Kevin no recordaba cuánto tiempo llevaba caminando. Solo sabía que sus botas estaban cubiertas de barro, que sus manos temblaban y que su garganta ardía de tanto gritar nombres que nadie respondía. —¡Leah! Su voz se perdía entre los árboles. —¡Emily! El amanecer había llegado sin pedir permiso, tiñendo la granja de tonos pálidos, casi crueles. La neblina matinal se deslizaba sobre el pasto como un sudario, envolviendo cada rincón con una calma que resultaba insultante. Todo estaba demasiado quieto. Kevin corría de un lado a otro, revisando cada cabaña, cada galpón, cada sendero. Abría puertas con violencia, pateaba cajas, levantaba lonas, apartaba ramas. Nada. Ni una sola señal. Su corazón golpeaba contra su pecho como un animal atrapado. —Esto no puede estar pasando… —murmuró, llevándose las manos al cabello. Liliana lloraba apoyada contra una pared, Ana intentaba consolarla sin lograr contener sus propias lágrimas. Isabel, pálida como la ceniza, permanecía sentada en una
Last Updated : 2026-02-09 Read more