Así, tanto ella como Samuel lograrían su objetivo.Tras sus palabras, Elena asintió con fuerza y dijo: —Gracias por aconsejarme, Ema. Me siento mucho mejor.—No hay de qué. Las mujeres debemos ponernos primero a nosotras mismas. Nunca permitamos que un hombre se nos imponga.Ema tomó las manos de Elena con fuerza, repitiéndole una y otra vez esas ideas.Pero Elena, aún ignorante del plan de Ema y Samuel, seguía creyéndola ciegamente.Mientras tanto, al otro lado, yo ya había regresado a casa.Apenas crucé la puerta, el aroma de comida llenó mis sentidos, y vi a Camila ocupada en la cocina.—Camila, ¿otra vez cocinando?Al ver su espalda, recordé de inmediato la vez que Camila casi incendió toda la cocina. Cambié de expresión y me abalancé hacia adentro.Por suerte, esta vez la situación no era tan desastrosa como imaginaba.Al contrario, todo estaba en orden.En ese momento, Camila, al oírme entrar, se dio la vuelta y cayó directo en mis brazos.—¡Ay! ¿Cuándo entraste? ¡Qué susto!—Aca
Read more