El invierno llegó al faro con su manto de niebla y sus días cortos. Nicolás, el patriarca de los Chestifer Dávila, había cumplido noventa y dos años. Su cuerpo ya no era el mismo que había desafiado tormentas y navegado mares, pero sus ojos seguían brillando con la misma luz que había guiado a su familia durante décadas.Mariana sabía que el tiempo de su padre se acercaba. No era una certeza médica ni una premonición; era la sensación profunda que tienen los hijos cuando intuyen que el ciclo de la vida está a punto de completarse.Una tarde, mientras el sol se ponía sobre el Atlántico y el faro comenzaba a girar su luz, Nicolás llamó a toda la familia a la terraza. Quería hablar con ellos. Quería compartir sus últimas palabras.Llegaron todos: Mariana, Elías, Luz Marina, Valentina, Martín, Elisa, Sofía (que ya apenas podía caminar pero se negaba a perderse ningún momento importante), Isabel, y los jóvenes fareros que habían aprendido bajo la tutela de Nicolás.—Siéntense —dijo Nicolás
Última actualización : 2026-07-12 Leer más