El faro amaneció envuelto en un silencio que no era tristeza, sino respeto. Mariana había partido en paz durante la noche, rodeada del amor de su familia y la luz que había protegido durante toda su vida. Su partida no fue una pérdida; fue una transición. Como la luz del faro que nunca se apaga, solo se transforma.Elías, su compañero de toda una vida, había dormido a su lado, sosteniendo su mano hasta el último momento. Cuando despertó y sintió que su mano ya no respondía, no lloró. Sonrió. Porque sabía que ella estaba donde siempre había querido estar: en la luz eterna.La noticia se extendió por el faro como el viento. Valentina, Diego, Nicolás, Luz, Martín, Clara, el pequeño Sebastián y todos los descendientes de los Chestifer Dávila se reunieron en la terraza, donde los diez vasos esperaban en la mesa. Pero esta vez, había un vaso más. Un undécimo vaso, de cristal blanco, que brillaba con una luz propia.—La abuela siempre decía que la familia crece —dijo Nicolás, con la voz firm
Última atualização : 2026-07-12 Ler mais