Share

Capítulo 2

Author: Mili Per
last update publish date: 2021-05-19 02:05:03

Observé con cuidado a mi alrededor… Tan sólo había un pasillo desierto, lo cual debo confesar me sorprendió.

¿Tan estúpidos eran mis secuestradores? ¿Sería tan fácil escapar al final?

Comencé a caminar con sigilo por el corredor hasta que me encontré con unas escaleras. Desde donde estaba parada no podía ver a dónde me llevaban. Miré hacia los costados y como era de esperarse sólo había puertas cerradas. Por lo que, para salir, no me quedaba más remedio que bajar.

Bajé lentamente, para no alertar a nadie. Llegué al primer descanso de las escaleras, antes de que éstas se desviaran a la derecha, y cuando iba a continuar el camino, algo sucedió.

Unos gritos me hicieron frenar en seco y mi corazón comenzó a latir desesperado al escuchar la ira con la que salían aquellas palabras.

- ¡¿Qué m****a me estás diciendo?!- reconocí de inmediato la voz del hombre que había estado conmigo en la habitación.

- Lo lamento señor... sólo queríamos cumplir sus órdenes... no podíamos... volver sin nada- respondió una voz temerosa.

- ¿¡Y tenías que secuestrar a una muchacha?! – volvió a estallar de rabia - ¡Maldita sea Jason! Estás despedido- decretó con firmeza.

El silencio reinó en la habitación. Continué de pie, paralizada por lo que acababa de escuchar.

¿Me habían secuestrado sin querer? Qué demonios... Me agarré de la baranda para no caer.

Una parte de mí se alegró porque entonces probablemente me iban a liberar… Pero, ¿Y si no era así?

- Jefe puedo arreglarlo...- balbuceó la voz débil.

-Largo- le respondió tajante con su voz dura.

Y a continuación no se escuchó nada más el ruido de la puerta cerrarse. Me sorprendió ver el respeto que tenía por las órdenes del hombre. Aunque para ser sincera, hasta a mí me había erizado los vellos de la piel el sólo escucharlo.

Seguí bajando un par de escalones más y me asomé un poco lentamente. La imagen que me recibió me inquietó...

El “jefe”, que efectivamente era el hombre había estado conmigo en la habitación, estaba apoyado en las palmas de sus manos sobre una mesa y sus brazos extendidos. Tenía su mirada perdida en las hojas que estaban desparramadas sobre el mueble. Su torso subía y bajaba exageradamente, acompañando su respiración agitada.

Bajé un peldaño más y la madera crujió bajo mis pies.

En seguida él alzó su vista hacia mí apuntándome con un arma. Como una estúpida alcé las manos y me quedé quieta, sin siquiera respirar.

Genial, ahora sí que me iba matar. Estaba segura.

Ví como relajó sus hombros y apoyó la pistola sobre la mesa. ¿Siempre había estado ahí?

- Lo siento - murmuró acercándose con pasos firmes pero lentos, subiendo incluso un par de escalones.

Bajé mis brazos, pero no me moví ni un centímetro. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Correr? El loco frente a mí era un total desconocido y ¡tenía un arma!

-Sé que estás confundida, todo ésto fue un error...- continuó.

- ¿Secuestraron a la persona equivocada? - me atreví a preguntar mientras él se acercaba aún más a mí.

Su rostro se transformó y manifestó una notable molestia frente a mis palabras.

-No somos secuestradores, señorita- respondió.

- ¿Quiénes son entonces? -

-Si respondo eso, no te podrás ir nunca más de aquí- habló con suavidad. Su mirada estaba fijamente sobre la mía, demostrando que lo que decía iba en serio.

Un escalofrío me hizo vibrar de arriba a abajo y mis manos empezaron a temblar.

-Solamente quiero irme... juro no decir nada- manifesté desesperada.

El hombre me miró unos segundos que parecieron una eternidad. Sus ojos me escanearon: mi rostro, mi cuerpo, mis brazos, mis manos... Y se detuvo allí.

Cerró sus ojos y suspiró sonoramente negando con su cabeza.

-Te voy a dejar ir, pero primero, déjame curarte-

Fruncí el ceño sin comprender hasta que seguí su mirada hacia mis manos. Hablaba de los moretones de mi mano y de algunos raspones que ahora veía sangrando.

-No... no hace falta, soy médica,puedo curarme. Sólo quiero irme- continué un poco más esperanzada. Poco me importaban mis manos en este momento, quería correr lejos de aquí.

- ¿Cómo vas a vendar tus dos manos? - sonrió burlón pasando por mi lado, subiendo las escaleras -Sígueme- mandó "el jefe".

Comenzaba a quedarme bien en claro que estaba acostumbrado a dar órdenes y que siempre las obedezcan.

Era un estúpido, pero como quería irme cuanto antes, en silencio lo seguí. Volvimos al pasillo, pero en vez de entrar a la habitación donde desperté, ingresamos en la puerta de al lado.

Un cuarto dos veces más grande que donde había estado apareció ante mis ojos. Una de sus paredes era completamente de vidrio, dejando ver el jardín y la piscina que estaban afuera. Era una vista soñada para cualquier persona…

Las demás paredes eran de color blanco. Había una cama tan grande que cabrían cuatro personas si lo quisieran. Y en frente, un escritorio negro con una computadora de último modelo.

Joder, que tenía plata el Jefe.

Él siguió caminando hasta abrir otra puerta que comunicaba con un baño. Avancé hasta donde estaba y miré maravillada el sitio; todo era de mármol blanco.

-Siéntate- volvió a ordenar señalando una silla que había, interrumpiendo mi deslumbramiento. Alcé mis cejas por su manera de hablarme, pero obedecí. Sólo tendría que aguantar unos minutos más y podría por fin ser libre.

¿Siempre daba tantas órdenes? Pobre de sus seres queridos...

Se agachó y comenzó a revolver dentro de un pequeño armario para sacar finalmente un par de vendas. Se arrodilló frente a mí y tomó mis manos con seguridad. La piel de mis brazos se erizó y rogué porque no lo notara. No se podía negar que era guapo, y al parecer, se sentía culpable por el malentendido. Pero lo que más me sorprendió era la delicadeza con la que tocaba mis dedos.

En silencio vendó torpemente mis manos, haciéndome doler de a momentos. Se notaba que no tenía ni un poco de experiencia en ésto.

-Perdona, es más fácil cuando son mis manos- casi gruñó.

Asentí e intenté aguantar un poco más.

Cuando finalmente terminó, aún sosteniendo mis manos entre las suyas, alzó su vista y me miró con profundidad, con algo más que no supe descifrar.

Quise levantarme e irme corriendo. Quise no volver a verlo más. Quise separar mi mirada de la suya, que parecían estar imantadas. Quise ignorar la sensación que invadía mi vientre y que hacía galopar mi corazón.

Pero de pronto el sonido de un disparo, seguido de un grito, nos sobresaltó.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • ¿Qué quieres de mí?   Capítulo 40 - Epílogo

    5 MESES DESPUÉS. Sonreí mientras miraba y acariciaba mi pancita. Estaba de seis meses y medio. Era pequeñita, pero el bebé se movía mucho, era igual de inquieto que el padre. Tenía mucha intriga de cómo sería. ¿Tendría sus ojos? Ojalá que sí. -Estoy tan feliz de haber dejado toda esa vida atrás- suspiré recostada en una silla. -También yo amor. No fue fácil...- murmuró Alexander. -Lo sé, lo que tuviste que hacer para poder escapar de todo aquello...- respondí. Asintió. -Ya está, dejémoslo atrás. Éste es nuestro presente, y nuestro futuro- besó mi vientre -Gracias por haberme esperado...- -No tienes que agradecerme, lo haría una y mil veces- hundí mis dedos entre sus cabellos, acariciando su cabeza -Gracias a tí por dejarme atravesar tu frío corazón - bromeé. -Un placer- reímos. Vivíamos en una ciudad distinta, muy lejos de la anterior. Nuestro hogar era una hermosa casa con un gran campo atrás. Y

  • ¿Qué quieres de mí?   Capítulo 39

    Desperté confundida. Sentía unas caricias en mi vientre, pero mis manos estaban quietas.Abrí mis ojos y encontré las grandes manos de Alexander deslizándose sobre mi piel.Mi corazón se aceleró.-Buen día, hermosa- susurró besando mi cuello.-Buen día, amor.- respondí acariciando sus manos.-Es increíble saber que una vida crece en tí, producto de nuestro amor--¿No tienes miedo?- pregunté temiendo un poco su respuesta.-No. Bueno... Si, los miedos normales de todo padre primerizo - rió achinando sus ojos - Pero estoy muy feliz. No veo la hora de conocerlo. Gracias por darme una familia- miró mis ojos.Rápidamente giré mi cuerpo y lo abracé con fuerza.-Tenía tanto miedo de cómo lo ibas a tomar...- confesé.-Lo sé. Yo también- rió -Pe

  • ¿Qué quieres de mí?   Capítulo 38

    -Anne, yo...--No me importa lo que tengas para decir, Alexander. Lo nuestro se acabó--¿Ibas a mantenerlo en secreto?- volvió a insistir. ¿Por qué le dolía tanto? Si al fin y al cabo, nunca había querido ésto.-No había decidido qué hacer. Me enteré ayer y luego sucedió lo del ataque... Y hoy... Bueno, ya sabes- lo miré con odio.Tomó su cabello entre los dedos, un gesto que hacía cuando estaba nervioso y no sabía que decir.-Si lo hubiera sabido, las cosas no habrían sido así...--No te atrevas a culparme- lo interrumpí señalándolo con mi dedo índice-No sé que motivos te llevaron a actuar así, pero sé que definitivamente no es mi culpa--Claro que no- ablandó su rostro y dió un paso hacia mi -No es tu culpa, es toda mía. Si pudiera explicar

  • ¿Qué quieres de mí?   Capítulo 37

    POV AnneUnos golpes incesantes se escuchaban desde la puerta principal.Fruncí el ceño confundida sobre quién podía ser. Nadie sabía que había vuelto a mi departamento...Por un momento me asusté. Haber estado dentro del mundo de Alexander me había vuelto un poco paranoica.Miré en mi celular la hora: las 3:45 am.Los golpes seguían retumbando, incluso cada vez con más fuerza.Me puse de pie, y abracé mis brazos con las manos, mientras caminaba hacia la puerta. Hacía mucho frío, y mi musculosa no abrigaba absolutamente nada.Crucé el living, me acerqué a la entrada y encendí la luz.-¿Quién es?- pregunté con firmeza.-Soy Alexander, ábreme por favor-¿Qué carajo…?¿Qué hacía acá?No entend&

  • ¿Qué quieres de mí?   Capítulo 36

    POV AlexanderObservé en silencio como Anne abandonó mi despacho con furia.No dije nada, no la seguí, la dejé ir.Me senté destruído en la silla y tomé mi rostro entre las manos.Mierda, mierda, mierda.Era un hijo de puta. Uno grande.Su rostro angelical estaba arruinado gracias a mí. Le había roto el corazón.Pero el mío también lo estaba.Ya nada volvería a ser como antes, y era mi decisión final.Suspiré una vez más y su rostro con lágrimas volvió a mi mente.De pronto, una ira se apoderó de mí. Me puse de pie y comencé a romper todo lo que estaba a mi alcance.Tiré por el aire papeles, la silla y una botella de whisky que había vaciado a la mitad, antes de decirle que se fuera.Todo. Rompí todo. Rompí su a

  • ¿Qué quieres de mí?   Capítulo 35

    Me dí media vuelta y abandoné la habitación sin esperar su respuesta. No quería que siguiera lastimándome con sus palabras.Si así quería que fueran las cosas, pues, así serían. Al fin y al cabo era el Jefe y daba las órdenes.Armé un bolso rápido, con unas pocas cosas que tenía en el armario. Y, sin despedirme de nadie, en cuestión de minutos, salí de la mansión. Por suerte no me crucé con nadie mientras escapaba... Aunque una parte de mí deseaba que Alexander viniera a decirme que era un chiste o que estaba arrepentido.Caminé un par de cuadras con la mochila colgando de mi hombro derecho y marqué el número de un taxi mientras lloraba. Hacía mucho calor y no había desayunado, pero ¿Qué más iba a lograr si me quedaba en esa casa? Nada, sólo aumentar mi dolor. Debía irm

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status