تسجيل الدخولYestin, con apenas veinte años, había llegado a un punto de quiebre. Su vida, en lugar de ser un florecimiento, era un jardín marchito bajo la constante sombra de su madre. La prostituta más cotizada del club nocturno donde viven ambas. Las palabras de su madre, eran más afiladas que cuchillos, y los silencios, más pesados que losas, habían sido su pan de cada día desde que podía recordar. Cada gesto, cada mirada, cada respiración de su progenitora venía cargada de desprecio, de juicios que la reducían a menos que nada. No había afecto, ni consuelo, solo una presión asfixiante que la ahogaba lentamente, robándole el aire, los sueños y la esperanza. Un día, en medio de la desesperación que la consumía por estar a punto de vender su virtud al mejor postor y condenar toda su vida a ser una prostituta. Apareció una oferta inusual, casi fantasiosa: un matrimonio concertado. No por amor, ni por tradición. Convertirse en la novia de un hombre que no conoce. Alguien, un completo extraño llamado Castiel De la Rua, buscaba una esposa exprés por razones propias, quizá tan desesperadas como las de ella. Yestin no lo conocía para nada. Apenas y había cruzado una palabra con él y una integración en medio de la noche. Solo recordaban su olor a alcohol. Era un desconocido, un enigma, una figura sin contornos en el lienzo de su vida. La lógica gritaba que era una locura, un salto al vacío sin red. Yestin ya no tenía nada que perder. La vida que llevaba no era vida; era una supervivencia miserable. La idea de un futuro con Castiel, por incierto que fuera, se presentó no como una elección, sino como la única salida posible. A cambio de darle un hijo barón. Así fuera lo último que hiciera…
عرض المزيد*—Christopher:
—¿En serio vas a hacerlo? —preguntaron, la voz irrumpiendo en la oficina sin previo aviso.
Christopher Bryant levantó lentamente la cabeza de la pantalla de su computadora, como si aquel comentario no tuviera la menor urgencia. Sus dedos dejaron de deslizarse sobre el teclado y arqueó una ceja al ver a su hermano mayor de pie frente al escritorio.
Robert Bryant respiraba agitadamente, el pecho subiendo y bajando con fuerza, como si hubiera subido varios pisos corriendo o acabara de salir de una discusión violenta.
Una sonrisa lenta, casi peligrosa, apareció en los labios de Christopher, quien cerró el informe financiero que estaba revisando y entrelazó las manos sobre el escritorio de caoba oscura antes de mirarlo directamente.
—¿De qué hablamos exactamente? —preguntó con falsa inocencia, aunque sabía perfectamente de qué hablaba, solo no pensaba darle esa satisfacción.
—¡De tu compromiso con esa chica! —exclamó Robert, incapaz de contenerse.
Ah. Así que la noticia ya había comenzado a circular.
Eso era interesante.
La conversación sobre el compromiso había ocurrido en privado entre su padre y él, en el despacho familiar de la casa familiar de los Bryant. No había sido una discusión larga, más bien una negociación silenciosa entre dos hombres que entendían perfectamente el peso de ciertas decisiones.
Christopher ya había elegido y había elegido con mucho cuidado, pero todavía no había movido las piezas en público. Aún no. Primero necesitaba que todo estuviera perfectamente preparado, como llevaba años haciendo.
—¿Acaso estás celoso, hermanito? —preguntó Christopher con un tono casi burlón—. Nuestro hermano Max se casó y ahora yo voy a seguir sus pasos. Lo que significa que tú, siendo el mayor, te estás quedando atrás. Bastante deprimente, si lo piensas bien.
Robert apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos. Sus ojos azules, los mismos que compartían todos los Bryant, lo atravesaron con una mirada helada que parecía querer abrirle la piel, pero Christopher estaba acostumbrado.
Lentamente, Christopher se puso de pie con calma.
El gesto fue elegante y natural: tomó los bordes de su chaqueta de traje hecha a medida y la acomodó con un movimiento suave antes de abotonarla, ese pequeño ritual silencioso de los hombres que han pasado demasiado tiempo en salas de juntas y negociaciones. Luego rodeó el escritorio con pasos tranquilos hasta quedar frente a su hermano.
Robert aún parecía a punto de explotar y Christopher, en cambio, parecía completamente relajado.
Se iba a dejar de rodeos.
—Escucha con atención —dijo finalmente con voz baja—. No te metas en mi camino, a mi no me importa que seas mi hermano. Y si te atraviesas, te voy a arrollar y voy a hacer que desaparezcas —expresó Christopher, y no lo dijo con rabia, lo dijo con absoluta serenidad y eso lo hacía mucho peor.
Robert sostuvo la mirada unos segundos más antes de hablar de nuevo.
—No voy a permitir que les hagas daño a los McKay.
Chris inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera procesando una frase particularmente absurda.
—¿Hacerles daño? —repitió, arqueando sus oscuras cejas—. Eso no está en mis planes —murmuró encogiéndose de hombros con una calma casi teatral—. Solo voy a casarme con esa chica y seré el hombre más feliz del mundo —dijo y la mentira flotó en el aire entre ellos y ambos lo sabían.
—Deja de fingir —escupió Robert, golpeando el escritorio con las manos—. ¡Sé perfectamente cómo eres, Chris! Apártate ahora antes de que…
Christopher lo interrumpió con un paso adelante.
—¿Antes de qué? —preguntó sin levantar la voz, pues no lo necesitaba, su mera presencia era ya intimidante. Robert podía ser el mayor, pero siempre había sido el cordero de la familia, el que dudaba, el que retrocedía, el que nunca terminaba lo que empezaba.
Robert era un fracaso y si creía que su start-up de seguridad iba a posicionarse en el mercado, estaba muy mal. Iba a lamentar el día en que le dio la espalda a la familia. Y Maximilian, su segundo hermano, también. Había abandonado ambiciones, proyectos, todo por amor. Ambos habían huido de los planes familiares como un soldado desertor.
Christopher soltó una pequeña risa sin humor.
—Estoy rodeado de traidores —dijo con desdén—. Pero no te preocupes, la tercera es la vencida. Ustedes dos fallaron, pero yo no —Christopher alzó el mentón—. Yo voy a ser quien cumpla la promesa y voy a llevar a esta familia a la gloria.
Robert abrió la boca, la cerró, volvió a abrirla, pero no salió ninguna respuesta. Su rostro se había vuelto rojo por la rabia contenida. Durante unos segundos pareció que iba a decir algo más o tal vez hacer algo. Sin embargo, no lo hizo.
Simplemente se dio la vuelta y salió de la oficina con pasos furiosos, cerrando las enormes puertas dobles de caoba con tanta fuerza que Christopher pensó que las bisagras cederían.
El silencio regresó al despacho y Christopher soltó un pequeño suspiro.
—Cobarde —murmuró.
Si hubiera sido otro hombre, habría intentado detenerlo, habría intentado arruinar sus planes. Quizás habría hecho algo más que hablar, pero Robert Bryant siempre ha sido así. Un hombre de palabras, nunca de acciones.
Christopher volvió a su escritorio con calma, desabotonándose la chaqueta antes de tomar asiento nuevamente. Una sensación de anticipación vibraba en su pecho, como si algo grande estuviera a punto de comenzar.
Su mano se movió hacia el ratón inalámbrico del ordenador. Abrió su bandeja de entrada y buscó un correo en particular. Lo encontró enseguida y el asunto era corto, y muy directo: Informe – Cassadee McKay.
Christopher abrió el mensaje y bajó hasta el final, donde estaban los archivos adjuntos. Un informe breve y preliminar de la mujer con la que pronto iba a comprometerse para casarse, donde había fotos, demasiadas fotos.
Hizo clic en la primera.
En la pantalla apareció la imagen de una chica caminando por una calle comercial, con una sudadera demasiado grande y una bolsa de una marca reconocida de cosméticos en la mano. Pasó a la siguiente. En otra fotografía estaba sentada en una cafetería con unas amigas, riéndose de algo fuera de cámara. En otra más estaba frente a un espejo, grabándose con el celular.
Nada espectacular. Nada que un hombre como él normalmente miraría dos veces.
Christopher apoyó un codo sobre el escritorio y observó la imagen con atención.
Si, definitivamente no era el tipo de mujer que solía elegir, pero tampoco la estaba eligiendo por eso. Además, debía decir que se veía algo interesante.
—Cassadee McKay —susurró Christopher el nombre de la dama en la foto y sus dedos tocaron suavemente la pantalla.
Ella era una pieza, una llave, y tal vez incluso algo más.
Christopher cerró la foto lentamente, aunque la sonrisa que apareció en sus labios tenía muy poco que ver con romance.
—Pronto nos conoceremos —murmuró al aire, pero era más una promesa que una simple frase lanzada al vacío.
.
.
¡Hola!
Si alguna vez leíste Amor por Contrato aquí en Buenovela, quizás te preguntes por qué esta historia te resulta familiar. La respuesta es sencilla: esta es una nueva edición de esa novela.
Hace algunos años publiqué Amor por Contrato y, en su momento, fue una historia muy querida por muchos lectores. Sin embargo, con el paso del tiempo me di cuenta de que había muchas cosas que ya no representaban mi forma de escribir. La línea temporal no encajaba con la precuela, había situaciones que hoy habría desarrollado de una manera muy diferente y, sobre todo, sentía que la historia merecía una evolución acorde con la escritora en la que me he convertido.
Por esa razón decidí reescribirla casi por completo. Encontrarán escenas que recordarán de la versión original, otras que fueron modificadas y muchas completamente nuevas. Aunque el camino cambie, la esencia de la historia permanece: un romance que nace en medio de un conflicto, personajes que tendrán que superar muchos obstáculos y momentos que quizá los hagan dudar de si realmente habrá un final feliz.
Pero ya me conocen… aquí creemos en el amor y en los finales felices.
Espero que disfruten esta nueva versión tanto como yo disfruté darle una segunda oportunidad a esta historia.
Gracias, como siempre, por acompañarme y apoyar mi trabajo 💛
El aire ya no pesaba. Aquella mañana de primavera, los jardines de la propiedad de la costa no olían a traición ni a perfumes caros comprados con mentiras; olían a jazmines frescos y a la salinidad pura del océano. No había guardias armados ocultos tras las columnas, ni un patriarca gélido vigilando cada movimiento desde un trono de soberbia. Solo había amigos, risas y el sonido suave de un cuarteto de cuerdas que tocaba una melodía que hablaba de resurrección. Yestin caminaba por el pasillo de pétalos blancos, pero esta vez no lo hacía como una novia asustada ocultando su identidad. Caminaba del brazo de Donatello, quien vestía un traje gris acero y lucía una sonrisa que le borraba las cicatrices del pasado. En sus brazos, Yestin cargaba a Aura, que ya tenía un año de vida. La pequeña, con su vestidito de encaje y sus ojos azules curiosos, balbuceaba y estiraba sus manitas hacia el hombre que la esperaba en el altar. Castiel estaba allí, pero ya no era el espectro demacrado del div
El hospital privado de la ciudad estaba sumido en un silencio clínico, roto solo por el murmullo constante de la calefacción y los pasos apresurados del personal nocturno. En la suite de maternidad, sin embargo, el aire vibraba con una intensidad eléctrica. Yestin apretaba la mano de Castiel con una fuerza que él no sabía que ella poseía, mientras el sudor perlaba su frente y su respiración se convertía en un compás de lucha y esperanza. Castiel no se había movido de su lado ni un segundo. Había rechazado la silla de cuero del rincón para permanecer de pie, sosteniéndola, siendo el ancla que ella necesitaba en medio de ese mar de dolor. Sus ojos, antes cargados de arrogancia y duda, ahora solo reflejaban una devoción infinita. —Ya casi, mi amor. Estás haciendo un trabajo increíble —susurraba Castiel, besando los nudillos de su esposa cada vez que una contracción la sacudía. Yestin soltó un jadeo final, un grito que contenía meses de angustia, de exilio y de renacimiento. Y entonces
El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas de la costa, tiñendo el cielo de un violeta profundo que se reflejaba en el mar. Para Castiel y Yestin, los últimos meses habían sido un proceso de reconstrucción, ladrillo a ladrillo, caricia a caricia. Castiel había cumplido su promesa: se había despojado de la armadura de arrogancia de los De la Rua para convertirse en el hombre que Yestin merecía. Vivían en una pequeña villa cerca de la fortaleza de Donatello, un lugar donde el lujo no se medía en mármol, sino en paz. Castiel se despertaba antes que ella cada mañana para prepararle infusiones naturales que calmaran sus náuseas tardías. Se dedicaba a enamorarla con los detalles más mínimos: una nota dejada en el espejo del baño, el aroma de las flores frescas que él mismo cultivaba en el jardín, o el simple gesto de arrodillarse cada noche para masajear sus pies hinchados y hablarle al vientre de Yestin, que ahora lucía una redondez imponente y hermosa. —Hoy se mueve mucho —susurró C
La justicia, cuando llega tarde, no solo castiga, sino que desgarra todo a su paso. Por petición expresa de Yestin, quien no quería que las manos de su padre se mancharan de más sangre ahora que un nuevo miembro de la familia estaba en camino, Donatello Armani tomó una decisión que nadie esperaba: entregó a Leonardo y a River De la Rua a las autoridades federales. No los entregó con las manos vacías. Donatello puso sobre el escritorio del fiscal una carpeta que contenía años de investigación silenciosa, grabaciones de voz, registros bancarios y testimonios que probaban que la muerte de Francisco De la Rua, el padre de Castiel, no había sido obra de la mafia, sino una ejecución interna. Lo más devastador de los documentos era la prueba de que Leonardo, el gran patriarca, siempre supo que su hijo menor era el asesino y decidió encubrirlo para "proteger el apellido". La sentencia fue rápida y contundente. El escándalo paralizó al país. River fue condenado por asesinato en primer grado


















Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.