—¡Nos vemos, profesora González!—¡Eh, esperen, chicas!Cuando Iris reaccionó, las dos jóvenes ya se habían alejado y no alcanzaba a llamarlas.—¡Qué fastidio! ¿Por qué no me lo dijo directamente?—Y con el tacón roto, no puedo caminar bien ahora...Sin más remedio, Iris, conteniendo su repulsión, se acercó al basurero donde había tirado el papelito.Ese trozo de papel parecía ser, en ese momento, su única forma de contactar a Marcos.Diez minutos después, Iris logró rescatar el papel de la basura.Agarrándose las ganas de vomitar, guardó el número de Marcos en su teléfono.Justo cuando ya no soportaba más y se disponía a lavarse las manos, una voz masculina sonó a su lado.—Profesora González, ¿qué hace usted ahí?—¿Marcos?Iris alzó la vista, llena de esperanza, pero el hombre frente a ella no era Marcos.Era Dante Guerrero, el tutor de la Facultad de Educación Física de la Universidad de Río.—¿Quién es Marcos?Al ver que su diosa gritar el nombre de otro hombre con tanto entusiasmo
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