeres delante de las narices de Adela? Qué descarado.

Lorenzo se echó hacia atrás, hizo girar el trago dentro del vaso y asintió con una expresión de absoluta suficiencia.

—Sí, así fue. Antes estaba demasiado enfermo para hacer la mitad de las cosas que quería —añadió, dándose unos golpecitos en el pecho—. Pero después del trasplante comprendí que pasar el resto de mi vida con una sola mujer sería un desperdicio imperdonable.

La habitación estalló en carcajadas.

Lorenzo esperó a que el bullicio disminuyera antes de continuar.

—Me he propuesto una meta: estar con mujeres en cien lugares distintos antes de la boda. En cuanto me case, sentaré cabeza. A partir de ese día, mi cuerpo y mi matrimonio pertenecerán por completo a Adela.

Las risas volvieron a inundar la habitación y varias copas se alzaron para brindar.

Yo permanecía al otro lado de la puerta, inmóvil, con una mano presionada contra mi pecho, justo donde aquel corazón artificial seguía latiendo con regularidad. Lorenzo nunca supo que yo había aprendido su idioma. Tampoco sospechaba que ya había descubierto su aventura con Vera, la maestra de ceremonias de nuestra boda y la mujer con la que me engañaba a mis espaldas.

Y, del mismo modo que él me había ocultado algo, yo también le había guardado un secreto.

Quizá mi expresión me traicionó, porque Lorenzo me vio casi al instante. Se levantó de inmediato, cruzó la habitación y se arrodilló frente a mí.

—¿Te está molestando el corazón? —preguntó, sujetándome el hombro con preocupación—. Los médicos dijeron que no puedes desvelarte. Nos vamos a casa.

Ya me estaba guiando hacia la salida cuando dos de sus amigos se interpusieron en su camino con sonrisas burlonas.

—La que tiene el corazón débil es Adela, no tú.

—Ya tendrán tiempo de jugar a ser marido y mujer después de la boda. Esta noche es tu última noche de libertad.

Retiré mi mano de la suya y logré que mi voz sonara tranquila y serena:

—Haz que el chofer me lleve de regreso. Esta es tu noche, Lorenzo. Quédate con ellos.

Luego me di la vuelta y me marché antes de que pudiera seguirme.

El auto apenas se había puesto en marcha cuando encontré el teléfono de Lorenzo en el bolsillo de mi abrigo. Me quedé mirándolo un instante y le ordené al chofer que diera la vuelta. Cuando el vehículo se detuvo frente al club, vi a Vera bajarse de un taxi. Sin pensarlo dos veces, salí del auto y entré detrás de ella.

Al final del pasillo, Lorenzo ya la estaba esperando.

En cuanto la vio, la estrechó con fuerza entre sus brazos. Vera se aferró a su cuerpo como si ese fuera el único lugar al que pertenecía. Él le susurró algo al oído y ella soltó una risa suave y cómplice.

—Adivina qué clase de regalo de bodas te traje —murmuró ella.

La expresión de Lorenzo cambió al instante. Un deseo crudo, negligente y familiar se apoderó de sus facciones.

—Te escucho.

Ella le tomó la mano y la guió despacio hacia abajo.

—Te va a gustar.

Permanecí oculta en las sombras y los observé durante un insoportable segundo más.

Cuando Lorenzo volvió al salón privado, todavía tenía los labios húmedos. Sus amigos lo notaron de inmediato.

—Ahora podemos hablar como adultos.

—Vamos, Lorenzo. ¿Cuál ha sido el mejor lugar? Cuéntalo o te toca beber.

Lorenzo se dejó caer en su asiento, como si nada hubiera ocurrido.

—En la suite nupcial —respondió con tono despreocupado—. Con crema batida y sus manos apretándome el cuello.

Una oleada de risas recorrió la habitación, seguida de algunos silbidos y aplausos burlones. Era el tipo de comportamiento vulgar que solo su círculo cercano se atrevería a mostrar delante de él.

Sentí que la sangre se me helaba en las venas.

Años atrás, para saldar la deuda que tenía con la familia De Luca por haberme criado, le di a Lorenzo mi propio corazón.

Después de la operación, él me tomó de la mano desde su cama de hospital y me dijo:—Este corazón es lo más precioso que jamás podré tener. Pasaré el resto de mi vida amándote y agradeciéndote por esto.

Durante tres años enteros, no hizo más que pedirme que me casara con él una y otra vez.

Y así era como decidía pagarme, deshonrando la cama de nuestra suite nupcial con otra mujer.

Cuando regresé al auto, le devolví el teléfono al chofer.

—No le digas ni una palabra de que regresé —le advertí con voz firme.

Palawakin
Susunod na Kabanata
I-download

Pinakabagong kabanata

Higit pang Kabanata

To Readers

Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.


Walang Komento
8 Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status