El silencio en la oficina de la presidencia de los De la Rua no era un silencio de paz, sino uno de esos que pesan, que se sienten en los oídos como si estuvieras a mil metros bajo el mar. Castiel estaba sentado tras su escritorio de caoba, con la mirada perdida en el sobre de color crema que acababa de llegar por mensajería privada. No necesitaba abrirlo para saber qué contenía. El remitente era más que evidente. Con los dedos temblorosos, Castiel rasgó el sobre. Al deslizar las hojas, lo primero que vio fue la firma de Yestin. Era una firma limpia, sin tachaduras, decidida. Ella no había dudado. No había enviado una nota, ni una súplica, ni una mancha de lágrima sobre el papel. Solo el rastro de la tinta que ponía fin a su historia. —Ya está —susurró Castiel, y sintió que un vacío insoportable se abría en su estómago, como si le hubieran arrancado un órgano vital sin anestesia—. Se acabó de verdad. Se puso de pie con torpeza, sintiendo que las piernas no le obedecían. Se acercó
Terakhir Diperbarui : 2026-02-23 Baca selengkapnya