Pasaron tres meses desde la muerte de Aurelio. El tiempo, como el mar, había ido puliendo las aristas del dolor, convirtiéndolo en algo más soportable. El faro seguía girando, la vida seguía su curso, y poco a poco, la sonrisa había vuelto a los rostros de Nicolás y Valentina. Pero había algo que no se atrevían a nombrar. Algo que Valentina guardaba en secreto, esperando el momento adecuado.Una mañana de junio, cuando el sol calentaba con fuerza y el mar brillaba como un espejo, Valentina despertó con una sensación extraña en el estómago. No era miedo. Era algo más. Algo que la había estado acompañando durante las últimas semanas, pero que aún no había compartido con nadie.Se levantó en silencio, para no despertar a Nicolás, y caminó hasta la cocina. Allí, sentada a la mesa con una taza de té, esperó a que su mente se aclarara. Sus manos, casi sin querer, se posaron sobre su vientre. Y una sonrisa, involuntaria y luminosa, se dibujó en su rostro.—¿Qué haces despierta tan temprano?
Última actualización : 2026-07-08 Leer más