AlonsoLa ciudad era un hervidero de luces y estridencias esa noche, un caos vibrante que me taladraba los nervios. Desde mi auto, a dos calles del edificio de Clara, sentía el sudor pegándome la camisa a la espalda, pese a que el aire acondicionado rugía al máximo. El teléfono vibró en el asiento del copiloto, y el mensaje del guardia me golpeó como un puñetazo directo al estómago: "Leonardo entró al departamento. Hace diez minutos."Diez minutos. Diez eternos minutos de él con ella, en su espacio, respirando su aire, tal vez tocándola. La imagen se instaló en mi cabeza con la nitidez cruel de una fotografía: Leonardo, con esa maldita seguridad que nunca se permitía dudar, acercándose a Clara, susurrándole algo al oído, robándomela. Mis dedos se cerraron con fuerza sobre el volante hasta que los nudillos crujieron. No podía quedarme quieto mientras él se metía en su vida como si le perteneciera.Ella era mía. Lo había sido desde aquella primera vez en el hospital, con su mezcla de for
Última actualización : 2025-04-30 Leer más