Mónica alzó la mirada, franca y directa:—Como cualquier persona normal, sí, siento envidia de Valeria, porque obtuvo sin esfuerzo alguno a la persona que yo he amado en secreto durante doce años. Pero hay cosas que no dependen de mí.Por ejemplo, que a la Señora Castro no le agradaba Valeria.O algunas maniobras de Álvaro.O que, finalmente, ellos dos no llegaban a estar juntos, etcétera. En el fondo, no quería que fueran felices.No podía mentirles a sus amigas diciendo que estaba orgullosa y feliz por Valeria.Catalina preguntó:—Lo de que a la Señora Castro no le agrada Valeria, ¿tú lo sabías, verdad?Mónica bajó la vista.—Sí.—¿Fuiste tú quien lo filtró?Mónica respondió sin alterar el gesto:—Sí.Catalina de repente soltó una risa.—Al menos eres honesta.Mónica sonrió levemente.—Porque me importa, y por eso quiero intentar quedármelo.En ese momento, Catalina sintió de repente que, en realidad, nunca habían conocido la verdadera personalidad de Mónica. Normalmente parecía una
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